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Talento mexicano toma parte en el róver Perseverance

El mexicano Fernando Mier Hicks

Descubrir vida en Marte sería fascinante y que esto pasara ahora, con la actual generación, sería un sueño hecho realidad, expresó Fernando Mier Hicks, doctor en Ingeniería Aeroespacial.

Mier Hicks trabaja en la NASA, donde es uno de los ingenieros que participó en el diseño del róver Perseverance que aterrizó en el Planeta Rojo en febrero de este año.

El profesional participó anteanoche en una charla convocada por la Universidad Anáhuac Mayab, en la que respondió las inquietudes de estudiantes de diferentes carreras sobre la labor que realiza, los obstáculos que ha enfrentado y los sueños que lo llevaron adonde hoy está.

Sobre el róver Perseverance, dijo que es un proyecto que llevó 10 años desarrollar y en el que intervinieron unos tres mil ingenieros en diferentes momentos.

Recordó que el explorador tiene como meta recolectar muestras del suelo marciano para traerlas a la Tierra, a fin de buscar indicios de vida.

Contó que el primer róver enviado en 2012 a Marte era del tamaño de un Mini Cooper y contaba con instrumentos de tipo geológico para tomar piedras y ver en ese momento de qué estaban hechas. El Perseverance no busca estudiar las muestras in situ, sino traerlas a la Tierra para que aquí las estudien con máquinas muy poderosas durante muchos años.

Bacterias y materiales son los objetivos de la búsqueda.

“Encontrar vida en Marte sería fascinante, saber que la vida no es única en la Tierra permitiría inferir que hay vida en todo el universo, y si encontramos una bacteria en Marte sabremos que hay vida en otros planetas y eso sería muy interesante, es el sueño de todo mundo”, expresó.

Sobre cómo preparan los equipos que mandan al Planeta Rojo, manifestó que hacen muchísimas pruebas en las que recrean las condiciones ambientales de Marte en la Tierra, como por ejemplo la temperatura, para lo cual usan cámaras de nitrógeno líquido que luego calientan para simular el Sol. También emplean cámaras de vacío, de vibración con mesas gigantes para simular la vibración del cohete y ver que no se caiga nada. Si se requiere un brazo robótico que estará activo todo el tiempo se prueba moviendo día y noche para ver cuánto va a durar.

Indicó que dichas pruebas se tienen que repetir tantas veces que se convierte en un trabajo tedioso, pero necesario, pues no se puede permitir que falle, de ahí que preparar un proyecto como éste tarde tantos años.

Compartió que cuando estaba estudiando la carrera de Ingeniería en Mecatrónica en Monterrey no tenía como meta trabajar en la NASA, esto le parecía un sueño imposible; lo que sí consideró era estudiar un posgrado en el extranjero, ya que en nuestro país no existía la opción que a él le interesaba.

Por ello se puso como meta continuar su formación en Estados Unidos y desde el primer semestre se dio a la tarea de ver cuáles eran los requerimientos para ello. Hizo una larga lista de todo lo que tenía que lograr en sus cuatro años de carrera para hacer más probable estudiar en el extranjero.

Como parte de esa preparación participó en tres veranos de investigación, en uno de los cuales fue aceptado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, que le dio la oportunidad de cursar ahí la Maestría en Ingeniería aeroespacial.

Fue entonces que pensó que trabajar en la NASA era algo más cercano.

Aconsejó a los alumnos trazarse metas de acuerdo con lo que desean y no esperar a finalizar la carrera para plantearse el paso siguiente, sino cumplir objetivos a corto plazo que los lleven al alcanzar los de largo plazo.— Iris Ceballos Alvarado

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