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Son reflejo del amor de Dios

Foto: Megamedia

Semana del Seminario

Gaybé Pinzón(*)

Antes que nada, quiero dar gracias a Dios por todas las enseñanzas que me ha permitido tener con diferentes sacerdotes y seminaristas.

Empiezo a escribir y vienen a mi mente recuerdos de muchos de ellos, todos con formas de ser diferentes, pero han sido personas a través de las cuales Dios me ha hablado constantemente, ya sea en alguna confesión, en alguna homilía o en algún retiro o plática y hasta en una junta del apostolado.

Muchas veces las personas esperamos que los sacerdotes o seminaristas nunca fallen, nos escandaliza verlos cometer algún pecado o error; pero no hay que olvidar que son seres humanos, que son representantes de Cristo en la Tierra, pero no son Cristo y fallan. He visto sacerdotes enojados, pero también los he visto alegres y entusiastas.

Mi experiencia ha sido extraordinaria, muchos de ellos me han demostrado con su ejemplo que se puede lograr vivir en santidad y me inspiran a estar en la búsqueda constante de esa santidad en Cristo.

En cuanto a los seminaristas, ellos siempre me han contagiado su juventud, su fe fresca y su amor por Cristo, y al no tener el título de sacerdote, la convivencia es más amistosa, fraterna y es fácil compartir con ellos mis experiencias de fe.

Hay mucha valentía en esta vocación porque tienen que olvidarse de sí mismos para pensar solamente en sus hermanos y en el plan de salvación de Jesús. Son los únicos que como María pueden lograr que a través de su persona el Espíritu Santo haga vivo a Jesús.

Seguiré colaborando para la Iglesia de Cristo. Deseo que sacerdotes y seminaristas sigan siendo un reflejo del amor de Dios en este mundo para que inspiren y guíen a más personas como lo hicieron conmigo. Deseo de todo corazón que los sacerdotes y seminaristas se mantengan fieles a la vocación a la que Jesús les ha llamado.

Coordinadora parroquial del grupo de adolescentes

 

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