in

Novela picaresca y corrupción

El actor Mario Moreno “Cantinflas” falleció hace 26 años

Gonzalo Navarrete Muñoz (*)

La novela picaresca es un subgénero literario español. Entre El Renacimiento y El Barroco, en El Siglo de Oro, nació la picaresca como una suerte de burla de las novelas de caballería, las pastoriles, las epopeyas y las novelas sentimentales.

El pícaro es la contrahechura del hidalgo. Las clases marginadas, pobres y mal vistas engendraron ese personaje que no creía ni el honor ni la búsqueda de lo imposible de la que nos hablan las grandes novelas de caballería. Don Alonso Quijano —El Quijote de la Mancha—, Tirant Le Blanc , El Amadìs de Gaula , representaban el ideal del caballero, aunque en El Quijote haya elementos de burla que le dan un tinte muy especial a la inmensa novela de Cervantes. No había posibilidades para los que no nacían nobles: las proezas se reservaban a los aristócratas. Esto aparece en La Ilíada y en Robín Hood.

Los desheredados se refugiaban en la picardía, el cinismo, el delito y asuntos similares. Sin embargo la picaresca concluía con un mensaje: el bandido no vencía. Se daba un contraste entre la moral de un grupo social y otro. No podía dejar de entenderse el “determinismo” que establecía una condición social. El Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache y algunos entremeses nos exhiben el subgénero. En la misma obra de Cervantes hay elementos de la picaresca, en especial en Rinconcete y Cortadillo, La Ilustre Fregona y El Coloquio de los Perros. En el mismo Quijote encontramos una cierta sátira contra la noción del caballero. De la fábula milesia y la novela griega Vida de Esopo proviene un elemento satírico que ha sido una constante en la literatura universal. Aparece en el Satyricón de Petronio y sobre todo en El asno de oro de Apuleyo, así como en otras obras clásicas.

Los elementos típicos de la picaresca son: el protagonista en un pícaro, un desvergonzado, un anticaballero, que narra en primera persona su historia en cartas. La picaresca se da por episodios, hay rasgos de crítica a la hipocresía social y es absolutamente realista, postura contraria a la fantasía de la vida caballeresca. A los pícaros les ocurre lo real, los caballeros terminan sufriendo lo fantástico. La fortuna y las aspiraciones de logros extraordinarios pueden conducir a la irrealidad, la pobreza es la realidad cruda.

Otra consideración: las sociedades que marginan logran que los marginados se vuelvan en pícaros que en la corrupción encuentren una forma de supervivencia. En México el pícaro por excelencia fue el Cantinflasde la primera hora. No fue el primero, desde el género chico aparecen los “peladitos” que ya tienen características de pícaros. Más aun: Cantinflas es una imitación de un personaje que ya había desarrollado Joaquín Perdavè. No podemos imputar el problema cultural de la corrupción en nuestro país. No podemos pasar por alto que La Nueva España nace de un acto de corrupción: la desobediencia de Cortés a Diego Velázquez; que venir al Nuevo Mundo era venir a hacer fortuna; la administración patrimonialista; las falsedades de los liberales , etc. Pensar que la corrupción desaparece con discursos y elementos retóricos es absurdo. En nuestro país es un problema cultural muy arraigado. Cuando aumentan los desempleados, aumenta la economía informal, el crimen organizado, la corrupción. Como nos enseña desde hace siglos la picaresca: en México está aumentando la corrupción y en ese sentido estamos viviendo un retroceso más grave que el económico.

Cronista de la Ciudad

 

Acuerdo luego de robar ropa

Mauricio Vila: “Fue el año más difícil”