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De estilistas de salón a ''nenis'", la pandemia reta a la belleza

De las medidas de adaptación a la crisis sanitaria han surgido nuevas oportunidades de negocio y empleo

La industria de los cosméticos aún resiente los efectos de la pandemia, pero en estos meses también han surgido oportunidades de negocio.

La industria de los cosméticos —tanto su venta como su aplicación— no fue clasificada por las autoridades como esencial para que pudiera seguir operando en los primeros meses de la pandemia, pero de sus actividades dependían centenares de personas que encontraban en ellas su fuente de ingresos.

En el período del confinamiento más estricto, la prohibición de hacer reuniones, la exhortación al trabajo desde casa y la obligación de usar cubrebocas para prevenir la transmisión del SARS-CoV-2 impactaron en los servicios de maquillistas y la venta de cosméticos, en especial de las pinturas de labios, productos que continúan con baja demanda, según revelan representantes del sector. 

Sin embargo, indican, de las medidas de adaptación a la crisis sanitaria han surgido nuevas oportunidades de negocio y empleo, como el que realizan las “nenis”, la fuerza laboral femenina que mueve sus productos en las redes sociales.

Vicko Santamaría, estilista "freelance"
Annie Sáenz, colorista y maquillista profesional
Ruby Marleny Amayo Chi, propietaria de Cosméticos Ymayoreo, dedicado a la venta de artículos de belleza y para el cuidado personal al por mayor
Vicko Santamaría, relató que "ahora trabajo en salones a base de citas y a sus clientas propias las atiendo en su casa"
Annie abrió en plena pandemia, después del confinamiento, el Centro de Imagen Annie Sáenz

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Menos consumo

Annie Sáenz no fue la excepción entre las mujeres: en los meses que siguieron a la declaración de la pandemia en marzo de 2020 sus hábitos como usuaria de cosméticos “cambiaron 360 grados”, admite al Diario. “Para las actividades diarias de la casa decidí no maquillarme, pero continué con la rutina diaria de limpieza y cuidado de la piel”.

Interesada en el cuidado de su imagen y de los demás por ser colorista y maquillista profesional, pronto se dio cuenta que tenía que encontrar la manera de compaginar el uso de cosméticos con el cubrebocas.

“Al principio se manchaba mi base, sobre todo mi boca porque los labiales de larga duración, al roce con el cubrebocas, se quitaban”, recuerda. “Hasta que probé labiales que, por la tecnología que tienen, se fijan en los labios por más de ocho horas”.

Además, “incrementé el uso de protector solar con color en vez de base de maquillaje, que manchaba más el cubrebocas; empecé a ponerme más máscara de pestañas y sombras, porque lo que impactaba más en el rostro eran las cejas y ojos”.

Así, “tener las cejas arregladas, las pestañas presentables y, detrás del cubrebocas, un labial que no se quita” fue su manera de “sentirme cómoda, segura y bella” en el confinamiento.

Annie Sáenz añade que aumentaron sus compras electrónicas de cosméticos como consecuencia de dedicar el tiempo a ver vídeos de maquillaje y tendencias. Esta práctica contrastó con su experiencia en el ámbito laboral, pues en los primeros meses del confinamiento suspendió la adquisición de productos para la atención de clientas e incluso reportó pérdida de material, que llegó a la fecha de caducidad sin usarse.

En promedio en ese tiempo afrontó un 90% de cancelaciones de servicio a novias de “bodas destino”, es decir, originarias de otros estados que celebran su enlace en Yucatán.

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Jornadas intensas

Antes de la declaración de pandemia, en el salón de belleza donde trabajaba Vicko Santamaría estaban acostumbrados a jornadas intensas en fin de semana. Los sábados, explica el estilista “freelance”, laboraban de 8 a 20 horas y sus clientas iban desde participantes en los bailes de Carnaval de la Cruz Roja, el Club Libanés y Pastoral del Amor hasta novias y quinceañeras. 

“Estábamos acostumbrados a sábados de mucho trabajo, a estar siempre comprando productos, yendo a capacitación”, recuerda. “Fue abrumador para nosotros cuando, de un sábado a otro, ya no teníamos ni una sola cita”.

“Entre marzo y noviembre de 2020 no tuvimos actividades de maquillaje para nada. Por ahí de diciembre llegó una sesión de fotos familiar, uno que otro maquillaje social…”.

Este año, con el levantamiento de las restricciones a más actividades económicas la situación empezó a cambiar, “pero no estamos ni al 50% de lo que estábamos antes”

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Sin distribución

En los primeros tres meses de la crisis sanitaria, Ruby Marleny Amayo Chi, propietaria de Cosméticos Ymayoreo, dedicado a la venta de artículos de belleza y cuidado personal al por mayor, no distribuyó ni uno solo de los productos. Sus clientes, que por lo general comercializan los artículos desde casa, estaban invirtiendo sus recursos en productos básicos para sus hogares. Una situación que produjo “gran afectación” y que “paraliza cualquier negocio”.

Cosméticos Ymayoreo, apunta, salió adelante con la venta de gel y cubrebocas.

Vicko Santamaría se adaptó al cierre de actividades no esenciales con la atención a domicilio de clientas que solicitaban tintes, cortes y tratamientos de cabello, y con la restauración de obras de arte. “Conozco a personas que se dedican solamente al maquillaje y tuvieron que buscar opciones en la venta de comida, postres, lo que surgiera…”.

Annie Sáenz, por su parte, ofreció cursos de imagen personal en línea a amas de casa, ejecutivas que trabajaban desde casa y maestras, entre otros públicos.

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Desafíos

Ahora, la reactivación económica ha permitido recuperar a antiguos clientes, pero sigue habiendo desafíos para el sector. El negocio de Ruby Amayo no solamente tiene de vuelta a sus anteriores compradoras, sino que incluso reporta un número mayor, proveniente de las “nenis”, que de esa manera aportan ingresos a familias afectadas, entre otros factores, por la pérdida de empleo de la pareja.

El impulso de esta “tribu” al negocio ha sido tal que en julio pasado Cosméticos Ymayoreo abrió una sucursal más, en Plaza de la Mujer, en el Centro.

Amayo afirma que la reducción por la pandemia del 60% de las ventas de perfumes y labiales —porque con el cubrebocas los labios ya no se ven y la pintura queda impregnada en la mascarilla— se compensa con el aumento de compras de pestañas, delineadores y otros productos para los ojos.

Asimismo, ha repuntado la demanda de artículos para el cuidado de la piel, entre ellos exfoliantes y sueros, necesarios para atender condiciones como el acné que aparece en reacción al material de los cubrebocas.

“Más que una caída en la industria cosmética por la pandemia nos enfrentamos a un reto de adaptación, en el cual los nuevos canales de distribución, como las redes sociales, están modificando las reglas del juego”, manifiesta.

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Recuperación

Vicko Santamaría reconoce que el sector no se ha recuperado al cien por ciento. “Estamos en un 30, 40 por ciento (de trabajo) en el área de maquillaje (en comparación con tiempos prepandemia) y en un 80% en tintes, tratamientos y servicios para el cabello”, precisa.

“Las quinceañeras no tienen fiestas, pero sí sesiones de fotos y misas. Igual las novias: tal vez no hacen una boda en grande, pero sí se casan por lo civil y hacen una fiesta sencilla”.

Revela que algunos servicios mantienen los precios reducidos debido a la baja demanda. Es el caso de los paquetes de maquillaje para novias, que antes de la crisis sanitaria se cotizaban en unos $9,000 por las pruebas de maquillaje y peinado para la contrayente y su mamá, además de la atención el día de la boda. Ahora se ofrecen en $4,500.

“Tengo colegas que tuvieron que cerrar sus salones. Hay personas que solamente son maquillistas y tienen estudios, ¿de qué sobreviven si no se hacen maquillajes, cómo pagan la renta? Amigas que son dueñas de su salón porque está en su casa tuvieron que darles las gracias a sus empleadas y dedicarse ellas a hacer todo el trabajo. Hay salones grandes que se quedaron sin auxiliares, solo con los estilistas, que lo hacen todo”.

Santamaría piensa que el sector se va a recuperar, sobre todo con el inminente levantamiento del “toque de queda”, porque si no hay limitación de horario entonces deberán efectuarse más eventos sociales. Pero la pandemia dejó ya una huella en su actividad profesional, porque a raíz del impacto económico a los salones de belleza él se convirtió en “freelance”.

“Estaba en un salón y cuando empezaron a reactivarse redujeron sueldos y comisiones, cambiaron horarios… Ya no conviene económicamente estar 10 horas en un salón donde ganas poco. Ahora trabajo en salones a base de citas y a mis clientas propias las atiendo en su casa”, relata. “Me sale mucho más práctico porque solo doy una comisión al salón y con las que atiendo por completo la ganancia es cien por ciento para mí”.

Santamaría subraya que quienes requieren el servicio de maquillaje no deben tener miedo de solicitarlo, porque los estilistas cumplen ahora con más rigor las medidas de higiene que seguían desde antes de la crisis sanitaria, como el lavado y la desinfección de las brochas. “Es seguir el protocolo y continuar con nuestras vidas”, manifiesta.

“La recuperación ha sido lenta en el rubro de maquillistas”, admite Annie Sáenz, quien ahora se enfoca más en clientas locales. Por esa razón, “una de las estrategias es implementar nuevos paquetes para consumo local, así como diversificarse con otros servicios que incrementaron su demanda, como la imagen capilar (cuidado y color del cabello), automaquillaje de ojos, pestañas de mink y micropigmentación de cejas”.

“Por eso abrí en plena pandemia, después del confinamiento, el Centro de Imagen Annie Sáenz”.— Valentina Boeta Madera

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