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Prudencia en el santuario de Fátima

Una mujer agita un pañuelo durante la procesión en el Santuario de Fátima

Respetan la cifra límite de gente para asistir

 

FÁTIMA (EFE).— Se fijó un máximo de 6,000 personas para reducir el riesgo de Covid, pero la última peregrinación internacional del año no alcanzó ese límite en el santuario de Fátima, donde los fieles mantuvieron mascarilla y distancia, situándose dentro de círculos dibujados en el suelo.

La inquietud que rodeaba a la cita, agravada por el ascenso de casos de coronavirus que vive Portugal, se diluyó pronto en el templo, que estrenó límites después de que una multitud superase el anterior aforo y obligase a cerrar los accesos en septiembre.

Era una situación inédita, después de que en su fecha más importante, el 12 y 13 de mayo, se hubiera realizado la primera peregrinación de su historia sin peregrinos por coronavirus; tras la sorpresa, la atención se desplazó a la última de las grandes celebraciones del año, en octubre, donde se temía una nueva afluencia masiva.

Y con expectativa compartida por Iglesia y autoridades de salud, se fijó que podrían estar un máximo de 6,000 personas en el recinto, de 48,000 metros cuadrados y que antes de la pandemia solía acoger a unas 100,000 personas.

Ayer, apenas superó las 4,000 en el más álgido momento de las celebraciones: su final, con la procesión del adiós, que el obispo de Leiria-Fátima, António Marto, anunció justo después de asegurar que ver la explanada con fieles en tiempos de Covid era “un espectáculo”.

“Me he acercado solo a ver, entro a trabajar ahora, y me doy cuenta de que al final podía haber venido, es menos de lo que me esperaba”, cuenta a Efe Caterina, poco antes del arranque del rezo del rosario que abre las celebraciones del día 13.

Vestida completamente de negro y apretando entre las manos un rosario del mismo color —apenas la mascarilla de flores rompe la unidad cromática—, observa la escena desde una de las entradas al recinto, en las que hay decenas de voluntarios con botes de gel antibacterial para los visitantes.

El suelo, con círculos blancos dentro de los que situarse para seguir la misa con distancia de seguridad, empieza a llenarse horas antes de que todo comience, otra precaución de los fieles, que ante la repercusión de las nuevas medidas prefirieron salir de casa con horas de antelación para asegurarse un lugar.

Es el caso de Manuel Correia y su esposa, Maria, ambos jubilados y que emprendieron viaje a las cuatro de la mañana desde su casa, en el norte de Portugal, para llegar a las ocho. Sentados en taburetes plegables que cargaron en el maletero, ocupan la primera fila sin demasiada competencia y satisfechos con las nuevas medidas de seguridad.

"Hasta ahora está saliendo bien, menos mal. Venimos desde 1963, siempre mayo, y este año no hemos podido llegar hasta ahora", explica.

El aforo máximo tampoco se alcanzó anteanoche, cuando comenzaron los actos de la peregrinación internacional con la tradicional procesión de las velas, con alrededor de 4,500 asistentes.

Un fuerte descenso con respecto al domingo, ensayo general de las nuevas medidas y que sí obligó a cerrar las puertas al mediodía al llegar a las 6,000 personas.

Entre una y otra escena se han sucedido malas noticias sobre el coronavirus, que sigue en ascenso en Portugal, donde los últimos cinco días se han superado los 1,000 nuevos casos diarios.

Desde que comenzó la pandemia el país acumula cerca de 88,000 infectados y 2,094 víctimas mortales, y el Gobierno se prepara para avanzar esta misma semana con nuevas medidas.

Golpe económico

Para el santuario, el coronavirus supone un fuerte impacto en sus cuentas, que no se divulgan desde 2006, una opacidad que desde el templo justifican por la indefinición fiscal en el acuerdo que regula las relaciones entre Iglesia y Estado luso.

Pero sí se saben algunas de las repercusiones del virus. Fátima ha visto reducidos sus ingresos en un 50.6% hasta septiembre en relación al año anterior, y sin peregrinos han caído también los donativos, que se han desplomado casi un 50%.

El rector del santuario, Carlos Cabecinhas, explicó que este año, entre octubre y noviembre, tienen inscritos solo 97 grupos de peregrinos, mientras que el año pasado hubo 733 grupos solo en el mes de octubre. Así las cosas, 51 personas han perdido sus empleos en el santuario, entre no renovaciones de contrato, jubilaciones, dimisiones y lo que el templo define como “acuerdos amigables de rescisión”.

“Los recursos no son inagotables”, se defendió Cabecinhas después de que periodistas le recordaran que en mayo el obispo de Leiria-Fátima dijo que no habría despidos.

 

 

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