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Lo mejor que le sucedió en la vida fue aprender a leer

Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler a su llegada ayer al Círculo Bellas Artes de Madrid

Vargas Llosa dice que es un escritor “muy inseguro”

MADRID (EFE).— “Lo más importante que me ha pasado en la vida ha sido aprender a leer”, afirmó ayer el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Tenía cinco años y aquel “poder” le abrió al mundo, le permitió salir de Cochabamba, localidad boliviana donde vivía, y “viajar en el tiempo”.

“Aquello me enriqueció y, sobre todo, me hacía gozar. La lectura ha sido el gran placer de mi vida; de hecho, no hubiera resistido el confinamiento sin ese placer de la lectura”, afirmó.

El escritor recogió ayer el Premio Eñe, uno de los galardones “más humildes”, según lo calificaron Juan Miguel Hernández León, presidente del Círculo de Bellas Artes, y Alberto Anaut, presidente de PhotoEspaña y director de la editorial La Fábrica, “alma mater” del Festival Eñe.

Un encuentro de escritores, libros y lectores que este año cumple su duodécima edición de la manera más solvente de que han sido capaces, explicaron: básicamente en línea, pero con el acto de ayer en vivo, “qué menos”, dijo Hernández.

Charla

Con ese motivo, Vargas Llosa conversó ayer con el periodista español Jesús Ruiz Mantilla, director de la edición 2020 del Festival Eñe, con el asunto de fondo de la escritura sobre la utopía y la distopía.

Vargas Llosa admitió que es un escritor “muy inseguro” y cuando empieza una novela está “generalmente muy perdido en las ideas que tengo al respecto”.

“La verdad que nunca empiezo hasta que no tengo muchas fichas, esquemas de lo que quiero, que es lo único que me da seguridad”.

“A medida que avanzo me va creciendo la seguridad, poco a poco, pero al principio creo que no va a salir”.

De la realidad

También confesó que sus novelas “arrancan siempre de alguna experiencia personal que, por alguna razón para mí misteriosa, toca una fibra que dispara la imaginación y me hace crear un pequeño argumento, todas mis novelas han nacido así”.

Cuando escribe, dice, lee menos, porque es “muy organizado, muy ordenado” y está convencido de que “no se puede escribir novelas como poesía (...), exigen una disciplina y una continuidad, una asiduidad”.

Vargas Llosa reconoció la influencia de su madre en la vertiente erótica de su obra, ya que le prohibió leer el libro que ella tenía en su mesilla y que no era otro más que “20 poemas de amor y una canción desesperada”, de Pablo Neruda.

“Me prohibió, me dijo: no son poemas para un niño, y por eso fue lo primero que hice: leerlo. Recuerdo que había un verso: ‘mi cuerpo de labriego salvaje te socava y hace saltar al hijo del fin de la tierra’ que me hizo sospechar que allí había pecado”, rememoró sonriendo Vargas Llosa.

El escritor fue merecedor del Premio Eñe por su trayectoria, por su compromiso y su voz rebelde, dijo Anaut, quien además le pidió que no coloque este premio “en la misma estantería que los demás, sino en tu corazón”.

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