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Ruptura entre ley y fe

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A pesar de que para los mayas los sitios prehispánicos son sagrados, los reglamentos de uso no consideran facilidades de acceso para ellos

Para el arqueólogo e investigador independiente Florentino García Cruz, “hay una ruptura entre los mayas y sus creencias, y la ley que no los considera a ellos como propietarios” de los monumentos prehispánicos.

“Los despoja no solo de ser los primeros en disfrutar esos sitios sino de llevar sus ofrendas y realizar ceremonias”, indica.

En su opinión, cambiar la situación pasa por la concienciación de sus colegas y los directores de instituciones que no comparten las creencias religiosas de la población maya. “Si se encuentran con un director que entiende muy bien ese sentimiento, les otorgaría facilidades; pero si se encuentran con un director que dice que son patrañas o locuras, se las va a negar”, advierte.

“También”, continúa, “debería haber leyes que digan que los herederos de los sitios arqueológicos son los indígenas y, por lo tanto, ellos son los que primero deben disfrutarlos y dárseles facilidades de acceso”.

“Y no deberían pagar en las zonas arqueológicas porque es su cultura, sus antepasados las crearon, ellos son los legítimos herederos”.

A ese respecto, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dice al Diario que, “de acuerdo al marco jurídico de nuestro país, los diversos patrimonios materiales, entre ellos el patrimonio cultural heredado por culturas precedentes al contacto con las culturas europeas, son considerados patrimonio nacional, el cual está bajo tutela del Estado Mexicano”.

Cuestionada sobre la posibilidad de exentar a la población indígena del pago de entrada a los sitios arqueológicos, la institución remite al artículo 288 de la Ley Federal de Derechos, que especifica quiénes están obligados a cubrir esa cuota y con quiénes se hace una excepción.

La norma establece que no pagan “las personas mayores de 60 años, menores de 13 años, jubilados, pensionados, discapacitados, profesores y estudiantes en activo, así como los pasantes o investigadores que cuenten con permiso del Instituto Nacional de Antropología e Historia para realizar estudios afines a los museos, monumentos y zonas arqueológicas a que se refiere este artículo”.

“Asimismo, estarán exentos del pago de este derecho los visitantes nacionales y extranjeros residentes en México que accedan a los museos, monumentos y zonas arqueológicas los domingos”.

Presupuesto

Los recursos económicos que se obtienen por ese concepto “se integran como parte del presupuesto general del INAH y se asignan en diversos programas de investigación y conservación del patrimonio cultural”.

El arqueólogo Esteban de Vicente Chab, jefe de Patrimonio Arqueológico del Ayuntamiento de Mérida, apunta que el marco legal precisa las instancias que están a cargo de “la vigilancia, investigación y administración de los sitios arqueológicos” y en lo que respecta a ese departamento de la Dirección de Desarrollo Urbano “nos apegamos al marco también nosotros”.

Asimismo, explica que la autoridad municipal se encarga de dar mantenimiento a la veintena de parques de la ciudad donde hay vestigios prehispánicos, pero “a veces se requiere algún tipo de intervención para recolocar piedras, hacer una nueva delimitación, y eso se hace en coordinación con el INAH”.

A pesar de la relevancia que aún tienen los antiguos centros ceremoniales para numerosos pobladores mayas, la lejanía de los sitios más explorados en relación con las comunidades indígenas y el escaso material informativo dirigido a ellas produce en ocasiones un distanciamiento entre unos y otras, a decir del educador indígena Gilberto René Tun Balam, originario de Peto y Premio Nacional de la Juventud 2017 en la categoría de Compromiso Social.

Algunos de sus familiares, todos mayahablantes como él, “no conocen ni siquiera dónde queda Chichén Itzá, Ek Balam o Uxmal; sí significan mucho (los monumentos prehispánicos), pero los que vivimos en una comunidad maya muchas veces no tenemos a disposición la información, está dirigida a los extranjeros y en otros idiomas”.

“Para acceder a esos lugares hay una cuota que pagar”, añade. “Por ejemplo, mi abuela, monolingüe maya de 89 años, aunque quisiera ir el acceso le va a ser difícil. También hay un protocolo para entrar... Y es válido cuidar la zona, sin embargo hay un desconocimiento hacia nosotros los mayas”.

Creencias compartidas

Para Leydi Lucely Dorantes Cob, directora del Centro Herbolario de Yaxcabá, la población maya la conforman “quienes practican las creencias”, aun si no comparten rasgos de los habitantes de comunidades indígenas, como la lengua.

Integrante de la asociación civil Kuch Kaab Yéetel J-Meen Mayaa’ob, la médica tradicional y partera indica que en esa organización de sacerdotes mayas “tenemos a los que son mayas de corazón, no importa de dónde sean, hasta de otros países, pero que van adoptando nuestra cultura y creencias”.

Gilberto Tun recuerda que hablar la lengua era antes el factor que definía a una persona como maya; “sin embargo, debido al proceso de globalización, la mayoría de los niños en comunidades ya no la están hablando, pero llevan en la mente la cosmovisión y las tradiciones”.

“Algunos tienen apellido maya, algunos no; entra mucho en juego cómo la comunidad te percibe. La persona se puede considerar indígena cuando vive la comunidad, nuestra condición maya”, apunta.

El profesor, locutor en la estación de radio XEPET “La voz de los mayas”, enfatiza que “los mayas siempre hemos sido los mayas, no tenemos que identificarnos como mayas del pasado o actuales”.

“Muchos dicen que los mayas existieron en las zonas arqueológicas, pero los mayas aún estamos presentes en Yucatán, seguimos en nuestras comunidades. Yo no hablaría de mayas actuales o antiguos, somos mayas y lo seremos por siempre”.— Valentina Boeta Madera

“Debería haber leyes que digan que los herederos de los sitios arqueológicos son los indígenas y, por lo tanto, ellos son los que primero deben disfrutarlos”

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