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Leonardo da Vinci, tiempo y luz

Algunos apuntes respecto al Día Mundial del Arte

Pensar en el Día Mundial del Arte es traer a la memoria a uno de los más grandes pintores del Renacimiento italiano: Leonardo da Vinci.

De la obra de Leonardo da Vinci se ha privilegiado el estudio de “La Gioconda” y “La última cena”, dos pinturas que son referentes del arte renacentista. De igual manera, el pintor italiano es reconocido por sus aportes en diversos ámbitos, como la arquitectura y la ingeniería, así como en la ciencia.

Sin embargo, existen dos elementos poco abordados que atraviesan su obra: el tiempo y la luz.

Leonardo da Vinci, además de innovar en la creación artística, en la elaboración de sus propias pinturas para los frescos y en diversos inventos, también se concentró en convertir la obra de arte en lo eterno, ya que mencionaba que “sumir las cosas en la luz es sumirlas en el infinito”.

Aunque muchos de los pintores de la época se enfocaron en el estudio de la luz, para el pintor italiano era más un problema metafísico, una forma de expresar las vicisitudes de la vida.

Esta preocupación por la luz se conformó como la idea central en su pintura, ya que les confería a las figuras representadas una eternidad, donde el elemento mortal se fundía con la luminosidad y lo despojaba de todo lo perecedero, pues “lo bello mortal pasa y no dura”.

Su obsesión por llevar las cosas al infinito recayó en la imposibilidad de considerar terminada su obra y la necesidad de adquirir diversos conocimientos.

Leonardo da Vinci se instruyó en la anatomía y la óptica de la luz, procurando representar cada uno de los detalles faciales como en su obra “Cabezas grotescas”, donde el pintor plasma el rostro de cinco personas que a través del claroscuro logran acentuar las facciones que revelan lo grotesco de la humanidad.

De igual manera, la representación de la luz no solo se hizo presente en la figura humana, ya que el pintor creía que los seres vivos, es decir, también los animales, lograban existir entre lo divino y lo terrenal, entre la luz y la oscuridad. Uno de los ejemplos que muestran su interés por estos animales es el dibujo que el pintor realizó para el monumento Sforza, donde se percibe nítidamente el movimiento de un caballo piafante.

Si bien las obsesiones del pintor italiano por reinventar la pintura le valieron un reconocimiento mundial, sus aportaciones al pensamiento renacentista lo catalogaron como un pensador moderno para su época.

El conocimiento de diferentes disciplinas y la reinvención de las técnicas de pintura llevaron a Leonardo da Vinci a una nueva forma de concebir al ser humano, de proporcionarle la oportunidad de vivir más allá de la vejez, trascender la muerte y llevarlo a la eternidad que solo la obra de arte concede.— Gabriela Trinidad Baños para “El Macay en la cultura”

 

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