in

Más allá de las palabras

A la izquierda

El uso de cubrebocas y caretas y las medidas de distanciamiento social, necesarios para controlar la pandemia, son barreras a superar en la comunicación interpersonal

Si crees que en la “nueva normalidad” a las conversaciones con familiares, amigos o compañeros de trabajo les está faltando algo es porque, en efecto, hay algo que ha desaparecido de la comunicación.

Son los elementos no verbales, aquellos movimientos, sonidos y proximidad física que amplían los mensajes expresados con palabras y que están siendo afectados por el uso de cubrebocas y caretas y las medidas de distanciamiento social.

A las sonrisas y miradas, entre otros gestos que validan lo que se dice con el habla, se les han puesto barreras en los rostros de la gente que se protege del contagio del nuevo coronavirus. Esto “obligará a que las dimensiones de lo no verbal vayan variando para podernos comunicar del modo más semejante posible a lo habitual: hacer uso de mayor gestualidad corporal, acompañar los dichos con los ademanes de las manos, los brazos, la postura”, explica Virginia Cristina Carrillo Rodríguez, maestra en Cultura y Literatura y profesora del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la UNAM.

La comunicación no verbal es una característica del habla, facultad “que no tiene otra especie en el mundo”, recuerda. “La lengua surge como una tecnología social, propia de lo humano, que implica la voz y va acompañada de la manifestación física, de ciertas expresiones voluntarias o involuntarias que amplían los mensajes”.

Los elementos no verbales pueden ser de tipo kinésico, proxémico y paralingüístico. La maestra Carrillo Rodríguez, editora de “Península”, revista científica del Cephcis, explica que la kinesia abarca “todo lo que tiene que ver con gestualidad: ademanes, expresiones de la boca, la mirada”, es decir, “el movimiento que acompaña a la comunicación, ya sea que la afirme o la desmienta, que la valide de alguna manera”.

“Cuando nos comunicamos escuchamos el dicho del otro, pero también leemos su gestualidad”, indica.

“Una sonrisa que acompaña a una expresión verbal difícilmente puede ser leída por el interlocutor si se tiene un cubrebocas y, además, una careta”.

La proxemia se refiere a la distancia de interacción en un mismo espacio y va de lo íntimo a lo público. “No es la misma distancia que mantenemos en un mercado que en el nivel íntimo de la familia. La cercanía y la lejanía física también comunican. También esto se ve muy afectado por las medidas de cautela con la pandemia”, dice la profesora.

Regulación

“La presencia en un mismo espacio de varias personas se está regulando de otra manera. Ya no se puede tener en un espacio habitual de la sociedad, por ejemplo un salón de clases, el mismo número de personas que antes de la pandemia. La obligación de que mantengamos una distancia de metro y medio entre personas también afecta la comunicación”.

A la paralingüística corresponden los elementos sonoros, como el tono de voz, el volumen y las expresiones involuntarias, que acompañan al habla.

Aunque no reemplazan por completo a los elementos de la comunicación copresencial, algunos recursos de la tecnología digital permiten “de alguna manera expresar aquello que es de carácter no verbal en nuestra interacción cotidiana”, añade la maestra Carrillo Rodríguez.

“Un ejemplo son los emoticones en la comunicación escrita a través de los dispositivos digitales. La carita de enojo, la manita de aprobación, eso sustituye la presencia corpórea de los que interactúan”.

Si escuchar la radio estimula la imaginación al crearnos imágenes mentales a partir de la voz, ¿podría la comunicación entre personas con rostros velados tener el mismo efecto? La maestra Carrillo Rodríguez piensa que es posible que, “dadas las nuevas circunstancias, le demos mayor atención a la voz, que es lo que ocurre con la radio”.

Sin embargo, a diferencia de la comunicación interpersonal, la que se entabla por la radio “es de carácter masivo, vertical, y coloca en lugares distintos a los emisores y a los receptores”.

“El contrato de comunicación con la radio exige del oyente atención a los sonidos, lo que, sobre todo en los últimos tiempos, resulta de cierta comodidad, porque la radio es en muchas ocasiones compañía de otras actividades: escucho la radio mientras conduzco, mientras voy en el transporte público, mientras hago labores en la casa o incluso en el trabajo remunerado”, apunta.

¿Y qué hay de actividades como la enseñanza o el teatro, cuyos contenidos se comunican no solo con palabras sino también con gestualidad y proximidad física? “Todo eso sobrevivirá, pero encontrará modos distintos de ejecutarse”, afirma la maestra Carrillo Rodríguez.

Consecuencias

“La pandemia todavía es muy reciente, pero dejará consecuencias de largo plazo o definitivas, y esos ámbitos de la vida social tendrán que adaptarse, hacer uso de las tecnologías que seguramente surgirán y permitirán que sigan adelante”.

“Se ha resuelto de modo parcial en la educación a partir de la tecnología electrónica, que también tiene sus problemas y limitaciones y no es equivalente al cien por ciento a la enseñanza en un mismo espacio físico”, advierte. “Pero como sociedad iremos encontrando la solución para que persistan estas actividades. El teatro, las actividades que comúnmente se realizan en el espacio público encontrarán otras reglas para ejecutarse”.

Y ya que los cubrebocas, las caretas y el distanciamiento social son necesarios para proteger la salud en las actuales condiciones, la profesora considera que “es posible que esta nueva realidad implique que utilicemos de modo distinto las dimensiones no verbales de la comunicación: haciendo énfasis en la gestualidad a partir de las manos y los brazos, el volumen de la voz...”.

Hay que “buscar la manera de realizar esta interacción superando las limitaciones que implica llevar el rostro velado; es posible que la tecnología de la lengua se tenga que acompañar de otros recursos para comunicar a nivel corpóreo”.

La maestra Carrillo Rodríguez agrega que, como sociedad, se debe pensar en la adaptación a los cambios, “esto ha ocurrido siempre y no tiene que ser la excepción ahora”.

“Aunque haya un período de adaptación que puede resultar difícil, incómodo, extraño, iremos encontrando las formas de mantener nuestras interacciones, vida social, las actividades con las que vivimos, por encima de las limitaciones, siendo rostros velados en el espacio público”.— Valentina Boeta Madera

De un vistazo

Complementos

Una investigación de la Universidad McMaster en Hamilton, Canadá, encontró que los cubrebocas y la sana distancia ayudan a controlar la transmisión del coronavirus, pero el lavado de manos y otras medidas siguen siendo necesarios.

En los ojos

También puede ayudar usar lentes comunes o anteojos de protección.

Fuente: AP

Condenado por robos

Cancelación de eventos: La Noche Blanca, Bici-Ruta, Mérida en Domingo...