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Los aparatos electrónicos no son cualquier residuo

Sayda Rodríguez Gómez, directora de Desarrollo Sustentable de la Comuna

 

Cuando pases una vez más junto a la pantalla de televisión o la impresora que lleva meses en la esquina de tu cuadra a la espera de que el camión de basura se la lleve piensa en esto: están ahí no porque no quieran retirarla, sino porque no pueden hacerlo.

Los dispositivos electrónicos y los electrodomésticos son considerados por ley residuos de manejo especial y, por tanto, requieren ser recolectados y procesados en lugares diferentes de aquéllos a los que se destinan los residuos sólidos urbanos, es decir, los desechos comunes de las casas.

El ritmo de los avances tecnológicos y la práctica de la obsolescencia programada han acelerado la velocidad con que generamos esos residuos, entre los que también se incluyen teléfonos celulares, computadoras y reproductores de vídeo. Pero la difusión de su correcta disposición no ha experimentado la misma prontitud, lo que, junto con las limitadas opciones de acopio con las que cuenta la población, afecta la extensión de esta práctica.

“Una televisión bajo techo y cerrada no causa un efecto en la salud de las personas ni en el medio ambiente. Cuando la dejamos a la intemperie se moja y sus componentes electrónicos, que básicamente son metales y algunos ácidos, reaccionan entre sí. Entonces sí hay una afectación al medio ambiente por el lixiviado (líquido que se filtra a través de residuos sólidos en deterioro) de esos componentes y si hubiera contacto con la persona también habría una afectación a la salud”, explica Sayda Rodríguez Gómez, directora de la Unidad de Desarrollo Sustentable del Ayuntamiento de Mérida.

La funcionaria indica que los servicios habituales de recolección de basura, regulados por la autoridad municipal, no pueden llevárselos porque de hacerlo contaminarían los residuos domésticos y afectarían su proceso de valorización (recuperación y tratamiento).

“Los camiones y el sistema no están diseñados para eso. Es lo primero que tenemos que entender”, dice.

La Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos —promulgada en 2003— dispone que los gobiernos estatales sean los que elaboren los programas de residuos de manejo especial, autoricen las empresas encargadas de su manejo integral, e impongan sanciones y medidas de seguridad, entre otras acciones. Pero el desecho de estos aparatos como si se tratara de basura común y su colocación en la vía pública terminan por convertirlos también en problema municipal.

“El Estado tiene un plan estratégico para el manejo de estos residuos”, añade Sayda Rodríguez. “No cuenta con un espacio propio para recuperarlos, entonces autoriza a empresas para hacerlo. Estas empresas requieren la solicitud del servicio y es un servicio por el que se paga”.

“La gente en primera instancia no conoce que lo que tiene es un residuo especial y que debe pagar por ello (su recolección). Se le hace más cómodo desecharlo por el sistema de residuos sólidos, que debe ser únicamente de domiciliarios”, precisa. “Ahí se agrava el problema para el municipio, porque si no se recolectan estos residuos terminan en la esquina, en el camellón o en un tiradero ilegal”.

“Estamos en contacto con la instancia estatal a cargo, la Seduma, para compartir responsabilidades y generar un acuerdo en el manejo. El municipio apoya los esfuerzos que hacen tanto empresas como organizaciones e incluso eventos, como el Reciclatón”, que se realizará nuevamente en mayo en el marco de la Expo Foro Ambiental.

La Comuna ha habilitado centros de acopio de equipos electrónicos, sin embargo actualmente no hay ninguno en funcionamiento (en la web de la Unidad de Desarrollo Sustentable se muestran dos sitios, pero la dependencia aclara que por ahora no están operando). Sí están activos los de acopio de pilas alcalinas y de botón, ubicados por toda la ciudad.

La Seduma, por su parte, ha firmado convenios con el Ayuntamiento y una empresa de telefonía celular para instalar contenedores de acopio de pilas y celulares en varios puntos del Estado. En la sección dedicada a los residuos en la web de la Seduma se ofrece una descripción de éstos, pero no se precisa el nombre de las compañías autorizadas para la recolección de los especiales. Al solicitar la información a la dependencia, se indicó que a las oficinas de ésta, en la calle 64 con 53 del Centro, se pueden llevar los televisores desechados.

La plataforma digital Junta, Entrega y Recicla (JER) ofrece a ciudadanos y empresas de todo México el servicio de acopio, reúso y reciclaje de artículos electrónicos y otro tipo de residuos, por el que se paga una cuota. Según explica en su sitio (www.juntaentregayrecicla. com.mx), hace que los productos “lleguen directamente a los centros de reciclaje autorizados y ONG”.

La sociedad, dice Sayda Rodríguez, podría colaborar al “conocer que estos residuos hay que manejarlos de una forma especial, si está en sus posibilidades contactar a las empresas (certificadas para su manejo); es cuestión de investigar un poco”.

En las manos autorizadas, añade, los electrónicos (que es “todo aparato que tenga una tarjeta”) son abiertos y sus componentes separados y canalizados para su reciclaje. Los electrodomésticos que no son “inteligentes” también requieren un manejo especial pues “no se puede hacer su separación en el relleno sanitario porque no es un residuo domiciliario común”.

Yucatán, continúa, tiene un suelo kárstico (la roca caliza se disuelve en presencia de agua y dióxido de carbono), en el que “todo lo que tiramos se absorbe de forma muy rápida”.

“Podríamos tener vetas de mantos contaminados con metales que pueden acidificar el suelo y afectar a lo que ahí pudiera crecer”.

“Muchos metales son bioacumulables. Por el contacto crónico con esos residuos sí habría una acumulación de metales pesados en el cuerpo humano, los animales y las plantas”.— Valentina Boeta Madera

 

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