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No están solos en el duelo

Rosa María Reverté Gaudier

Una fundación da ayuda a quienes pierden un hijo

“La pérdida de un hijo es la más antinatural que existe. Los que pierden un esposo son viudos, los que pierden a su mamá son huérfanos. Las personas que perdemos un hijo no tenemos nombre. Es tal el dolor que el diccionario no ha podido nombrarnos”.

María Elena Gutiérrez Reyes sabe que el fallecimiento de un hijo es algo con lo que se aprende a vivir, pero no se supera. También lo sabe Fundación Acompaña, asociación de la que ella forma parte y que desea enseñar “a vivir en este nuevo normal” a quienes atraviesan por la misma situación.

En Mérida la fundación comenzó a ofrecer en abril pasado sus servicios, que incluyen el fomento de la cultura del duelo, la escucha a papás que han perdido un hijo y el trabajo de grupos de ayuda mutua (GAM), de los que hay para mamás, viudas y matrimonios. A partir de septiembre próximo impartirá el Taller Vida (Vivir el Duelo Acompañado) para enseñar las características de ese proceso.

Los diferentes instrumentos de asistencia tienen como objetivo común “acompañar al doliente en la construcción de un nuevo normal”, explica la tanatóloga Rosa María Reverté Gaudier, coordinadora general de la asociación en esta ciudad.

“El normal anterior desapareció con la muerte del ser querido, no va a volver nunca más. La construcción del nuevo normal lleva tiempo y esfuerzo, pero el doliente no lo tiene que hacer solo”.

“El duelo requiere la decisión y el ejercicio continuo de la voluntad. Es un proceso, no un estado. Hay personas que no quieren soltar el normal anterior y eso les genera patologías psíquicas. Un duelo no trabajado enferma”.

Rosa María se interesó en impulsar la apertura de la sede Mérida después de que en diferentes momentos y por diversos medios recibiera información del trabajo de Fundación Acompaña, iniciada en 2008 en Ciudad de México por los esposos Salvador Cors y Rebeca Caballero a raíz de la muerte de uno de sus hijos.

En agosto pasado viajó junto con Laura Sauri Cruz a la capital del país para que ambas recibieran capacitación como voluntarias y a su regreso decidieron iniciar el proyecto en Yucatán. En noviembre se realizó en salones de la iglesia de María Inmaculada la primera capacitación a voluntarios de Mérida, a cargo de integrantes de la sede Ciudad de México. Entre los 38 asistentes se contaron, además de papás que han perdido un hijo, profesionales de la salud, psicólogos, sacerdotes y presidentes de asociaciones.

“Quisimos hacerlo lo más extensivo posible a personas que están en contacto con la enfermedad terminal o viven la muerte de un ser querido”, indica Rosa María.

De enero a abril pasados se llevó al cabo una capacitación más, esta vez organizada por el psicólogo Alfonso Villarreal Vidal, coordinador de profesionales de la sede local. Al concluir la preparación entraron en operación en la ciudad los servicios de Acompaña.

Acercamiento

Laura explica que cuando un doliente se acerca a la asociación primero se reúne con un voluntario para contarle lo que vive. Luego de dos o tres sesiones de escucha se le sugiere integrarse a un grupo de ayuda mutua o asistir al Taller Vida, según se considere mejor para él.

La propuesta de Acompaña “está enfocada a generar empatía entre voluntarios y beneficiarios, hacer que encuentren un lugar donde se sientan en paz y comprendidos”, añade María Elena.

“Las escuchas son el primer acercamiento con el doliente y en las que el voluntario puede definir qué tipo de instrumento le beneficia más. Hay personas que necesitan conversar más de sus sentimientos y hay otras a las que el dolor las aísla. Acompaña está preparada para atender a ambos tipos de personas”.

Si se determina que el doliente requiere terapia entonces se le remite al psicólogo Villarreal.

El grupo de ayuda mutua para mamás se reúne los jueves de cada 15 días en la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe (Prado Norte), de 6 a 8 p.m.; el de matrimonios, el mismo día y en igual sede, de 7 a 9 p.m., y el de viudas, los jueves de cada 15 días en la iglesia de Cristo Resucitado, de 7 a 9 p.m.

Laura explica que las sesiones comienzan puntualmente con las personas que estén. Primero se hace la Oración del Abrazo y después las coordinadoras —dos por grupo— preguntan a las asistentes cómo se han sentido y si alguien quiere compartir algo. No es obligatorio que todas hablen.

El Taller Vida sigue un programa de trabajo diferente, con sesiones de dos horas en las que se imparten temas y se dejan consignas que se revisan en la siguiente reunión. En este instrumento se lleva control de la asistencia y se solicita una cuota, a diferencia de los GAM, en que la participación es gratuita y con la periodicidad que el doliente desee.

Capacitación

Rosa María subraya que para ejercer el voluntariado en Acompaña se debe recibir la capacitación que brinda la fundación, un requisito que significa tanto un beneficio para los dolientes como una limitación para la rápida ampliación de los servicios.

También es condición que en cada instrumento colabore al menos una “pebre”: persona con experiencia basada en la realidad, es decir, que su situación ante la pérdida sea similar a la de los dolientes atendidos.

Debido a estas disposiciones, en Mérida los grupos de ayuda mutua reciben únicamente a mamás, viudas y matrimonios. “Todas las personas son atendidas por Acompaña, pero no todas pueden tener un grupo”, aclara Rosa María. “Siempre tendrán apoyo de escuchas y del Taller Vida, porque en éste sí se reciben viudos, hermanos…”.

En los grupos de ayuda mutua “te sientes en la libertad de hablar de lo único que no puedes hablar por fuera, incluso en la misma familia”, admite Laura.

Para Acompaña, agrega María Elena, es muy importante que el doliente “tenga la libertad de expresarse de sus hijos muertos en la medida que quiera”.

“Nadie quiere oír hablar de sufrimiento, todos quieren oír de alegrías y compartir lo bonito; la sociedad considera negativo que una persona se exprese de su hijo porque piensa que sigue sufriendo, pero no, lo hace simplemente porque su hijo sigue siendo parte de su vida”.— Valentina Boeta Madera

Fundación Acompaña

Aunque está integrada por personas de fe católica, no es un apostolado, advierte Rosa María Reverté.

Muerte perinatal

Al grupo de ayuda mutua para mamás asisten mujeres que han perdido hijos en muy diferentes circunstancias, incluso por muerte en el embarazo o recién nacidos.

Para viudas

La sede Mérida es la primera en el país en contar con un grupo de ayuda mutua para viudas (GAV).

Coordinadoras

Rosa María es coordinadora general y de escuchas; Laura Sauri Cruz, de todos los grupos de ayuda; la misma Laura y su esposo Armando Marrufo Couoh, de matrimonios; Susana Díaz y Georgina Torres, de mamás; Reyna Alcocer, Nury Aguilar Abreu y Lourdes Ayaquica González, viudas; Beatriz Carrillo, muerte perinatal; María Elena Gutiérrez y Míriam Herrera Vargas, del Taller Vida.

Más información

Al teléfono 9992-27-02-32.

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