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Pedazo de paraíso II

La pintura “Pedazo de paraíso II” que el artista José Luis Loría creó durante su confinamiento

José Luis Loría (*)

Existe hasta nuestros días un corto fragmento que se recitaba en los misterios de Isis, es bello y corto “Las potencias celestes te sirven, los infiernos se te someten, tus manos mueven el universo, tus pies pisan el Tártaro, los astros contestan a tu voz, las estaciones aparecen por orden tuya, los elementos te obedecen”.

Antes de que un cubrebocas envolviera al mundo y las alas de la muerte como Pazuzu, la deidad mesopotámica, se posaran sobre Wuhan y se extendieran de continente en continente hasta tocar a todas las naciones, había casi terminado mi primer pedazo de paraíso hoy en una importante colección de Viena.

El interior determina el exterior. El portavoz de la naturaleza lo traigo dentro porque me identifico con ella y lo aplico o exteriorizo.

Este dibujo es el segundo de una colección de lo que para mí son pedazos del paraíso. En realidad son diferentes aspectos de mi paraíso interior y están todos relacionados con mis múltiples experiencias en las selvas del sur de México.

Con esta obra pretendo dar un respiro al mundo entre tanta vorágine que hemos vivido durante los últimos 50 años marcados por un desenfrenado hiperconsumismo de la naturaleza, es decir, de la destrucción de nuestro paraíso.

Desde el inicio de esta cuarentena, mi mente ha sido la única ventana por la que he podido escaparme al pasado y revivir aquellos lugares mágicos donde hace más de 40 montaba a caballo bajo fuertes lluvias viendo revolotear las guacamayas rojas (Ara macao), mientras pasaban enfrente en el camino enormes mariposas Morpho de un intenso e iridiscente azul metálico, mientras en las copas más altas de los árboles veía los nidos colgantes de decenas de oropéndolas entrar y salir dando de comer a sus polluelos.

La vegetación, orquídeas de vainilla, las piedras de río, insectos, aves y mamíferos eran para mí imágenes del verdadero paraíso.

Hoy a mi encierro respondo con esto y me digo a mi mismo: “No hagas nada y entrégate como si estuvieras flotando en el mar... entrégate a tu destino”.

Me paso los días enteros dibujando, a mi mente llegan recuerdos del pasado... la casa de Ana Frank (1971, Amsterdam, Neederland), hoy soy yo quien escribe en el encierro este diario.

¿Para qué apurarme y estresarme? Mejor veo esta pasmosa quietud como un lujo voluntario. Si la mayoría de la gente no lo hace por temor a perder su trabajo y la garantía de su existencia, yo como artista he aprendido en el curso de mi vida a sobrevivir y muy bien sé que “aquel que logra mantenerse positivo en un ambiente negativo gana”. Así, por primera vez en la era contemporánea, veo cómo la mayoría de las personas están viviendo con lo necesario.

Es por ese peligro invisible al que yo respondo con un paraíso visible, una propuesta creativa de frente a la paranoia.

Así, al paso de los días prefiero apegarme a una estricta disciplina estética en lugar de fijarme en el comportamiento de la sociedad, donde conozco a muchos cuyas conductas prefiero callar, prefiero pensar a opinar.

“Usted tiene el pincel y los colores. Pinte el paraíso y después entre en él”. Y así lo hice.

Pintor

La naturaleza hizo un mundo y el arte otro. En resumen, todo es artificial, porque la naturaleza es el arte de Dios. (Browne, T., Religio MEDICI, I. [1642]). Eso hemos destruido.

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