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Los asteroides, una amenaza latente para la Tierra

Foto: Megamedia

Rozará uno de ellos el planeta el 2 de noviembre

La trama de la película “Impacto profundo” (1998), en que una misión estadounidense trata de desviar un asteroide en ruta hacia la Tierra, es ficción y entretenimiento, pero la amenaza que imagina no está alejada de la realidad.

El lunes 2 de noviembre próximo un asteroide del tamaño de un refrigerador tendrá su máximo acercamiento a nuestro planeta, con el que podría chocar, aunque el astrofísico y celebridad mediática Neil deGrasse Tyson tiene palabras tranquilizadoras: si se produce la colisión lo más probable es que el visitante se desintegre en la atmósfera antes de llegar a la superficie.

La NASA calcula que la probabilidad de que el objeto celeste, identificado como 2018VP1 y que sigue una trayectoria incierta, impacte contra la Tierra es del 0.41%, según le cita un despacho de la agencia de noticias EFE.

Es el más reciente caso de un asteroide que viaja lo suficientemente cerca de nuestro planeta como para motivar a los científicos a prestar estrecha atención a su trayectoria. Después de todo, hace 65 millones de años uno encontró el camino a la Tierra y cambió el curso de la Historia.

Por objetos como 2018VP1 la NASA creó en enero de 2016 la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria que, de acuerdo con la propia agencia de aeronáutica y del espacio, tiene como elemento clave el Programa de Observaciones de Objeto Cercano a la Tierra (NEO, por sus siglas en inglés). Este último es incluso anterior a la Oficina, pues comenzó a operar en 1998, aunque la NASA estudia esos objetos desde la década de 1970.

El programa se enfoca en encontrar, monitorear y clasificar asteroides de más de 140 metros cuyas órbitas cruzarán el vecindario terrestre. Esto, de acuerdo con información de la agencia, porque “representan para la Tierra un riesgo de gran preocupación debido al nivel de devastación que podría causar el impacto”.

Seguros en un siglo

La NASA no quiere alarmar, porque “ningún asteroide conocido mayor a 140 metros tiene una posibilidad significativa de chocar con la Tierra en los próximos 100 años”; sin embargo, admite que “menos de la mitad de los 25,000 asteroides de 140 metros y mayores que se calcula existen se ha encontrado hasta la fecha”.

En esta tarea se cuenta con el apoyo del Centro de Planetas Menores, organismo del Observatorio Astrofísico Smithsoniano con sede en Cambridge, Massachusetts, que almacena información de observadores de todo el mundo sobre órbitas de cuerpos espaciales pequeños.

El Centro, auspiciado por la Unión Astronómica Internacional, reporta los NEOs hallados para que se hagan identificaciones y simulaciones. Las posiciones registradas son utilizadas por el Centro de Estudios de Objeto Cercano a la Tierra —que forma parte del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA— para determinar trayectorias de órbita de alta precisión, analizar posibles rutas que pongan en riesgo a nuestro planeta y advertir del peligro de un impacto.

De acuerdo con la NASA, el choque de un cuerpo celeste mayor a 140 metros tendría efectos regionales; con objetos más grandes las consecuencias serían globales.

La agencia recuerda que continuamente caen asteroides a la Tierra en un proceso natural. Algunos han originado bólidos, como el de 17 metros que explotó en 2013 sobre Chelyabinsk, Rusia, aunque la frecuencia de estos casos es solo uno o dos en un siglo.

Con objetos mayores no se prevé una colisión de riesgo en los próximos cien años. La amenaza más grande la representa el asteroide 2009 FD, que tiene una entre 714 probabilidades de caer en 2185.

Desintegrar un asteroide amenazante para la Tierra es algo que la NASA no ve posible de realizar en los minutos u horas anteriores al impacto, ante la inexistencia de armamento conocido que sea capaz de hacerlo y la velocidad con que viajan los cuerpos celestes.

Por esa razón, sus apuestas están en desviarlo. El método más tecnológicamente viable que considera la NASA es el bombardeo cinético, por el que una nave se lanzaría a varios miles de kilómetros por segundo contra el objeto a fin de alterar su órbita. Esta opción se va a probar en 2022 con una misión en el asteroide Didymos.

El último recurso, sobre todo si se dispone de poco tiempo para afrontar la amenaza o ésta es muy grande, sería hacer estallar un aparato nuclear a unos cientos de metros sobre el objeto. La energía emitida, principalmente en forma de rayos X, llegaría instantáneamente a la superficie del asteroide, donde el calentamiento y la evaporación librarían material al espacio. Estas transformaciones en el asteroide cambiarían su trayectoria.

La NASA matiza que toda “misión de mitigación de impacto” dependerá de las circunstancias específicas de la amenaza: órbita, composición, grosor, probabilidad de impacto y locación.— Valentina Boeta Madera

En Bennu

La sonda Osiris-Rex recolectó material “más que suficiente” en su incursión en el asteroide Bennu, el martes 20 pasado.

“Operación botón”

La cantidad es tal que algunas partículas están escapando porque el compartimiento de muestras no ha cerrado bien.

Procedimiento

La sonda tocó la superficie de Bennu con su brazo robótico por seis segundos y empujó 2 cm en el terreno, aplastando una roca grande. Un segundo después lanzó nitrógeno presurizado para generar un remolino de escombros y recolectar la mayor cantidad posible de guijarros.

Atrévete a perder: participantes cumplen su primer reto