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Siembran su presente

Armados con picos y coas

Intensa jornada de forestación de niños Palestinos

“Árbol, tú anuncias al viandante/la suavidad de tu presencia/con su amplia sombra refrescante/y con el nimbo de tu esencia”. La chilena Gabriela Mistral, en su himno a nuestros hermanos árboles, expresa esa saludable gratitud que todos los seres humanos debiéramos tener hacia la naturaleza —madre la han llamado— que de tantos males nos protege.

Por lo pronto, los muchachos del Club Deportivo Palestinos, todos los sábados de este mes de mayo, se han dado a la tarea de sembrar árboles en zonas del sur de Mérida, acompañados por sus padres y el director del club, maestro Antonio Osorio Vázquez, quien ha promovido la reforestación —le consta al cronista— desde hace mas de cuatro décadas.

El día de ayer le correspondió al Fraccionamiento del Sur, calle 44 con 63, recibir la visita de los andariegos Palestinos, quienes, armados con coas y picos, sembraron árboles pequeños cuyo destino es crecer, adornar y generar esa sombra bienhechora que agradecen personas y animales.

Los muchachos sembraron desde temprana hora para que el sol no los fatigara en exceso. Pareciera que, de una manera intuitiva, comprenden que los vegetales, indiferentes a todo raciocinio, siguen su destino yendo para arriba, incluso en medio de la abulia y desinterés humano, como bien dice la poeta Fabiola Cuevas : “El árbol no sabe que florece/pero florece aun ante el caos exterior/y gracias a él…el caos es menor”.

Los pequeños sembradores de Palestinos han recibido información e instrucciones de sus mayores. La tarea sabatina es en beneficio del planeta, de nuestra casa común, cuyas escamas algunos han arrancado criminalmente. Aprenden a considerar a los árboles como fuentes de oxigenación y morada de las aves, puntos de polinización y resguardo de útiles insectos.

Tras dos horas y media de trabajo, los Palestinos —muchachos y padres— se sientan un momento a observar la obra de sus manos. Algunos vecinos se acercan a felicitar, aunque, espinas que nunca faltan, hay otros que, en lugar de colaborar o simplemente no estorbar, buscan camorra de la manera más insensata:

—¿Tienen permiso para sembrar árboles? Porque aquí ni falta hacen…Vamos a llamar a la patrulla.

Omitiendo esas bajezas del espíritu, los Palestinos prosiguen su tarea durante una hora y media más. Han vaciado los dos sacos con las matitas que trajeron en la mañana y ahora buscan afianzar sus raíces.

Vienen los alimentos. Unas tortas de cochinita marca el final de la jornada. Se come con alegría, tal como ocurre tras el deber cumplido. Como los Palestinos de ayer, que ahora son, en su mayoría, hombres de provecho, estos han celebrado un ritual con su entorno, su rumbo sureño, el rincón de Mérida que les ha tocado para vivir.— Jorge H. Álvarez Rendón

 

De un vistazo

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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam Aquitani, tertiam qui ipsorum lingua Celtae, nostra Galli appellantur.

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La ‘Noche Blanca’ en su 11° edición