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Miguel Barbachano Ponce, yucateco que dejó destacado legado en el cine nacional

Miguel Barbachano Ponce en Europa
Miguel Barbachano Ponce en Europa

El 12 de mayo, a los 90 años, falleció en Ciudad de México el yucateco Miguel Barbachano Ponce, pionero del cine independiente y del cortometraje en el país y destacado guionista y crítico cinematográfico, escritor, cuentista, periodista y académico.

Miguel, con su hermano Manuel Barbachano Ponce, distinguido productor de cine, impulsó la filmación de películas mexicanas de calidad y la carrera de numerosos actores, directores y guionistas a partir de 1955 y hasta poco antes de morir.

Miguel Barbachano Ponce
Miguel Barbachano Ponce

Ambos, además, produjeron los dos noticieros cinematográficos más vistos en el país durante décadas: Cine Verdad y Tele Revista, donde participó, en este último, como protagonista principal, el actor y cómico yucateco Humberto Cauich.

Maestro de cine en la UNAM

Miguel Barbachano se destacó también por su labor como historiador, crítico y maestro de cine en la UNAM, donde impartió clases durante 30 años.

Trabajó de cerca y mantuvo una estrecha relación con el italiano Cesare Zavattini, uno de los creadores del neorrealismo en el cine y autor del guión de la película El ladrón de bicicletas, dirigida por Vittorio De Sica.

Asimismo, fue parte del grupo de intelectuales y artistas integrado, entre otros, por Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Juan y Fernando García Ponce, que destacaron en la literatura y la pintura en los años sesentas y setentas.

Él mismo sobresalió como escritor con su novela El Diario de José Toledo, la primera en la literatura mexicana en abordar el tema de la homosexualidad.

Miguel Barbachano nació en Mérida en una casa de la García Ginerés el 12 de mayo de 1930, casualmente la misma fecha en que murió 90 años después.

Fue el tercer hijo de Manuel Barbachano Bolio e Isabel de las Mercedes Ponce Vidiella y bisnieto de Manuel Barbachano y Tarrazo, poeta y escritor costumbrista.

Infancia feliz, pero enfermiza

En Mérida vivió una infancia feliz pero enfermiza por su condición de asmático de nacimiento. Para enfrentar ese padecimiento, su familia lo alimentó con leche de cabra, como marcaban las costumbres de la época.

A la izquierda Miguel Barbachano Ponce, en medio su hermano Manuel y con ellos una persona no identificada
A la izquierda Miguel Barbachano Ponce, en medio su hermano Manuel y con ellos una persona no identificada

Esos años fueron de estrecha relación con su nana yucateca, Demetria, a quien recordaría siempre, según relata la hija de Miguel, Lilia Barbachano Osorio, consultada por Central 9, la Unidad de Investigación Periodística de Grupo Megamedia, para la redacción de este texto.

Sus dos primeros años de primaria los estudió en el Colegio Champagñat, de los Maristas, en La Habana, Cuba.

En un libro que escribió, llamado Las Fiestas de Memoria, aún inédito, Miguel Barbachano recuerda esos años así: "Haber salido de Mérida de un contexto muy resguardado, muy familiar y haber pasado a una ciudad tan abierta como era La Habana, en ese tiempo, me provocaron una desubicación y un gran trauma de infancia”.

Por salud lo llevan a la ciudad de México

Cuando cumplió nueve años, como consecuencia de su enfermedad y por recomendación médica, los padres de Miguel decidieron trasladar la residencia familiar a Ciudad de México, incluyendo a sus hermanos Manuel y Jorge.

Con el tiempo los Barbachano Ponce se integraron a lo que Lilia llama "una comunidad yucateca en México, que se frecuentaba y se apoyaba en una especie de exilio, de migración voluntaria".

Miguel Barbachano Ponce en la ciudad de México con una persona no identificada
Miguel Barbachano Ponce en la ciudad de México con una persona no identificada

Es en esa comunidad donde Miguel consolida la amistad con sus paisanos los hermanos Juan y Fernando García Ponce, que después destacarían en los campos de la literatura y la pintura, respectivamente.

"Con ellos mantuvo una relación de intereses comunes y de intercambio intelectual muy afín. Viajaron juntos a Europa en barco, en su juventud, y compartieron los mismos círculos intelectuales de Ciudad de México", dice Lilia.

"Fernando pintó un retrato de mi padre cuando iniciaba su trabajo como artista y se frecuentaban todo el tiempo hasta la muerte de Juan en 2003".

Sus inquietudes intelectuales llevaron a Miguel a estudiar dos carreras en la UNAM: Leyes y Filosofía, pero no ejerció ninguna.

Empieza la aventura por el cine mexicano

Apenas las terminó, inició una fructífera relación con su hermano Manuel por los caminos del cine mexicano.

Estos caminos empezaron en 1955 con la producción de Cine Verdad, un noticiero cultural, semanal, estructurado a través de cortometrajes o documentales con una duración de 15 a 20 minutos sobre temas de la cultura nacional.

El noticiero se transmitía en las salas de cine antes del inicio de la película o en el intermedio y duró hasta 1974.

"Cine Verdad, con mi padre como director, ofrecía información cultural en un formato de reportaje con notas cinematográficas, siguiendo la idea de dar a conocer el patrimonio cultural de México a los mexicanos", señala Lilia.

El noticiero, que se estrenaba cada semana simultáneamente en varias salas de cine, tenía una sección llamada "Así trabaja México", que mostraba cómo eran los campos azucareros, la recolección de plátano, de vainilla, el trabajo de los petroleros, etcétera.

Cine Verdad contó con la colaboración para su realización de un nutrido grupo de intelectuales, entre los que estaban personalidades como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Julieta Campos, Tomás Segovia, José de la Colina y los yucatecos Raúl Renán y Fernando Espejo Méndez, este último encargado de la redacción de las notas de arte y ciencia.

Tele Revista, con temas más ligeros

En 1956, casi en forma simultánea a Cine Verdad, los hermanos Barbachano Ponce ponen en marcha otro noticiero del mismo corte, pero con temas más ligeros: Tele Revista.

A la izquierda Miguel Barbachano acompañado de su esposa Lilia Osorio, Juan García Ponce, Conchita de la Serna y Héctor Mendoza
A la izquierda Miguel Barbachano acompañado de su esposa Lilia Osorio, Juan García Ponce, Conchita de la Serna y Héctor Mendoza

Esta era una revista informativa, semanal, con siete secciones. Tres de ellas eran cómicas y el resto abordaba temas de modas, toros, fútbol, lucha libre, box, pelea de gallos, etcétera.

Según Lilia, "originalmente se iba a llamar Cine Revista, por su formato cinematográfico, pero Emilio Azcárraga Vidaurreta, a quien le acababan de otorgar la concesión del canal 2 de televisión y era dueño también del Cine Arcadia, le sugirió a Manuel Barbachano cambiarle el nombre a Tele Revista.

La sección cómica tenía mucho éxito. La máxima estrella era Humberto Cauich, quien interpretaba un personaje de yucateco ingenuo. También aparecían otras figuras como Cuco Pelucho y Silvio Pinole.

"Por la difusión de este material, que era semanal en el primer y segundo circuito cinematográfico -su exhibición podría durar hasta tres años- el personaje de Cauich, que hablaba 'aporreado', con los modismos de la región, se convirtió en un estereotipo del yucateco en todo el país".

Produce las películas Chistelandia

El éxito fue tal que Manuel Barbachano produjo luego Chistelandia uno y dos, películas que recopilan los mejores chistes de Tele Revista, con la actuación del propio Cauich y de Pancho Córdova, Ramiro Gamboa, el "Tío Gamboín", Eulalio González "Piporro", Jorge Arvizu "El tata" y Javier López "Chabelo", entre otros.

De acuerdo con Lilia, de la muy buscada sección de toros de Tele Revista, los Barbachano obtuvieron la idea de filmar el documental "Torero", en 1956. Éste sigue la carrera del torero Luis Procuna, a través de la filmación de sus actuaciones y de la reconstrucción dramática de aspectos de su vida, centrándose en el miedo que sentía el torero al entrar a la plaza.

La dirección del documental corrió a cargo de Carlos Velo, la producción de Manuel Barbachano Ponce, el guión de Miguel Barbachano y del mismo Manuel y de Hugo Mozo y Hugo Butler y la música la compuso Rodolfo Halffter.

La obra fue nominada al Oscar al mejor documental de ese año.

Miguel Barbachano también participó en la elaboración del guión, junto con otras personas, de la película Raíces, dirigida por Benito Alazraki y producida totalmente por Manuel Barbachano.

La cinta recibió el Premio de la Crítica en el Festival de Cannes en 1954 y con ella se inició lo que los críticos llaman "el movimiento independiente del cine mexicano, al margen de la industria cinematográfica estatal".

Miguel colaboró igualmente en la redacción del guión de Nazarín, la película dirigida por Luis Buñuel y producida también por su hermano Manuel, que obtuvo el Premio Internacional del Jurado en Cannes en 1959.

Viaja a Cuba invitado por Fidel Castro

Este mismo año, en mayo, Miguel viajó a Cuba, cinco meses después del triunfo de la Revolución, para asistir a la primera concentración agraria, invitado por Fidel Castro.

Con los cineastas e intelectuales de ese país mantuvo una estrecha relación, sobre todo a partir de su amistad con Alfredo Guevara, creador y presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica.

Por esta relación, Miguel participó en la filmación de la película Cuba baila, en 1960, el primer largometraje después de la revolución castrista, dirigida por Julio García Espinosa, producida por Manuel Barbachano y escrita por él mismo, con la participación de su hermano Miguel y de García Espinosa y de Guevara.

Cesare Zavattini, el novelista, dramaturgo, periodista y realizador italiano, guionista de la película Ladrón de Bicicletas, dirigida por Vittorio De Sica, considerada la obra cumbre del neorealismo italiano -y que trabajó también con Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, Roberto Rossellini y Luchino Visconti, entre otros-, llegó a Cuba en 1956, atraído por el cine de denuncia social que hacían realizadores como Alfredo Guevara y Julio García, autores de Cuba baila, junto con los hermanos Barbachano Ponce.

Cesare Zavattini, el novelista, dramaturgo, periodista y realizador italiano (Foto de cineforever.com)
Cesare Zavattini, el novelista, dramaturgo, periodista y realizador italiano (Foto de cineforever.com)

A partir de entonces éstos entablan una estrecha relación con el italiano y lo invitan a México, donde permanece un tiempo viajando por el interior del país y estudiando el cine nacional.

Según Lilia, "existe un legado inédito de los guiones realizados conjuntamente con Cesare Zavattini durante su visita a México y un equipo de producción. Estos títulos son El anillo, México mío y El petróleo".

Zavattini conservó la relación con Miguel Barbachano, quien trató de convencerlo para trabajar como maestro de cine en el país. Por este motivo mantuvo, junto con otros cineastas, una nutrida correspondencia recogida en el libro “Cartas a México, de Cesare Zavattini, 1954-1968” publicado por la UNAM.

Director cinematográfico

En 1964, Miguel asume su condición de director cinematográfico y rueda, bajo la producción de su hermano Manuel, la película Amor, amor, amor. Ésta reúne cuatro cortometrajes: La viuda, de Benito Alazraki; La Sunamita, de Héctor Mendoza; Las dos Elenas, de José Luis Ibañez, y Lola de mi vida, de Miguel Barbachano.

El guión de este cortometraje, basado en un cuento del escritor campechano Juan de la Cabada, lo escribe éste mismo, junto con Miguel y Gabriel García Márquez. La fotografía es de Gabriel Figueroa y la actuación de Sergio Corona, Jacqueline Andere y Sara Guash.

Luego de esta obra, Miguel continuó con otras películas y documentales. El último de ellos fue "Se está volviendo gobierno", producido por la UNAM y nominado para el premio Ariel en 1992.

También participó en televisión

Algunos años de su vida profesional las dedicó también a la televisión, como productor de Canal 13, pero en su concepción de cinéfilo apasionado volcó una parte importante de sus esfuerzos en la docencia.

Fue profesor de cine en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM de 1971 a 2001, donde formó muchos cuadros que después participarían en la industria cinematográfica.

Asimismo, fue un destacado y perseverante crítico de cine en Excélsior, Unomásuno y La Jornada.

Cuando se realizaba la Muestra de Cine Internacional en Ciudad de México, dice su hija Lilia, apenas terminaba la proyección de la película corría a la redacción del periódico a escribir la crítica para que apareciera al día siguiente.

Como ensayista publicó El Cine Mundial en tiempos de guerra 1930-1945, Cine Mudo y el Cine durante la guerra fría.

Destacado grupo de intelectuales

Miguel Barbachano y su hermano Manuel formaron parte de un grupo muy destacado de intelectuales, "heterogéneo, plural y abierto", afirma Lilia, que sobresalió en la literatura, el teatro, el cine, la pintura y la arqueología.

A este grupo perteneció, entre otros muchos, el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, quien laboró en la mesa de redacción de Cine Verdad y escribió con Miguel varios guiones de cine.

Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura (archivo)
Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura (archivo)

"Con él trabó una estrecha relación. Fueron amigos cercanos toda la vida", recuerda su hija.

Como redactor de Cine Verdad, García Márquez escribió un reportaje acerca de un descubrimiento en la pirámide de Teotihuacán, en donde, según él, había un pasaje subterráneo que comunicaba a una cámara que hasta entonces no se conocía.

Además de su obra en el cine y la prensa, Miguel Barbachano escribió cuentos, obras de teatro y las novelas Los desterrados del limbo y El Diario de José Toledo, publicada en 1964.

Primera novela en tocar polémico tema

Esta última es considerada la primera novela en México que aborda el tema de la homosexualidad, desde la perspectiva de un escritor heterosexual.

En un artículo, el escritor y dramaturgo Gonzalo Valdés Medellín resaltó de este libro la valentía y la visión de Barbachano por tocar este tema en esa época, "lo que resulta loable y deslumbrante".

Y coloca al libro y a su autor "como un inamovible parteaguas en lo que después sería conocido como ‘literatura gay’ o literatura de la diversidad”.

Lilia Barbachano afirma que a su padre se le ocurrió escribir esta novela cuando encontró un diario inconcluso y olvidado en un tranvía del centro histórico de Ciudad de México.

Nunca olvidó sus raíces yucatecas

Aunque Miguel pasó la mayor parte de su vida en la capital del país, nunca olvidó sus raíces yucatecas. Las cultivaba en la casa de sus padres en México, donde la familia se reunía una vez a la semana para disfrutar la comida yucateca -el frijol con puerco era su platillo favorito- e intercambiar ideas y noticias.

"Esas reuniones resultaban muy enriquecedoras pues se estrechaban los lazos familiares y se daba seguimiento al trabajo en equipo que realizaban los hermanos", recuerda Lilia.

"Yucatán fue para mi padre el paraíso de la infancia, el nutriente, la seguridad, la patria", añade.

"Esto se refleja en su narrativa, especialmente en sus cuentos".

"Solía pasar aquí las temporadas de verano para encontrarse con la familia, tanto de su padre como de su madre".

Planeaba regresar a Yucatán

En esas ocasiones, dice, recorría el Estado para profundizar en el conocimiento de su patrimonio cultural y de sus raíces.

Miguel Barbachano "pensaba en Yucatán como un refugio al que volvería como Ulises a Ítaca. Siempre decía: No se preocupen si pasa cualquier cosa nos regresamos a la Hermana República de Yucatán”.

Nunca lo hizo. Murió el martes 12 de mayo en su casa de México, luego de una fructífera vida enfocada a su obsesiva pasión por el cine.

En palabras de su hija fue, además, "un hombre de ideas libres y enemigo de cualquier tipo de censura", que dejó una profunda huella en la literatura, la docencia, el periodismo y el cine de nuestro país, en los últimos cincuenta años.

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