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Ser mamá por primera vez

Salud y Vida

Yeusví Maley Flores Cazola (*)

En los últimos 50 años, la edad media mundial aumentó una década, pasando de 21 años en 1970 a 31 en 2020. El mundo está envejeciendo y esto fue declarado por la ONU desde 2018 cuando el grueso de la población de 65 años superó en número a los niños menores de 5 años, fenómeno nunca antes visto.

Distintas son las aristas que intervienen en la propagación de este fenómeno.

La maternidad es pospuesta hasta cumplir con las expectativas deseadas; solo basta detenernos un segundo a mirar a nuestras propias familias: la abuela tuvo a mama a las 17 o 18, nuestros padres nos tuvieron a los 21 a lo mucho, y hoy muchas pasamos los treinta y tantos y continuamos postergando la maternidad o incluso ha sido eliminada del panorama de vida en su totalidad.

Una realidad igualmente importante es el incremento de la infertilidad en casi 2% en la última década. Todo ello confluyendo en la creación de un mundo lleno de habitantes añosos.

Tomar la decisión y la responsabilidad de ayudar a rejuvenecerlo no es nada fácil y muchas creen que morirán en el intento, pero ser mamá por primera vez, hoy más que nuca; significa ser gestora de un milagro y es por esto que compartirmos el a, b, c de esta hermosa travesía.

Prepárate, no solo construyendo un estilo de vida saludable que permita un hábitat pleno para el desarrollo de tu bebé, sino también emocionalmente. Tu vida entera va a cambiar, lo que implicará restablecer prioridades y darte el tiempo para ti y para tú bebé.

Acude a tu ginecólogo antes de embarazarte, el mayor beneficio de las vitaminas y el ácido fólico se obtendrá si se planea un embarazo.

Preséntate puntualmente a tus citas, apégate al plan de alimentación (no subas más de 12 kilos), haz ejercicio según lo indicado y vigila tu presión arterial.

Disfruta cada momento y percibe cada sensación, ya que estas son los inicios de una conexión única con ese pequeño bebé.

Sin importar si el mundo es viejo o no, nadie puede dudar que nos arrodillamos globalmente ante el milagro de la vida, corremos instintivamente a tocar esos vientres redondeados intentando acercar nuestra propia existencia a la esencia misma de la vida, o quizá subconscientemente implorando retomar el estado puro de nobleza, amor y potencial infinito que un pequeño ser representa.

A todas las mamás, gracias por no morir en el intento, por dar más de lo que el intelecto considera posible, y por ser quienes, sin saberlo, nos contagien de ese anhelo de construir un mundo no solo más joven en habitantes, sino mejor en esencia.

¡Feliz Día de las Madre!

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