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Nueva vida a la polémica

El monumento a “El Adelantado” y “El Mozo”

Las manifestaciones contra el racismo en el mundo hacen resurgir el debate sobre la pertinencia de que Mérida tenga un monumento a los Montejo, fundadores de la ciudad

“Las estatuas de los Montejo deben permanecer. Son parte de la Historia y, además, no ocupan un lugar muy simbólico en la ciudad; el lugar simbólico por excelencia es la Plaza Grande”, señala el doctor en Historia y arquitecto Raúl Rivero Canto, profesor en el Patronato Pro Historia Peninsular de Yucatán (Prohispen).

Prohispen promovió en 2010 la colocación de las estatuas de Francisco de Montejo “El Adelantado” y Francisco de Montejo “El Mozo”, fundadores de la ciudad.

La instalación, el último día de la administración municipal de César Bojórquez Zapata, motivó voces en contra, que hoy se vuelven a escuchar a raíz de las protestas contra el racismo.

El profesor señala que retirar las figuras de los Montejo sería complicado, antes que nada por los trámites que se requeriría hacer ante la autoridad. Además, “todo lo que sea quitar significaría ir para atrás, sería como un atraso en la ciudad (…); es más importante sumar que restar”.

Quitarlas de su lugar en el inicio del Paseo de Montejo es una posibilidad remota, “porque las estatuas son un elemento único”.

“Alguien ha dicho que en su lugar se siembre un árbol. No quiero recordar que ya se sembró un árbol conmemorativo en la Plaza Grande, es el único monumento que ocupa la plaza, y seguramente pasa inadvertido”.

Como hemos informado, a partir de la muerte del ciudadano estadounidense George Floyd a manos de un policía en Minnesota en varias ciudades del mundo han surgido protestas contra el racismo, que en algunos casos han desembocado en el derribamiento de estatuas de personajes históricos que favorecieron la sistematización de la discriminación.

Estos acontecimientos reavivaron la polémica sobre el monumento a los Montejo, cuya colocación en el marco del bicentenario de la Independencia despertó la indignación de un sector de la población.

El doctor Rivero Canto dice que el monumento recuerda el origen de la ciudad contemporánea. “La gente piensa que la historia de Mérida se remonta a la antigua Thó y se le compara con la gran Tenochtitlan, donde el 13 de agosto de 1521 cambió el gobierno de Cuauhtémoc por el de Cortés en dos minutos”.

“Mérida ya había pasado por un proceso amplio de transformación y (a la llegada de los españoles) de la gran ciudad de Thó solo quedaba su sombra. En ella crea Montejo la ciudad en que vivimos ahora”.

Ésa es la razón por la cual las estatuas no están en posición de asalto o combate, sino que se muestran explorando y fundando, asegura. “Lo que se trata de recordar es que la ciudad contemporánea de Mérida es heredera de este momento”.

Retirar las figuras equivaldría olvidar ese pasaje de la Historia, con lo bueno y lo malo que trajo consigo. “La Historia es como un libro: aunque le arranques la página no puedes no cambiarle el título”, advierte.

“Más que quitar estatuas, las asociaciones que promueven la reinterpretación histórica podrían organizarse y levantar estatuas de otros personajes. Una ciudad plural, una ciudad incluyente, una ciudad sustentable es aquélla en la que todas las opiniones están representadas en el espacio urbano”.

“Le quieren hacer una estatua a Nachi Cocom porque combatió a los Montejo, pero ¿por qué no hacerle un homenaje a Tutul Xiu, quien se les alió? El criterio racial es un mero discurso para implementar un punto de vista, porque realmente el mundo maya tiene mil matices”, afirma.

El doctor Rivero agrega que, “en caso de que la gente insistiera, la idea sería plantear al Cabildo la colocación de una placa que explicara lo que la gente sabe”.

“Ya tenemos un precedente en Ciudad de México con la estatua de Carlos IV, que fue un pésimo rey; hay una placa que dice: ‘México la conserva como un monumento de arte’”.

Para retirar las figuras, continúa, habría que hacer amplia consulta entre los ciudadanos, “específicamente los nativos de Mérida, porque es un elemento urbano que atañe claramente a los fundadores de esta ciudad”.

“Habiendo tantas necesidades en Yucatán, no creo que se dedique tiempo, dinero y esfuerzo a mover estatuas; es más, el tiempo, el dinero y el esfuerzo se podrían invertir en hacer otro monumento dedicado al pueblo o a personajes de otro período histórico”.

Señala que la mayoría de las manifestaciones actuales contra el racismo ocurren en países anglosajones, con procesos históricos diferentes del mundo hispano. “Lo que ha ocurrido es una ola de barbarie. Miramos en las noticias que atacaron la estatua de Cervantes y de fray Junípero Serra (…), es vandalismo lo que está sucediendo”, lamenta.

Considera que no se puede juzgar el pasado con criterios presentes “porque cosas que hoy en día estamos haciendo como muy buenas en unos años dirán que estaban equivocadas”.

“Ciudad nueva”

Por su parte, Jorge Álvarez Rendón, cronista de la ciudad, opina que “retirar la estatua de los Montejo sería negar la realidad de que somos una ciudad nueva”.

“Thó ya no era una ciudad, estaba en ruinas” al momento de la fundación de Mérida, subraya el profesor, que recuerda que muchas ciudades han erigido monumentos a sus fundadores, como Perú, en cuya capital se levanta uno a Francisco Pizarro.

“Lo de ahora es consecuencia de lo que ocurre en otros países, donde hay una ola de derribar estatuas. Derribaron una de fray Junípero Serra, defensor de los indígenas a capa y espada, y resulta que lo hicieron por razones de racismo...”.

Respecto del monumento a los Montejo, afirma que “sí hubo un movimiento (de oposición) cuando se inauguró y después todo el mundo llegó a aceptar la presencia de la estatua a los fundadores de la ciudad”.

Añade que si se retira entonces habría que quitar otros más, como el de Justo Sierra, también en Paseo de Montejo, a quien se acusa de vender indígenas durante la Guerra de Castas. “Yo soy de la opinión de mantenerlo, pero si la mayoría de la ciudad decide que se retire, así tiene que ser”.

“No sé realmente si colocarlo en un lugar más discreto sería lo indicado. Al paseo, aunque oficialmente se llama Nachi Cocom, todo mundo lo conoce como de Montejo”, apunta.

Cuestionado si la medida equivaldría a negar la Historia, el maestro Álvarez dice que más bien sería negar la realidad de que Mérida es una ciudad nueva, “porque Thó ya no existía”.

“Debemos aceptar que somos una población mestiza y tenemos herencia de ambas partes. No creo que sea algo necesario quitar esa estatua porque son los fundadores de la ciudad, aunque si se trata de mantener la sosiego y establecer conciliación, habría que pensarlo”.— Jorge Iván Canul Ek

Contra los símbolos racistas

Se opone el Equipo Indignación a una Historia atenuada

En 2010, cuando se colocaron las estatuas de los Montejo, el Equipo Indignación, que defiende los derechos humanos, levantó la voz para exigir que fueran retiradas.

Diez años después, con el resurgimiento de la polémica, el reclamo aún es el mismo. “Lo indicado sería retirarla”, señala Martha Capetillo Pasos.

Integrante de Indignación, recuerda que las figuras se instalaron sin anuncio previo. “Las pusieron la última noche de esa administración. En ese momento, la imposición generó gran movimiento en contra. En Indignación participamos, pero no fuimos solo nosotros, sino que fue un equipo amplio con gran participación”.

Señala que el monumento no es una obra que estuviera en el lugar hace cien o doscientos años. “Se puso justo en 2010, en el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución (…) y las estatuas están enalteciendo a personajes que estuvieron implicados en crímenes”.

Agrega que en Yucatán hay “un fuerte racismo que se manifiesta en situaciones cotidianas, en decisiones sobre la ciudad, por ejemplo despojos de tierra”.

Martha Capetillo indica que en Mérida los Montejo no encontraron una tierra virgen y deshabitada sobre la cual levantaron la ciudad, a pesar de que los promotores de su colocación la justificaron con el argumento de que los españoles habían sido unos constructores.

“Negar la Historia es presentar solo una faceta ‘romantizada’, atenuada, adecuada y dando una especie de superioridad a quienes tantos crímenes cometieron”.

Afirma que el tema se le planteó a Renán Barrera Concha cuando, siendo candidato para su primer período en la administración municipal, asistió a un programa de televisión. “Dijo que llegando a la alcaldía iba a hacer una consulta para ver si la dejaba o quitaba. No lo hizo. Prefirió omitir el tema a pesar de que continuaron las propuestas y manifestaciones que se han ido diluyendo y han vuelto a resurgir ahora”.

Considera que lo indicado es retirar las figuras y en su lugar sembrar una ceiba, como propusieron unos estudiantes. Las estatuas podrían reubicarse en la Casa de Montejo o en Prohispen, que promovió su colocación. “Lo más adecuado sería un acto de la autoridad para retirarlas y ponerlas en otro lugar”.

Afirma que éste es un buen momento para repensar los símbolos de la ciudad con el objetivo de eliminar el racismo en cualquier expresión. “Hay voces que se han manifestado por la situación del parque Eulogio Rosado, militar que estuvo ‘orgullosamente’ involucrado en la guerra contra el pueblo maya. Allí las estatuas tendrían que ser de los héroes del pueblo maya que han resistido todos estos procesos de discriminación y despojo”.

Por su parte, el historiador José Koyoc Ku, también integrante de Indignación, asegura que el monumento a los Montejo es racista porque reproduce una visión discriminatoria de la Historia: la de que solo los blancos consolidaron la empresa conquistadora y olvida que ellos trajeron esclavos oaxaqueños para establecerse.

“Muchos (de los defensores de las estatuas) dicen que se está agrediendo a la Historia al pedir que se derribe el monumento, pero nada puede ser más banal que transmitir esta idea totalmente errónea del proceso de colonización y reproducir la versión del conquistador blanco”.

Agrega que los monumentos son la versión de la Historia de un grupo y sugiere trasladar el monumento al local del Prohispen, “ellos ya sabrán en qué espacio ponerlo”.

Koyoc Ku señala que no se pueden tolerar estatuas de este tipo en el espacio público. “Los monumentos son homenajes y no podemos seguir promoviéndolos a personas abiertamente racistas”.

Justo Sierra “justificó una guerra en contra de grupos, pidiendo incluso su exterminio total, y Manuel Cepeda Peraza, según varios historiadores, participó en el tráfico de esclavos mayas durante la guerra social maya”.

En relación con las propuestas para colocar placas que aclaren el sentido de las esculturas, opina que “esos monumentos en esta sociedad contemporánea no pueden permanecer con una sola versión de la Historia”.

“La jerarquía racial que vinieron a imponer Francisco de Montejo y los demás conquistadores continúa. No podemos hacer que los espacios públicos donde se encuentran estos monumentos solo reproduzcan una versión de la Historia”.— J.I.C.E.

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