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Ramírez Aznar y su “Obra última”

Gabriel Ramírez Aznar con una de sus más recientes obras

Una explosión de color del artista plástico yucateco

Fiel a su estilo, el pintor Gabriel Ramírez Aznar presentará veintisiete acrílicos abstractos en el museo Fernando García Ponce Macay a partir del viernes 25.

Se trata de su colección más reciente a la que tituló “Obra última”, nombre que le hace gracia sobre todo porque en enero pasado cumplió 80 años de edad.

“Si hubiera dicho penúltima hubiera sido peor”, dice el maestro, quien lleva su broma un poco más allá: “también podía ser: si viste una, viste todas”.

Nacido en Mérida el 4 de enero de 1938, a Ramírez Aznar tampoco le hace tanta gracia que lo inviten a exponer solo porque cumple ocho décadas de vida. “Parece que a alguien le sorprende que a los 80 años uno siga pintando pero un pintor nunca deja de hacerlo, no se retira como cualquier otro profesionista. Un pintor sigue haciendo su arte hasta que ya no tiene fuerzas”.

Ramírez Aznar comenzó a pintar a los 21 años sin haber estudiado pintura o ingresado a una academia. En aquel entonces ya vivía en Ciudad de México, a donde emigró con su familia por problemas económicos. “No llegué a México a hacerme pintor, no sabía hacer nada, mis primeras chambas eran de diligenciero; pero tuve la suerte de estar en el momento correcto y con las personas correctas”.

En la capital del país estuvo hasta 1975 cuando retorna a Mérida siendo ya un artista reconocido. Incluso el Macay le dedicó una de sus salas permanentes.

En esta ocasión el maestro presentará su obra más reciente que realizó de enero a la fecha. “Pinto rápido porque este tipo de obras así lo requiere”.

Añade que su labor se divide en tres sesiones, pero siempre el cuadro debe estar hecho en la primera; en la segunda hacer las correcciones y en la tercera el acabado final.

Revela que los más difícil de pintar un cuadro es el principio y el final. “Lo que está entre esos dos puntos es lo que me gusta, el trabajo en sí; la meta no me gusta”.

Señala que la meta o el pincelazo final es una cosa instintiva. “En mi caso el cuerpo me dice cuándo he cometido un error. Si pintara con lentes se me empañarían. Entonces me doy cuenta que metí la pata”.

Por eso hasta ahora, a pesar de que tiene cataratas, hace a un lado sus anteojos cuando pinta. “Digamos que pinto a ciegas”, confiesa. “Ahora me doy cuenta que he metido la pata cuando empiezo a acalorarme”.

Ramírez Aznar asegura que pintar es un proceso desgastante pero que se disfruta. “Siempre digo que la pintura es un juego serio y comparo a un pintor con un niño cuando juega.

“Si uno observa a un niño con un par de carritos se imagina que estos están en la carretera; todo ese mundo del niño cuando juega es lo mismo que pasa con un pintor: está tan metido en su juego que no se da cuenta de lo que hay a su alrededor”.

A él le pasa lo mismo, pinta porque le produce placer. “Me emociono y gozo la pintura y el color, pues este último ejerce en mí una influencia biológica”.

Mucho color es lo que el público verá en la muestra. “No sé si es el término correcto pero son cuadros alegres, violentos, pero básicamente son producto de un momento de alegría o placer. Yo no pinto angustiado ni nada, pinto con alegría”.

Señala que no medita sus cuadros. “Todo es espontáneo”, dice tras comentar que ello le permite mayor libertad, aunque se considera un timorato, tanto que odia los llamados accidentes, esos en que se arroja la pintura para ver qué sale”.

Tras asegurar que no suele analizar sus obras, Ramírez Aznar señala que en sus 60 años de carrera ha habido ciertos cambios. “Percibo un cambio, yo lo noto más limpio todo. En mis exposiciones anteriores estaba atascado todo, había demasiados elementos… He visto cuadros de hace algunos años que están colgados en un restaurante y me doy cuenta que están mal, quisiera bajarlos y retocarlos todos”.

En su casa igual tiene muchos cuadros porque, asegura, no suele vender muchos. “Vendo poco porque a la gente no le gusta los colores tan brillantes, quieren algo más comedido que no los inquiete tanto, cosas que apaciguan.

A pesar de tanto reconocimiento, Ramírez Aznar se considera un pintor bastante olvidado. “En este país todo está centralizado, y en la cuestión de las artes si no estás en la capital no existes”. Un familiar con el que no habla mucho se comunicó una vez y le preguntó: “¿sigues en eso de la pintada?”.— Iván Canul Ek

 

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