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Los posregionalismos en el arte local

Los años 80 y 90 del siglo pasado, lejos de lo global

El Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán abrió sus puertas en 1994. La década precedente (los ochentas) y los mismos años noventas fueron escenario de una serie de hechos y circunstancias que marcaron un período determinado de la expresión artística en Yucatán. Este lapso y sus protagonistas fue el tema del conversatorio “Posregionalismos” que se celebró el viernes 21 de junio en la galería principal del Teatro Peón Contreras, enmarcado por las obras de la exposición homónima que se inauguró allí mismo, en la Noche Blanca del 18 de mayo.

Participaron Eduardo Arco, Alberto Urzaiz, Teresa Loret (la única mujer de la mesa), Jorge Cortés Ancona, Gildo González, Alonso Gutiérrez y el director del Museo Fernando García Ponce-Macay, Rafael Pérez y Pérez, convocados por el curador de la exposición y moderador del panel, Alberto Arceo.

En esta ocasión, la dinámica de la actividad fue precisamente conocer la visión particular de cada invitado y los puntos de convergencia y divergencia sobre la pintura realizada en Yucatán en los años 80 y 90, época en la cual la mirada global se contemplaba muy remota y el acceso a la información y tendencias nacionales e internacionales todavía estaba, aunque ahora nos sorprenda, muy constreñida a los materiales a los que se tenía acceso en el medio local y a la búsqueda particular —como señaló Jorge Cortés—, por interés específico y pesquisa particular, de lo que en otros lugares sucedía y se generaba.

Época también —opinó Cortés— de transición, evolución de estilos y géneros con mayor influencia de las vanguardias, nuevos lenguajes en la expresión figurativa, de obra censurada y nuevas oportunidades en medios de comunicación, así como de una mirada con mayor entusiasmo por lo nuevo y cuando, a diferencia de ahora, “cada exposición era todo un acontecimiento”.

En el conversatorio se coincidió en la relevancia de Gabriel Ramírez Aznar, uno de los yucatecos de la generación de la Ruptura, quien ya de vuelta a Mérida en ese entonces influyó determinantemente en el desarrollo de la abstracción pictórica local.

Uno de los exponentes de esta corriente, a la que llegó en su camino después de algunas indagaciones en la figuración y de conocer obra contemporánea en la ciudad de México y el extranjero, es Alberto Urzaiz, quien destacó que de los tres grandes referentes del arte yucateco (Castro Pacheco, García Ponce y el ya mencionado Gabriel Ramírez) los dos últimos se expresaban precisamente en la abstracción. Sin embargo, opinó, en el entorno local “… siempre fuimos minoría”.

Tema de hoy y de siempre, el desarrollo de la mujer dos décadas atrás, sus dificultades y retos —cuando la creación artística se ejerce de manera muy distinta a la entendida como “ornato femenino”— fue el eje del comentario de Teresa Loret, quien subrayó cómo todavía en tiempos finiseculares, hace un poco más de veinte años, la mujer artista no era percibida por las mayorías como una profesional de su quehacer creador. Su presencia de única participante en un panel con siete señores fue quizá también un espejo del tiempo que le tocó vivir.

Otro tema de convergencia fue la relevancia de “Abril, mes de la fotografía”, convocatoria internacional de fotógrafos que encontró en Mérida una sede generosa desde la cual se pudo incidir en la conciencia colectiva por el reconocimiento de la fotografía como una actividad creadora y artística, más allá de su función documental o de registro. Uno de sus promotores, presente en el conversatorio y quien habló sobre este afortunado proyecto artístico, fue Eduardo Arco.

Sobre el término “Posregionalismo” que dio título a la muestra, disintió el director del Museo Fernando García Ponce. “Necesariamente esto remitiría a la existencia de un ‘regionalismo’”, señaló. Pérez y Pérez recordó otros momentos históricos relativamente recientes marcados por circunstancias y acontecimientos específicos (apertura del Cedart y de la Pinacoteca, o la que llamó la “diáspora cubana” de artistas que colaboraron estrechamente con la galería de Manolo Rivero).

La transformación paulatina del arte yucateco fue abordada por Gildo González, quien partió de la existencia de varias circunstancias: desconcierto, discrepancia e inestabilidad, particularmente esta última, como la que marcó la vida y el trabajo de los artistas visuales de esos tiempos.

Sin embargo, señaló, los creadores que produjeron en esta parte de la República Mexicana, en respuesta a la necesidad de expresarse en su tiempo, experimentaron importantes procesos de cambio en el modo de producir y crear.

En tiempos de profundas carencias de espacios de exposición, una de las grandes referencias es la galería Akil, que abrió el maestro Alonso Gutiérrez con otros artistas. Durante su intervención, Alonso recordó los esfuerzos de la comunidad artística para la venta, distribución y exhibición de la obra y de las estrategias a las que recurrieron para procurarse un incipiente mercado. Otras galerías, “bodegas” artísticas y hasta una especie de préstamo o alquiler de obra fueron algunos de los proyectos que se pusieron en marcha, de mano de los mismos creadores. El ejercicio de los conversatorios —denominación ulterior para los coloquios o encuentros en los que se diserta y discute sobre temas diversos— no es muy frecuente en Yucatán en los temas relacionados con las artes visuales, de manera que su práctica, que siempre agradecemos, resulta enriquecedora y fructífera para todos, participantes y asistentes. Sobre el conversatorio de ese viernes queda tarea pendiente: ahondar en tantos tópicos que se asentaron sobre la mesa, continuar la discusión sobre términos vigentes o plausibles, recuperar memoria perdida, descolonizar identidades…— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

 

“… Hace un poco más de veinte años, la mujer artista no era percibida por las mayorías como una profesional de su quehacer creador…”

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