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Ser fecundos en la humanidad

Foto: Megamedia

Hablemos de Bioética

El pasado miércoles 5 en la audiencia general que suele realizar el papa Francisco, en Roma, sus comentarios causaron polémica y se hicieron “virales” por el contenido directo y sincero de sus palabras.

En resumen, lo que expresó fue lo siguiente: “Hoy vemos una forma de egoísmo. Vemos que algunos no quieren tener hijos. A veces tienen uno, y ya, pero en cambio tienen perros y gatos que ocupan ese lugar”, subrayó el Papa durante la primera audiencia general del año en la sala Pablo VI.

El pontífice exhortó también a las instituciones para que faciliten los procesos de adopción, de modo que el sueño de los niños que necesitan una familia y de las parejas que desean acogerlos se haga realidad.

En realidad, el Papa no dijo nada fuera de contexto, pues vivimos en una sociedad del descarte como él mismo lo ha proclamado en diferentes ocasiones. Descartamos la humanidad y ensalzamos la “animalidad”.

Es verdad, que los animales son creaturas de Dios, seres vivos y, como tal les debemos el cuidado necesario para su sobrevivencia, darles atención, alimentación y cuidados de salud, pero darles el lugar de hijos y optar por suplir la capacidad de ser padres y madres para ser llamadas sus mascotas erróneamente “perrijo”, eso es totalmente fuera de una sociedad que dice ser civilizada.

El Papa fue criticado por hablar de hijos cuando no los tiene y de hablar de matrimonios cuando no es casado. Quien pone estos argumentos sobre la mesa para desdecir y quitarle autoridad al Pontífice, tiene una idea muy equivocada de la Iglesia, que es “experta en humanidad”.

“La negación de la paternidad y de la maternidad nos menoscaba, nos quita humanidad, la civilización se vuelve más vieja”, dijo.

El Papa volvió a criticar el llamado “invierno demográfico” y la “dramática caída de la natalidad” que se registra en numerosos países occidentales e instó a tener hijos o a adoptarlos.

“Tener un hijo siempre es un riesgo, ya sea natural o adoptado. Pero más arriesgado es no tenerlo. Más arriesgado es negar la paternidad, negar la maternidad, ya sea real o espiritual”, recalcó el pontífice.— Presbítero, Alejandro Álvarez Gallegos, doctorando en Bioética

 

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