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Quiere Vivienne Westwood un mundo mejor

La diseñadora Vivienne Westwood posa en una jaula para protestar por la extradición del fundador de Wikileaks

LONDRES (EFE).— La diseñadora y activista británica Vivienne Westwood ha hecho siempre “lo que le ha dado la gana”. Esa rebeldía, que le valió el título de “reina del punk”, perdura incombustible a sus 80 años —que hoy celebra— con el objetivo de cambiar el mundo, ya sea a través de su ropa o de sus acciones.

Nació como Vivienne Isabel Swire en 1941 en Derbyshire (centro de Inglaterra) con una “gran pasión por conocer y entender su alrededor, y con un gran sentido de la injusticia en el mundo” provocado por la Segunda Guerra Mundial, explicó el hijo de la diseñadora, Joe Corré.

“Cuando era pequeña, vi un cuadro de la crucifixión de Cristo y me cambió la vida”, contó la diseñadora en el documental “Vivienne Westwood: Punk, Icon, Activist”. Aquello le hizo sentirse “engañada” porque sus padres no le habían contado el final del “niño Jesús”. Desde entonces, decidió “averiguar las cosas” por sí misma. Para Corré esa es, precisamente, la definición de “punk” que le transmitió su progenitora. “El punk es investigar las cosas por ti mismo, lo que crees que está pasando, y no aceptar solo el ‘statu quo’ ni la hipocresía”. Y Westwood plasmó esta idea en su ropa desde los 11 años.

Animada por su profesor, se mudó a Londres con 17 para estudiar en una escuela de arte, que abandonó a los tres meses para hacer Magisterio y tener más salidas profesionales. “Si no consigo ser artista, podré ser profesora”, pensó Westwood.

Corrían los años 60, y a ritmo de 'rocanrol' la británica conoció a su primer marido, Derek Westwood, con quién tuvo a su primogénito, Ben, y del que se separó al poco tiempo, cuando conoció a Malcolm McLaren, el manager de los Sex Pistols y padre de su segundo hijo, Joe Corré.

"Vivienne no fue particularmente maternal, ni una mujer convencional que hiciese la cena y la comida cada día y te preparase el almuerzo para ir al colegio. Nunca pasó nada de eso, eso no es Vivienne", confiesa Corré.

Aun así, se siente "bendecido" por tener una madre como Westwood, que tanto a él, como a su hermano Ben, les otorgó una "gran independencia y responsabilidades" desde pequeños, cuando disfrutaban al cocinar y hacer la colada en la casa familiar.

Un piso muy pequeño en el barrio londinense de Clapham, que Corré define como "una pequeña fábrica" en donde la diseñadora confeccionaba sus prendas en los comienzos, por lo que estaba todo estaba "lleno de cosas", hasta el baño y la cocina.

Su camino en el diseño de moda comenzó de forma autodidacta y bajo la influencia del estilo urbano y la subcultura, que llevaron a Westwood y McLaren a romper con la moda "clásica y anticuada" para llevarla hacia nuevas direcciones, y a través de materiales experimentales como el látex o el caucho.

Westwood buscaba desarrollar looks en los que la gente “tuviese algo que ofrecer, pero luciendo increíble”, indicó Corré, mientras portaban mensajes revolucionarios, eslóganes políticos e incluso referencias sexuales, en la línea del “bondage” y del sadomasoquismo.

La pareja comenzó a mostrar sus diseños en una pequeña tienda de Chelsea, a la que renombraron como "SEX", sin grandes pretensiones. El hecho de vestir a los Sex Pistols aumentó enormemente su influencia, aunque siempre fue una "intrusa" en la industria de la moda mainstream, asevera Corré.

Activista

Con el paso de los años, Westwood ha aumentado su compromiso frente a lo que considera “injusticias”: desde el juicio contra el activista Julian Assange hasta el cambio climático, influida por la saga de libros de “Gaia” de James Lovelock y por su viaje al Polo Norte junto con Greenpeace.

Westwood lanzó en 2012 “Climate Revolution”, su plataforma medioambiental, y, junto a su marido, el austriaco Andreas Kronthaler, amadrina numerosas organizaciones climáticas y participa habitualmente en manifestaciones.

Además, la activista tiene un diario semanal en el que expresa sus preocupaciones sobre el mundo. En él, ha escrito un manifiesto para "salvar el planeta" lanzando una baraja de cartas en la que explica, a través de sus diseños, cuál es la estrategia a seguir para cambiar el mundo.

Con 80 años a sus espaldas, la majestad del punk conserva su energía, pues "nunca ha parado de trabajar", porque ella será feliz cuando sus ideas se conviertan en realidad, al igual que lo es disfrutando de la naturaleza, o leyendo sentada en su cama.

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