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Reconoce todos tus sentimientos

Foto: Megamedia

Hablemos de Bioética

Galeno (II d.C.), entre sus investigaciones, hablaba del temperamento como una mezcla de humores. Según él, toda la salud se examinaba en relación con los humores, que daban lugar a una forma de ser particular. Hoy día, sabemos que el humor indica una disposición de ánimo o actitud interior difusa y persistente, sin objeto ni estímulo preciso y, por tanto, algo poco consciente.

A partir del humor se valoran las cualidades de los estados de ánimo: triste, alegre u optimista. En nuestra naturaleza cambiante, también el estado del humor fluctúa continuamente, como tantos otros intereses, afectos hacia los demás, apetitos, etc.

Las emociones son los estados afectivos más agudos, de alta intensidad y poco duraderos, producidos por ideas, recuerdos o sensaciones. El estímulo puede ser real o imaginario como, por ejemplo, el miedo, la cólera o la angustia.

Los sentimientos en cambio, duran más en el tiempo y nacen o se despiertan en el alma después de emociones repetidas, como una conceptualización de ellas. Tienen una intensidad moderada; son siempre de signo positivo o negativo y no suelen acompañarse de manifestaciones somáticas. Nunca son neutros. El aburrimiento, por ejemplo, como explica el psiquiatra E. Rojas, podría parecer algo neutro, pero “su vivencia cabalga entre la angustia y la tristeza: es una inquietud ante el vacío y el desinterés de todo que provoca melancolía; todo se vive con tal lentitud que el tiempo no acaba de pasar, haciéndose los minutos horas”.

Las pasiones son similares a los sentimientos en cuanto a la duración temporal, y a las emociones en cuanto a la alta intensidad. Se manifiestan como un afecto muy vivo por una persona o cosa, que empuja constantemente en esa dirección. Algunos sentimientos pueden transformarse en pasiones, si aumentan de intensidad. Así ocurre, por ejemplo, con el amor, el odio o los celos.

En el proceso de decidir, aspecto muy importante en nuestra vida, pues todos los días tomamos decisiones en menor o mayor medida, actúan todos estos aspectos de la afectividad. Se puede decir que lo primero es un querer emocional, al que sigue un querer racional, pero de este tema hablaremos con mas amplitud en un siguiente artículo.— Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, doctorando en Bioética

 

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