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“ Salir al escenario es morir”

Foto: Megamedia

Con su figura delicada Itari Marta podría dar a primera vista la sensación de fragilidad. Pero no. Habla y es “brutalmente honesta”. Como cuando dice que Mérida, su ciudad de origen, tiene un aspecto bonito en la superficie “pero algo está muy podrido adentro” (“no hay violencia en las calles, pero es la número uno en embarazo infantil”).

Itari Marta

Valentina Boeta Madera

O cuando asegura que el acceso al teatro no debe ser gratuito para el espectador. O que “salir al escenario es morir”.

La actriz, directora del Foro Shakespeare y de la compañía de teatro El Mago en el reclusorio Santa Martha Acatitla en Ciudad de México, regresó a su estado natal para participar en el V Encuentro “La mujer en la escena teatral latinoamericana”, que, con la dirección de Ana Várguez y en el marco del Festival Wilberto Cantón, se realizó del martes 24 al jueves 26 de septiembre pasado en la Sala de Arte del Teatro Armando Manzanero.

Foto: Megamedia

En su reencuentro con Mérida descubrió “que hay mucha actividad cultural”, en contraste con la oferta que veía antes de trasladarse a la capital del país, mudanza que comenzó a ocurrir cuando era una adolescente.

Cuando se instaló definitivamente contó con la cercanía de Roberto Cobo “Calambres”, quien años atrás había impresionado a una niña Itari Marta al irrumpir en una cena de la familia de la actriz para confesar su amor —no aceptado por la sociedad de la época— a uno de sus integrantes. “Recuerdo que viví esa escena y le pregunté a mi mamá: ‘¿Este hombre quién es, qué hace?’. (Ella respondió:) ‘Este hombre es actor’”, relata al Diario.

Fue ese mismo familiar quien la puso en contacto con “Calambres” en Ciudad de México. Con el tiempo se forjó entre ellos “una relación muy cercana y él fue el que me metió al mundo de la actuación”, explica. “La palabra no es ‘inspiró’... Me sorprendió, me impactó y me gustó mucho la idea de alguien que cambiara la realidad, la cuestionara, generara caos y todo ese caos con la palabra amor en la boca”.

El Foro Shakespeare surgió hace 36 años y hace 17 la actriz asumió su dirección junto a Bruno Bichir. El 30 de septiembre de 2018 el espacio debió cerrar las puertas de su local en la colonia Condesa —que se volvió parte de un desarrollo habitacional— y se dio a la búsqueda de un sitio que en adelante lo albergara.

Lo encontró en el centro cultural El 77, sede continua de sus proyectos de impacto social, aunque no la definitiva, porque la mirada está puesta en unas casas en las que el foro reabriría en 2020. “Nos está costando mucho trabajo tener los permisos”, admite. “Vamos a reabrir el próximo año, pero con todo el riesgo del mundo, porque no sé realmente si nos vayan a dejar”.

“Soy muy insistente en todo, cuando nos ponemos una meta enfrente la hacemos. No sé qué va a implicar, pero lo vamos a hacer hasta el final”, dice.

Una de las últimas obras que se presentaron en la sede anterior fue “De la piel y sus destellos”, original de la yucateca Conchi León, con quien Itari Marta compartió el escenario (también intervenía Sonia Couoh) en una historia que se desarrolla en Valladolid.

¿Es la migración un destino obligado para el artista del interior del país?

En mi época sí, todo estaba en Ciudad de México. Cuando vivía aquí muy pocas personas hacían cosas, sobre todo originales de ellas. Los estados no propiciaban la creación original y no fomentaban una comunidad, sobre todo económicamente viable. El tema era ser sustentables con la actividad cultural. Encontré que en México estaba esa posibilidad para todos, entre comillas.

¿Qué es lo más difícil que has tenido que superar para dedicarte al arte?

(Defender) mi autenticidad. Es un asunto de identidad, de originalidad, ¿yo qué quiero hacer? Hice 12 años televisión y empezaron con cosas como “tu diente chueco”, “tus senos están chicos”... ciertas exigencias que tienen que ver con seguir el caminito de todos. Yo quería hacer otro caminito: manejar un espacio independiente, invertir más tiempo en el teatro, hacer el proyecto de impacto social. Tener mi propio discurso no ha sido nada fácil. Si a eso se le agrega que soy mujer, treinta veces más difícil. Soy mujer y quiero dirigir un espacio independiente en Ciudad de México... es una afrenta personal para muchos.

¿Dirigir un foro independiente es más complicado que salir a escena?

Los dos son igual de complicados pero en diferentes terrenos. Ambos son un abismo, una incertidumbre, un reto muy fuerte. Salir al escenario es morir y el Foro Shakespeare, también (ríe); hay que estar dispuesto a morir todo el tiempo en ambas cosas, hay que estar dispuesto a crecer, aprender, a darle la vuelta a lo que uno es, piensa, siente.

¿Cómo han convencido a la gente de pagar esas cantidades por los boletos (entre 350 y 400 pesos)?

Todavía no la convencemos, no todo el mundo paga 400 pesos. Es un eterno debate. Hay muchos compañeros que consideran que el arte tiene que ser gratuito; yo no lo creo así. Mi objetivo ha sido dignificar nuestro trabajo y decir al espectador que vale dinero. El gobierno no tendría por qué subsidiar al 100% a los artistas, porque entonces sería el dueño del contenido que los artistas quieren expresar. Hay que ir poniendo sobre la mesa que éste es un oficio e ir acostumbrando al espectador a pagarlo. Mucha gente me dice: “Los espectadores no tienen dinero...”. Yo digo: “Entonces (que paguen) cinco pesos, 80, 40, pero que sepan cuánto vale lo que hacemos”. Es un asunto de dimensionar el esfuerzo que nos cuesta hacer una obra. En Santa Martha me decían: “Nadie va a pagar 250 pesos para ir a una cárcel a ver a unos presos actuar”. Bueno, cobran 250 pesos sin descuento, tienen obras con ocho, nueve años en cartelera y meten tres mil personas al año... Yo sí quiero que todo el mundo tenga acceso (al teatro), pero que estén conscientes de cuánto cuesta, y cuando sí tengan que sí paguen, porque hacer arte necesita de todos: artistas, espectadores, medios de comunicación, gobierno. Es corresponsabilidad de todos tener buenos artistas, porque eso nos va a hacer crecer como seres humanos. Así como necesitamos comida, ir al baño, salud, necesitamos el arte.

¿En este contexto se enmarca el proyecto del teatro penitenciario?

Empecé el proyecto dándoles (a los reos) un taller de actuación hace 10 años. Después me quedé. Ahora soy la directora artística y también dirijo montajes ahí adentro; ahora hay una compañía de teatro penitenciario interna y una externa. Ha sido muy padre ver cómo otros creadores se han sumado al proyecto. Hay veces que soy nada más esa imagen que dice: “Cuiden esto de acá, de allá...”, porque tienen que ser proyectos dignos de 250 pesos. Ésa es otra cosa: tenemos que crear cosas de calidad y originales para que el público sí quiera ver lo que hacemos. Los creadores tenemos que ser responsables de nuestra subsistencia; eso no tiene que ver solamente con el dinero, tiene que ver con contenidos, manufactura, una serie de elementos por los que el espectador sabe que estamos trabajando para él.

¿Hay proyectos para los que tengas a Yucatán en mente?

Nunca había pensado en hacer un proyecto de Yucatán hasta ese momento (cuando se presentó “De la piel y sus destellos”) porque se acababa el foro y para mí era muy importante hacer un cierre de muchas cosas, de mi vida incluso. La verdad es que nunca le he dedicado nada, excepto esa obra, a Yucatán porque mi vida aquí fue dolorosa. Pero la obra con Conchi abrió ese caminito y no lo he cerrado. Lo que sí sé es que no va a ser una obra que hable bien de Yucatán, sería hipócrita de mi parte. Si hago un proyecto de mis raíces yucatecas tendría que ser brutalmente honesta y no sé si a mucha gente le guste.

¿Qué opinas de la producción teatral local?

Sería irresponsable hablar del teatro yucateco nada más con ver una obra, pero imagino que pasa un poco lo que en Ciudad de México en otro contexto: la gente quiere reír, hablar de temas ligeros; al teatro independiente, con otros contenidos, no lo va a ver. Hay que lucharla, generar estrategias nuevas, salir a la calle. Una cosa que hemos encontrado, sobre todo en épocas recientes, es que hay que hacer redes. Logramos hacer una Ley de Espacios Culturales Independientes. Hicimos Recio (Red de Espacios Culturales Independientes Organizados), de ahí el Colegio de Productores de Teatro de Ciudad de México y han empezado a surgir asociaciones civiles registradas. Eso nos ha dado representatividad y fuerza para ir con el gobierno y exigirle cosas. Esas estrategias hacen que se vea al colectivo como algo profesional, generan posicionamiento y el público dice: “Sí voy a pagar 200 pesos por ver esto”. En los estados hay un grupo por aquí, un grupo por allá, cada quien se rasca con sus propias uñas. Se necesitan estrategias colectivas y de presión, hacer sentir al espectador el profesionalismo del creador. Ahora está (en cartelera) “Jesucristo Superestrella”, ¡los boletos más baratos son de 1,500 pesos y la gente los paga! Entonces sí tienen (dinero), lo que pasa es que ven otras cosas. Hay que decirle al espectador: “Está bien que veas ‘Jesucristo Superestrella’, pero también está esto otro”. “Oye, pero no me gusta...”. Pues a lo mejor no, pero tienes la opción de tener más información, de ser una persona más completa.

¿Quién es Itari Marta Mena Abraham?

Trayectoria

Es licenciada en Arte Dramático, actriz de teatro y cine, directora, productora, pedagoga y titular del Foro Shakespeare.

Producciones

Ha participado en las películas “El conejo en la luna” (2004), “Esperanza” (2005) y “Fuera del cielo” (2007), y obras como “El motel de los destinos cruzados”, “Timón de Atenas”, “Estrellas enterradas” y “El tiempo de Planck”.

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