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Parque Lagunas de Montebello, imperdible

Un paseo en lancha a cargo de lugareños es una de las actividades que se pueden realizar en el Parque Nacional Lagunas de Montebello

Por el color de sus aguas y sus tupidos pinares que propician un paisaje espectacular, no se le pudo haber elegido un mejor nombre al Parque Nacional Lagunas de Montebello. Situado a una hora aproximadamente de Comitán, uno de los cuatro pueblos mágicos de Chiapas, el parque comprende una cadena de 52 lagos repartidos entre Guatemala y México.

En Chiapas 12 son visitables y lo sorprendente es que cada uno —dependiendo de la hora, el Sol y la profundidad del agua— tiene un color diferente, explica el guía.

Es una mañana de julio y en San Cristóbal de las Casas sorprendentemente no hace frío, aun así, el guía sugiere al grupo de paseantes llevar suéter, gorra y bloqueador solar.

No es exageración. Situado en los Altos de Chiapas a 1,500 metros sobre el nivel del mar, el clima promedio es de 19 grados y puede bajar más si hay lluvia.

Tres horas después de salir de San Cristóbal y luego de atravesar los poblados de Amatenango, Teopisca y Comitán, por fin se llega al parque en la zona de Tziscao, donde hay que atravesar dos casetas de cobro: la de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y la de los habitantes de la comunidad.

El pase da derecho a visitar las lagunas que están en la región, que en este caso contempla los lagos Montebello, Cinco Lagos, Pojoj, Tziscao e Internacional, en los cuales el visitante puede realizar diferentes actividades, como paseos en lanchas o balsas de corcho y recorridos a caballo.

La primera parada es en Montebello donde, como si el cielo estuviera aguardando la llegada del grupo, inmediatamente queda nublado y el aire se torna más fresco. Lugareños, aguardando en sus lanchas, preguntan a los paseantes si quieren un recorrido en lancha, pero el tiempo apremia y solo da tiempo para sacar algunas fotos o deleitarse con los aromas y sabores de dulces, café, chocolate y quesillo que se ofrecen en los puestos instalados en la entrada.

El siguiente punto es Cinco Lagos, cuyo nombre se debe a que en él confluyen cinco cuerpos de agua: La Cañada, La Escondida, El Caracol, El Perol y Peñablanca que pueden ser vistos en toda su grandeza desde un mirador.

En Cinco Lagos también hay paseos en lancha y puestos de diferentes productos, algunos traídos de Guatemala. Allí el grupo se da tiempo para probar los chinconguajes, una especie de gordita rellena de hongos, chorizo o frijol.

Las nubes se van tornando más grises y empiezan a caer algunas gotas cuando llega la hora de partir al lago Pojoj, donde hay la posibilidad de remar en balsas de corcho y visitar la isla Las Orquídeas.

Varios del grupo se animan a navegar. Con salvavidas y bolsas de nylon por si cae la lluvia, ellos emprenden la travesía hacia el islote que describen como único. En la isla coinciden con otro grupo que igual está maravillado, allí se dan tiempo de caminar para luego emprender el regreso en medio de una llovizna pertinaz que rápidamente se convierte en aguacero.

En sus caras se nota que lo han vivido es único y mientras suben las escalinatas —poniendo a prueba sus pulmones— prometen regresar algún día. Esperan unos minutos a que pase la lluvia bajo los aleros de los puestos.

Ya no da tiempo de visitar los demás lagos, pero los tres son suficientes para guardar en la memoria (y en la cámara fotográfica) uno de los lugares más hermosos no solo de Chiapas sino de México.— Iván Canul Ek

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