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Se adaptan perros y gatos a la vida en común en casa

La adaptación de perros y gatos es más fácil en la etapa de socialización de ambas especies

Contrario a lo que el cine y la televisión nos muestran, perros y gatos no son enemigos naturales. Ambas especies pueden cohabitar pacíficamente en casa, siempre que la familia humana favorezca la adaptación de unos a otros y no pretenda que esto ocurra en un par de días.

“Todos los animales, sobre todo los que viven en comunidad, buscan protección, congéneres. Gatos y perros pueden perfectamente convivir, pero se necesita seguir un proceso y conocer su personalidad”, dice la médica veterinaria zootecnista Esther Charles García.

Fase de sociabilización

Pueden ser buenos amigos.

En la adaptación del perro al gato y viceversa juega un papel fundamental la etapa de vida de los animales, porque, como señala al Diario la especialista de la firma de alimentos Sheba, en la fase de socialización de las dos especies (antes de los tres meses de edad) se les puede habituar con más facilidad a la presencia del otro.

En ese período “su respuesta de miedo no está tan madura como en los adultos; les podemos dar diferentes tipos de alimentos y sabores y los van a aceptar bien; podemos habituarlos a niños, personas mayores o con limitaciones de movimiento”, explica la veterinaria.

“En esos momentos aprenden qué sí pueden hacer, qué es agresión y qué no, cómo comunicarse. Al socializar con humanos y otros animales aprenden cuándo alguien quiere que lo dejen en paz o que jueguen con él”.

“Si en esta etapa les ofrecemos muchos estímulos nuestras mascotas van a ser mucho más equilibradas; de adultos, cuando aparezca un estímulo nuevo, sabrán cómo ser curiosas, explorar lentamente y no reaccionar con una fobia”.

Un área específica

A medida que crecen los animales “van viendo ciertos estímulos como amenaza”, así que acostumbrarlos a convivir requiere de una estrategia. La médica veterinaria indica que en casa hay que disponer de un área específica (santuario) para el perro y una para el gato, en las que tengan sus correspondientes alimentos, agua y zonas de descanso y protección o escondite.

Al minino, añade, debe dársele la oportunidad de resguardarse en un lugar elevado —incluso dotado de comida y agua—, lejos del alcance del perro.

Esther Charles explica que “el santuario es donde van a pasar la mayor parte del tiempo en los primeros días”, en los cuales el propietario debe estar atento a la forma en que reaccionan los animales al percibir la presencia de otra mascota en casa.

Aconseja que, en caso de que el canino se muestre muy reactivo ante la cercanía del gato, se le coloque la correa y se le mantenga a una distancia del felino desde la cual lo vea pero no se agite, llore ni ladre. En esa posición, ofrecerles a ambos alimento húmedo, más agradable al gusto que el seco. Este ejercicio hará que perro y gato relacionen la presencia del otro con algo bueno.

Nada de perseguir

Con el paso de los días los animalitos deben notarse más y más tranquilos ante la proximidad del otro. “Nunca dejemos que el perro persiga al gato; si se llega a ese punto tenemos que tomar unos días para que no se vean y luego volver a empezar”, afirma la médica veterinaria.

Si después de unas semanas las mascotas permanecen relajadas a cierta distancia, andan sin estresarse por donde estuvo la otra, no se esconden ni lloran, “quiere decir que tenemos una ventana de oportunidad para seguir trabajando”, apunta.

Pero si pasa el tiempo y ni perro ni gato se relajan “probablemente esa interacción no va a ser exitosa”.

Esther Charles enfatiza que cualquier raza de perro puede aprender a convivir con un gato en la etapa de socialización, pero sugiere tener precaución con los animales de caza o cuyo criador se enfoca en perros de trabajo, porque en ellos es más complicado modificar el instinto de persecución.

“Hay que estar muy conscientes de que (la adaptación) es un trabajo de varias semanas, tenemos que darles la oportunidad de habituarse al nuevo estímulo”, puntualiza.— Valentina Boeta Madera

A consulta

La médica veterinaria Esther Charles García recomienda llevar al veterinario a perro y gato para asegurarse que ambos están saludables y no hay riesgo de que se transmitan patógenos.

Estímulos

Algunos que se pueden usar con los gatos son los juguetes, trepadores, música y aromas.

“El gato tiene muy buen sentido del tacto, se le pueden poner cajitas y cosas donde se esconda, y darle comida con diferentes texturas y sabores”, explica.

Adopción

La veterinaria subraya que la familia debe estar de acuerdo con recibir al gatito, porque en la adaptación al perro se requiere la participación de todos.

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