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Sergio Peraza Ávila: Andanzas de un escultor

El busto escultórico de Doña Rosario Cáceres Baqueiro de Manzanilla ha sido el producto de cinco meses de trabajo en confinamiento. Cuando el mundo permanecía completamente detenido, impactado y aturdido, mis manos y herramientas, ojos y corazón estuvieron muy activos en la bondadosa quietud de mi taller.

Hice el busto escultórico, que ayer finalmente se develó en el Museo de la Canción Yucateca, en homenaje a su fundadora; será una histórica fiesta musical. Este busto retrata a Doña Charito, (Rosario Cáceres Baqueiro de Manzanilla) a quien tuve el gusto de saludar y conversar en vida hace algunos ayeres. La conocí muchos años atrás, ya que hay otras obras de mi autoría en el Museo. También quiero recordar que mi papá (Humerto Peraza y Ojeda) hizo en 1985 el busto de Cirilo Baqueiro Preve , “Chan Cil” que está en Santa Lucía.

Doña Charito, nieta del compositor, se trasladó a la Ciudad de México en ese entonces para dar el visto bueno al busto que hizo mi padre. La recibimos en el taller y tuvimos amena conversación, por allí debo tener las fotos. Ese busto de “Chan Cil” con su violín que hizo mi papá, es de los mejores retratos en escultura que existen, no sólo en Mérida, sino en todo México.

Yo me siento orgulloso continuador del trabajo de mi papá, la vida ha sido generosa conmigo: resulta que en Santa Lucia también hay un busto de bronce que yo hice, es el de “Monís”, y lo bonito es que lo instalaron justo al lado del de Chan Cil. Por esto digo que la vida ha sido generosa conmigo, porque ambos bustos se pueden admirar, a escasos centímetros uno de otro, es decir, hay dos épocas y generaciones musicales allí, pero también dos épocas en la escultura, padre e hijo. Y como son de bronce me superará en vida mi trabajo, y hoy que mi papá ya no está físicamente con nosotros, me hace feliz saber que estamos juntos por siempre en Mérida, en Santa Lucía, con nuestros respectivos trabajos. Cada vez que veo esos bustos doy gracias a Dios por eso.

Volviendo al busto de la Fundadora del Museo, que se develó ayer, hoy puedo decir que, durante el proceso creativo del mismo, hubo inquietud para llegar al final del trabajo; por efectos de la pandemia y recortes presupuestales a la cultura, el Museo de la Canción Yucateca vio amenazada su permanencia y futuro. En algunos momentos yo también sufrí para sacar adelante el proyecto que se tuvo que ralentizar, por que como en todas las actividades del orbe, hubo incertidumbre debido a la crisis sanitaria del Covid 19. Tenía otros proyectos para Puebla y Michoacán que no lograron salir adelante y se pospusieron “hasta nuevo aviso”; afortunadamente la escultura de Doña Charito y el Museo lograron ver la luz al final del túnel.

Mi relación con el Museo de la Canción Yucateca es larga, desde las estatuas que están en su entrada de Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín y Pepe Domínguez, que en el año de 1991 nos encargó el entonces gobernador Manzanilla Schaffer, para el ICY. Esto apropiadamente se resolvió en colaboración: se instalaron afuera del Museo de la Canción Yucateca, , y ya son icónicas.

En el 2018 doné al Museo el busto que hice de Enrique Cáceres Méndez, de quien puedo decir con orgullo que fuimos queridos amigos, y resulta que también era familiar de Doña Charito.

Me alegra que los directivos (as) de la asociación civil que administra el museo me hayan encomendado este nuevo trabajo. Es un homenaje importante, pero no solo para el recinto museístico, sino para toda la cultura yucateca, que debe ser apoyada para que no se detengan los proyectos en pro de una sociedad educada en espíritu y arte.— San Miguel de Allende, Guanajuato

Escultor

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