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Mensaje con motivo del 53º aniversario acerdotal

Siempre los aniversarios se celebran porque son un índice de fidelidad, permanencia y estabilidad. Esto sucede en todas las instituciones que las personas -contando con la gracia y bendición de nuestro Padre Dios-, llevan adelante. Esto mismo sucede con los aniversarios, en la enorme gracia de vivir y por mi parte agradecer 53 años de Ordenación Sacerdotal.

Breve recuerdo histórico: Estábamos estudiando en el Colegio Pio Latino y en la Universidad Gregoriana, ambas instituciones están en Roma y son llevadas adelante con gran competencia por los Padres Jesuitas. El rector del Colegio Pio Latino un día nos llamó a todos los que en ese curso escolar terminábamos 4º de Teología -exigencia indispensable y habitual- para que un joven pueda ser admitido a la Ordenación Sacerdotal, y nos informó que el Santo Padre, Paulo VI llevará a cabo Ordenaciones Sacerdotales en la Basílica de San Pedro a todos los que estén preparados y cuenten con la aprobación y permiso de su respectivo obispo. Estaba junto en el grupo que terminábamos y solicité su aprobación a mi propio obispo, Don Salvador Quesada Limón, y me lo concedió. De manera que el 3 de Julio en la Basílica de San Pedro, tuve el gran regalo de Dios de ser ordenado sacerdote por el Santo Padre (ahora San Paulo VI).

Tuve además la dicha de que mis papás, mi hermana y mi cuñado me acompañaran en esa fecha, y el 6 de Julio de 1966, nos recibiera en audiencia privada el Santo Padre. Así que son unos recuerdos extraordinarios por los que uno da infinitas gracias a la Providencia misericordiosa de nuestro Padre Dios.

Así se inició mi experiencia sacerdotal de la relación con Jesús, como su ministro y representante. Se inauguró así un tiempo especial de gracia, Cristo nos comunica su sacerdocio, nos hace partícipes del propio ministerio, nos añade al número de sus apóstoles y mensajeros, para llevar la Buena Nueva del Evangelio a todas las personas de buena voluntad que abran su corazón para recibirla.

De hecho, en la Teología se dice: “El sacerdote es otro Cristo” porque consagra la Eucaristía, absuelve y bendice siempre usando en el lenguaje la primera persona: “Esto es mi Cuerpo…”, “Esta es mi Sangre…”, “Yo te absuelvo de tus pecados…”.

Siempre la vocación sacerdotal será un misterio de amor en la comunión presbiteral y eclesial y en la misión de llevar la Buena Nueva de Cristo, Nuestro Señor.

Como bien dice el Santo Padre San Juan Pablo II: “El sacerdote en cuanto representa a Cristo, cabeza, pastor y esposo de la Iglesia, se sitúa no solo en la Iglesia, sino también al frente de la Iglesia (n. 6 PDV). Por ello debemos vivir siguiendo la recomendación de San Pablo: “Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti” (2 Tim 1, 6).

Cada día debe de ser un sí al llamado de amor de Cristo: “Vayan por todo el mundo, prediquen el Evangelio” (Mc 16, 20). Un sí alegre, generoso, confiado, decidido.

La generosa fidelidad al amor de Cristo y la respuesta de consagración de toda la vida hace mucho bien al sacerdote en su reconstitución personal y a la comunidad que palpa así su testimonio eclesial, en la entrega y fidelidad a su amor y al servicio.

Agradezco a mis familiares, colaboradores y amigos, su afecto, apoyo, aliento y comprensión. Que por favor sigan orando por un servidor que es el mejor regalo que pueden darme.

Para que, con grande alegría interior, pueda llenarme de gratitud a Cristo por su invitación, al Espíritu Santo por sus gracias e inspiración, a la Santísima Virgen y San José por su bendición. Valoro y aprecio a mis familiares por su cercanía incondicional en todas circunstancias y a los amigos y colaboradores porque con ustedes, apoyado/ayudado por ustedes le han dado impulso y eficiencia a mi ministerio sacerdotal.

Gracias a Dios, gracias a todos.

Con mi afecto, gozo, gratitud y bendición.

+ Emilio Carlos Berlie Belaunzarán; Arzobispo Emérito de Yucatán


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