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''Me dijeron ‘yo no te leo más’''

La escritora argentina Claudia Piñeiro

Por “Catedrales” Claudia Piñeiro sufrió amenazas

Claudia Piñeiro se topó con un problema cuando comenzó a escribir el libro “Catedrales”. Ninguna voz le satisfacía. Ana no tiene voz porque está muerta, quemada y descuartizada, y le parecía un facilismo, como escritor y como lector, “regresarla a la vida” para que explicara todo.

“Una de las primeras decisiones que tomas al escribir algo es quién va a contar la historia, pero yo no sabía quién era el mejor”, confiesa Claudia (Premio Alfaguara 2005 por “Las viudas de los jueves”) en entrevista telefónica con el Diario, desde Argentina.

Finalmente se dio cuenta de que todos los personajes tenían que hablar, que la novela tenía que tener distintas voces, diferentes puntos de vista, porque además ella quería obligar al personaje en turno a tomar conciencia de su grado de responsabilidad en el asesinato de Ana “como pasa con cualquier crimen, cada sociedad genera y acepta cierto tipo de violencia”.

La escritora presentó “Catedrales” —cuyo título es un homenaje a Carver, aunque aquí se cuestionan las catedrales construidas y las que cada quien construye para sí mismo— en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey), cuya virtualidad le permitió conectarse para hablar de esta novela policial que va más allá del género.

¿Un día te sentaste y dijiste “voy a escribir una novela policiaca” o cómo te adentraste en este género?

No, yo hago novelas, alguien dijo que lo que yo hacía era novela negra porque está el enigma, la muerte, la búsqueda de la verdad, pero lo que escribo no es solo eso, también hay otras cosas, “Catedrales” más bien es una novela familiar, una en capas. No es la clásica novela policial porque yo no invento el género policial sino al lector policial, la novela policial clásica responde al quién y porqué, pero para mí son importantes otras preguntas, como qué le pasó (en este caso a Ana) y por qué nadie puede llegar a la verdad.

“Catedrales” se publicó tres semanas antes de que comenzara en Argentina el confinamiento por la pandemia de Covid-19, así que mucha gente lo leyó en su encierro y tuvo tiempo de sobra para comunicarse con su autora e intercambiar opiniones sobre el libro. Pero no todos los mensajes eran buenos, porque al ser un libro que cuestiona la religión y la familia, y que toca el tema del aborto y el ateísmo, no faltó quien incluso amenazara de muerte a la autora.

“Me mandaban mensajes de odio, imágenes de fetos ensangrentados”.

Hubo personas mayores que le dijeron “yo no te leo más”, pero comenzaron a leerla los jóvenes, incluso una chica compró su libro porque “ella nos ha ayudado mucho”, dijo sobre Claudia, que además de escritora es activista por los derechos de las mujeres.

¿Sientes un compromiso en tu literatura por hablar del aborto, del feminicidio, crees que deben los escritores hablar de temas actuales para mover conciencias o cambiar la realidad?

Cada escritor tendrá que decidir lo que le parezca mejor, cada quien debe elegir su propia batalla, pero no hay que olvidar que somos referentes, entendemos el discurso falaz y la manipulación y nosotros tenemos la posibilidad de poner la palabra al servicio del otro. Tampoco es fácil meterse en todas las causas posibles.

En una ocasión dijiste que “las cosas cambian cuando algo te incomoda”, ¿tu intención era incomodar cuestionando a la familia y la religión para lograr que algo cambie?

Hay que poner las cosas en discusión si te sientes incómodo, por ejemplo no creo en eso de que “no hay que decir nada porque es familia”, si te sientes incómodo con algo tienes que revisar por qué.

También dijiste que es inevitable que se filtre la ideología del escritor cuando escribe, ¿te pasó con esta novela, como atea y feminista?

Uno tiene que tratar que cada uno de los personajes tenga su propia forma de pensar, no maniquear, comprender a los que no te gustan aunque nunca tomarías café con ellos.

¿Lo más difícil de esta novela fue que eran diferentes voces?

Sí, tenía que tratar que no fueran la misma, sino que sonaran diferentes, sobre todo Marcela (la mejor amiga de Ana) y su falta de memoria. Ella sabe y habla pero nadie la escucha, ella es todo lo que la sociedad no quiere ver. Y es la mejor amiga de Ana, ese vínculo de amistad lo podemos ver ahora en el movimiento (feminista), contar una mujer que te va a ayudar y no te va a juzgar. Hay mujeres de mi edad que por primera vez pueden decir, después de treinta años, “me hice un aborto”, guardaron el secreto treinta años porque antes podías ir presa por eso en Argentina... El movimiento feminista ha revelado agresión, opresión, maltrato, crímenes y antes nadie decía nada. Todo va a llegar a un equilibrio, vamos a poder leer o no leer lo que no nos guste. Por ejemplo, Neruda narró en “Confieso que he vivido” cómo violó a una empleada cuando era embajador. El poder lo tenía él y lo cuenta como algo normal, y lo leemos sin pensar, nos tendríamos que espantar, mirar con ojos críticos...

Dices que las dos principales instituciones, la familia y la Iglesia, solapan la violencia de género, que termina en feminicidios como el de Ana, ¿qué tendría que cambiar en ellas para que dejara de ocurrir?

Los varones son los que hacen las religiones, no el profeta, la autoridad es la que decide lo que acomoda o conviene. La Iglesia católica ha perdido muchos adeptos que se han ido al evangelismo, que ha crecido mucho, y no precisamente es una Iglesia cercana a los derechos de las mujeres. La gran mayoría de las religiones tiene una agenda conservadora y las alianzas políticas la comparten. En cuanto a las familias, falta educación sexual.

Claudia Piñeiro actualmente trabaja en el guión de del thriller dramático “El reino”, que estrenará Netflix próximamente, y trabaja en otra novela. “Es bueno estar ocupada en la pandemia”.— Patricia Garma Montes de Oca

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