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Rodulfo G. Cantón, el patriota olvidado (III)

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Piedad Peniche Rivero (*)

...Más adelante, por diferencias de opinión del gobierno federal, G. Cantón cambió los planes de la ruta del tren por otra que conectaría Valladolid y Peto, en los límites de la “civilización”, con la frontera de Belice. Eran 450 km. de una muy arriesgada vía a través de la selva que difícilmente encontraría inversionistas: sólo el patriotismo iba tan lejos. No obstante, se hizo de un socio prominente, el comerciante y exportador Olegario Molina, entre otros, y en marzo de 1897, por la friolera de $750,000, la Compañía de los Ferrocarriles Sud Orientales (FCSO) obtuvo la concesión federal para construirla.

En la búsqueda de inversionistas, G. Cantón y Olegario Molina promovieron el proyecto en periódicos locales señalando los ya conocidos objetivos de pacificación y colonización de tierras públicas, y explícitamente se refirieron a complementar la economía peninsular mediante el desarrollo de nuevos puertos en la costa sudoriental, la explotación de las selvas ricas en chicle y otras materias primas, así como la explotación de una nueva fuente de trabajadores agrícolas (los mayas rebeldes). Señalaban que era deber cívico de todos los yucatecos comprar una acción de la Compañía, que se mantenía en 100 pesos, redimibles con abundantes tierras ricas en chicle, tintóreas y hule. Sin embargo, ni los grandes inversionistas del Noroeste ni los pequeños del Sudeste querían arriesgar sus capitales en el proyecto del FCSO. Unos, porque el peligro de los ataques mayas estaba unido a la coyuntura de la Guerra de EE.UU. contra España, lo cual significaba mucha demanda de henequén. Otros, porque temían al hambre de tierras de los ricos promotores del FFCC, un temor que reflejan hoy día las comunidades indígenas respecto de las áreas más sensibles en el trazo del Tren Maya.

En pos de un sueño

En busca de capital, Rodulfo viajó intensamente a Ciudad de México y Nueva York. Su compromiso más inmediato era reunir los $750,000 del descomunal depósito que fijó la Secretaría de Comunicaciones a la FCSO para garantizar sus intenciones. En Nueva York, Walter Munson, director de la línea de vapores Ward y Munson que daba servicio regular a Progreso, compró 1800 acciones. En Nueva York, G. Cantón consiguió que ciertos banqueros suscribieran un tercio del total del capital de trabajo de la compañía a cambio de que fuesen compañías de los EE.UU. las que construyesen el tren y suministrasen todos los materiales.

Pero en 1901, aún faltaba dinero para concretar el sueño, por lo que Rodulfo regresó a Nueva York a fin de gestionar otro crédito. Sin embargo, lo que pudo reunir seguía siendo insuficiente porque el presidente Porfirio Díaz se mantenía inflexible en el monto de la concesión. Finalmente, el Banco Nacional de México accedió a un préstamo para cubrir la diferencia mediante un arreglo financiero. Extrañamente, el Secretario de Finanzas, I. Limantour, rechazó tal arreglo, terminando toda esperanza de construir el FCSO. El caso fue que el tren sudoriental sólo llegó a tener 15 km... (Continuará)

Exdirectora del Archivo General del Estado

 

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