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Renovado entusiasmo

Misioneros de Guadalupe de las casas que tiene en varias ciudades de la República están reunidos este fin de semana en Mérida: Damián Bernal Cordero

Los Ángeles, la próxima misión de un sacerdote

Cuando muchas personas a su edad ya piensan en el retiro de su vida laboral, el sacerdote yucateco Carlos Domingo May Correa, Misionero de Guadalupe, espera con el mismo entusiasmo de su primera encomienda, hace ya casi 30 años, el inicio de su próxima misión en Los Angeles, California.

Después de las tres décadas de vida sacerdotal —las cumplirá el próximo año—, 22 de ellos en Africa, el ministro ha recibido la instrucción de sus superiores del instituto de trabajar en una parroquia angelina donde hay necesidad de atender a una gran población de latinos, sobre todo mexicanos.

Vuelta al inicio

Será como el cumplimiento de un anhelo que le nació cuando, antes de su primer viaje a Africa en 1990, fue enviado unos meses a Los Angeles para aprender inglés, ya que es una de las lenguas oficiales en Kenia. La otra es el swahili.

Durante su permanencia en la ciudad californiana constató que, pese a que muchos de ellos hablan inglés y español, cuando se trata de asuntos personales, espirituales o familiares, los hispanos prefieren su lengua y cuando necesitan orientación de algún sacerdote, buscan a alguien que les hable en su mismo idioma.

Ese fenómeno le llamó la atención y desde entonces pensó que le gustaría mucho algún día trabajar en una comunidad así. “Siempre me mandan donde me gusta: quería ir a Africa y me enviaron ahí; quería trabajar en la formación de seminaristas y me pidieron que lo hiciera un tiempo; quería trabajar en Los Angeles y se me cumplirá pronto”, comenta en una conversación con el Diario en la Casa de los Misioneros de Guadalupe en esta ciudad, en la calle 47 número 455-A entre 50 y 52, en el Centro Histórico.

Misa de envío mañana

Como parte de las normas internas de los Misioneros, mañana domingo, a las 12 del día, en la iglesia del Buen Pastor de San Pedro Cholul se efectuará la misa de envío del padre Carlos May a Los Angeles, ceremonia que presidirá el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega.

Se espera la asistencia del superior general de los Misioneros de Guadalupe, padre Raúl Ibarra Hernández, quien llega expresamente para la ceremonia eucarística y mañana mismo en la tarde se va de regreso.

Nacido en Guadalajara, el padre Ibarra es superior general desde hace tres años y parte de su labor misionera la ha desempeñado en Angola, donde también han colaborado varios sacerdotes yucatecos.

“La Iglesia nos manda y por eso se hace esta ceremonia, en la que el obispo o el superior a nombre de la Iglesia de México nos manda a este nuevo compromiso que vamos a atender —explica el padre Carlos al Diario—. Nosotros somos misioneros, pero nos mandan como instrumento de la Iglesia en México”.

Se trata de un rito breve, como un símbolo, añade el sacerdote. Después de la homilía, el que preside la ceremonia se dirige al misionero y le dice: “En nombre de la Iglesia de México, te envío para evangelizar a donde quiera que vayas”. Enseguida le entrega el Cristo misionero.

Motivado

¿Qué significa para usted este nuevo desafío en su vida sacerdotal?, se le pregunta al padre Carlos.

Me tiene motivado, estoy entusiasmado con esta nueva experiencia, responde el sacerdote nacido en Valladolid el 4 de agosto de 1960. La primera vez que estuve en California me llamaba la atención la gran necesidad de valores espirituales, situaciones muy difíciles que se viven en los núcleos sociales, familias disfuncionales, y cómo buscaban ayuda en el sacerdote, de preferencia que hablara español.

Aunque muchos de los hispanos hablan inglés —dice—, para tratar los temas espirituales, personales, familiares…, prefieren hablar en español.

Ahí fue cuando pensó que en algún momento de su ministerio le gustaría servir en esa Iglesia. Siempre había tenido esa idea, ese anhelo, que comentó con sus superiores y ahora que está aquí se presenta esa necesidad: en la diócesis de Los Ángeles buscan precisamente un padre que hable inglés y español, que pueda apoyar en la pastoral entre los hispanos.

En principio, estará en la parroquia de Santa Martha, que está bajo el cuidado pastoral de los Misioneros de Guadalupe.

El objetivo

Estaría ahí unos meses y probablemente luego vaya a otra parroquia donde convivirá con sacerdotes diocesanos locales que tienen una comunidad grande hispana pero ellos no hablan español. Este es el objetivo, subraya el padre May Correa, apoyar a sacerdotes con comunidades grandes de hispanos pero que no hablan español.

Los envíos son para misiones en períodos de tres años, pero que son renovables, dependiendo de las necesidades pastorales.

En la charla, el sacerdote recuerda algunos pasajes de su ministerio, que se acerca ya a las tres décadas, ya que fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1990 por el fallecido arzobispo Manuel Castro Ruiz, en Valladolid.

Su primer envío fue en agosto de 1990, previa estadía en Los Angeles para estudiar inglés, como ya señalamos. A fines de 1990 llega a la zona de Mulot, Kenia, en la diócesis de Ngong, donde es enviado a trabajar entre la tribu Kipsiguis.

El lenguaje

Lo primero que hizo fue aprender la lengua kipsiguis, algo que logró con el apoyo de los niños. Años después aprendió el swahili.

Su labor abarcaba unas 30 aldeas y la realizaba en condiciones precarias porque no había carreteras, solo caminos malos de terracería, y tampoco luz ni agua.

En los programas de evangelización se ponía énfasis en la promoción de la dignidad de la persona, en términos de educación, salud, desarrollo económico y educación en la fe. Se trató de desarrollar liderazgos locales diferentes, con valores cristianos, tratando de no imponer, sino de proponer.

A México

Fue una experiencia que se prolongó hasta el año 2000, cuando sus superiores lo traen de nuevo a México para que colabore en la formación de los seminaristas de los Misioneros de Guadalupe, labor que desempeñó durante seis años.

De los grupos que tuvo salieron por lo menos 15 sacerdotes, que ahora trabajan en diferntes partes del mundo, como Hong Kong, Africa y América Latina.

En 2006 regresa a Kenia, no al mismo lugar, sino en la ciudad capital, Nairobi, donde trabaja en un cinturón de miseria llamado Kibera, un espacio muy pequeño donde viven más de un millón de personas, en condiciones deplorables.

Ahí trabajó 12 años, hasta que regresó en 2018 y fue enviado a Mérida para establecer la Casa de los Misioneros.— Víctor M. Dzul Zum

 

Misiones Casa en Mérida

Comunidad

Desde 2018 los Misioneros de Guadalupe tienen una casa en Mérida, donde viven en comunidad tres sacerdotes: el superior Martín Cisneros, de Michoacán; Roberto Figueroa, de Zacatecas, y el yucateco Carlos May Correa.

Presencia

La finalidad de esta casa es participar y contribuir a la vida de la Iglesia en esta parte del país, promover a los Misioneros de Guadalupe, darlos a conocer.

Ciudad Caucel

Este año los sacerdotes estuvieron, entre otras labores, brindando apoyo en la parroquia de Santa Teresa de Calcuta en Ciudad Caucel.

San Francisco

También han realizado su trabajo pastoral en la iglesia de San Francisco de Asís en esta ciudad.

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