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Obedece para llegar a ser santo

El padre Ricardo Atoche Enseñat bendice el retrato del padre Jorge Antonio Laviada Molina en la misa de ayer en Nuestra Señora del Líbano

Evocan algunas de las enseñanzas del padre Laviada

Con una misa se recordó ayer el quinto aniversario luctuoso del presbítero Jorge Antonio Laviada Molina, quien falleció el 9 de junio de 2014.

Una fotografía del extinto sacerdote se colocó al centro del altar durante la misa que ofició el padre Ricardo Alberto Atoche Enseñat, rector de Nuestra Señora de Líbano y recién nombrado director espiritual del Colegio Mexicano de Roma.

En la homilía, el sacerdote rememoró en el marco de la fiesta de Pentecostés algunas de las enseñanzas que recibió del sacerdote fallecido, que fue su maestro en el Seminario Conciliar de Yucatán.

Para explicar la importancia de obedecer a Dios y escuchar al Espíritu Santo, recordó una lección del padre Laviada: “Por la desobediencia de un solo hombre, Adán, entró el pecado en el mundo, y por la obediencia de un solo hombre, Cristo, fue salvada la humanidad, y por la salvación se nos concedió la vida eterna”.

Señaló que desobedecer da muerte, la obediencia da vida, “elige la vida o la muerte, quien obedece será convertido por el Espíritu Santo y quien desobedece impedirá al Espíritu Santo hacer que obre en ti”.

Manifestó que fue testigo de la obediencia del extinto sacerdote ante situaciones muy difíciles de la Iglesia, “hacía lo que le tocaba hacer en el momento de hacerlo”.

Añadió que el padre Laviada se fue al Cielo jugando fútbol, porque en ese momento era lo que le tocaba hacer, estar con los seminaristas, jugando con ellos.

Recordó que no hay que hacer grandes cosas para ir al Cielo, sino únicamente lo que corresponde hacer.

Ejemplificó esto mediante momentos cruciales en la vida de tres apóstoles de Cristo: Pedro, Tomás y Felipe, quienes cometieron errores comunes, como ser iracundos, no creer y no entender la divinidad de la Trinidad, pero aun así llegaron a ser santos.

“Obedece aunque no entiendas, ven a misa los domingos, comulga si quieres llegar a santo, no te preocupes de tus fragilidades, ocúpate de obedecer y llegarás a santo”.

También contó una de las anécdotas que tiene presente sobre el padre Laviada, cuando el sacerdote regresó de sus últimos ejercicios espirituales, a los que se había ido lejos para estar más concentrado en la oración. En esa ocasión dijo que por fin había encontrado el anhelo más profundo de su corazón y estaba feliz por ello. “Quiero ser santo” fueron las palabras que le escucharon decir.

“Si permitiesen al Espíritu Santo escuchar lo que dice dentro de ustedes escucharán lo mismo que el padre Laviada: quiero ser santo”, concluyó el presbítero.— Iris Margarita Ceballos Alvarado

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