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Pueden esperar los refuerzos en la inmunización

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LONDRES (EFE).— La administración de una dosis de refuerzo contra el Covid-19 a toda la población no es algo “apropiado” en este momento de la pandemia, debido a la alta eficacia de las actuales vacunas para prevenir la forma grave de la enfermedad, según un estudio internacional publicado ayer en la revista “The Lancet”.

La investigación, efectuada por un equipo internacional en el que participaron científicos de la Organización Mundial de la Salud y otras instituciones, examina los datos de todas las pruebas clínicas y estudios observacionales publicados.

A partir de su análisis, los expertos constatan que las vacunas existentes “siguen siendo altamente efectivas contra la enfermedad grave”, incluso la producida por las variantes de más riesgo.

Según estudios observacionales, la vacunación actual muestra una eficacia del 95% contra la enfermedad grave, tanto por la variante delta como por la alfa, y de un 80% contra el contagio por cualquiera de ellas.

En todos los tipos de vacunas y variantes la protección es más elevada frente a la enfermedad grave que ante la leve.

Los autores agregan que, si bien se sabe que las dosis son un poco menos efectivas contra el Covid-19 asintomático y su transmisión, en las poblaciones con alto índice de inoculaciones son los no vacunados los principales vectores de contagios, así como el grupo con mayor riesgo de padecer la forma grave.

Los expertos subrayan que, incluso si los anticuerpos en personas vacunadas disminuyen con el tiempo, eso “no necesariamente significa una reducción de la eficacia de las vacunas contra la enfermedad grave”.

Esto podría ser, añaden, porque la protección contra el Covid-19 virulento “está mediada no solo por las respuestas de anticuerpos, que pueden ser a corto plazo en algunas vacunas, sino también por las respuestas (inmunes) memorizadas y la inmunidad mediante células, que duran más”.

“Tomados en su conjunto, los estudios disponibles no aportan pruebas creíbles de que haya un declive sustancial de la protección contra la enfermedad grave, que es el principal objetivo de la vacunación”, manifiesta Ana María Henao-Restrepo, una de las autoras.

La especialista argumenta que, dado que el suministro de vacunas es limitado, se salvaría el mayor número de vidas si los biológicos “se ofrecen a personas que tienen un riesgo apreciable de enfermar de gravedad y aún no han sido vacunadas”.

Incluso si hubiera en última instancia algún beneficio en administrar la dosis de refuerzo, no superaría los beneficios de proporcionar esa protección inicial a las personas que aún no han sido inoculadas, subraya.

Henao-Restrepo señala que si las vacunas se aplican donde son más necesarias “podría acelerar el fin de la pandemia al inhibir la evolución de las variantes”.

Los expertos agregan que si finalmente se utilizan las vacunas de refuerzo habrá que identificar las circunstancias y los grupos de población concretos en que el beneficio supere el riesgo.

Sostienen además que, en todo caso, una dosis de refuerzo será más útil y duradera si se administra un preparado diseñado para combatir futuras nuevas variantes y no las actuales.

La coautora Soumya Swaminathan advierte que, “aunque la idea de reducir el número de casos de Covid aumentando la inmunidad en personas ya vacunadas es atractiva”, cualquier decisión en este sentido “debe estar fundamentada en la evidencia” científica y “sopesar los riesgos para las personas y la sociedad”.

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