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Tatuajes, obras de arte andantes

Aunque algunas personas todavía dan a los tatuajes un sentido negativo, detrás de los diseños corporales hay creadores con años de experiencia realizando trabajos visuales

Leto Martín y Óscar Carrillo Montalvo son dos integrantes de la escena del tatuaje en Mérida, donde, según admiten, ha crecido la popularidad de esta ornamentación corporal, pero a menor velocidad que en otras ciudades
Leto Martín y Óscar Carrillo Montalvo son dos integrantes de la escena del tatuaje en Mérida, donde, según admiten, ha crecido la popularidad de esta ornamentación corporal, pero a menor velocidad que en otras ciudades
según admiten
ha crecido la popularidad de esta ornamentación corporal
pero a menor velocidad que en otras ciudades
Foto: Megamedia

Diciembre terminó en China con nueva directriz para sus futbolistas: nada de tatuajes, así que no planeen hacerse otros y mejor borren los que ya tienen.

De acuerdo con “The Paper”, la Administración General de Deportes del país asiático justificó el lineamiento apuntando al interés del gobierno por hacer de los jugadores “ejemplos positivos para la sociedad”.


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Sin embargo, China no es la única nación donde aún hay personas que dan a los tatuajes un sentido negativo y recelan de quienes los lucen, a pesar de que realizar un buen diseño corporal requiere que su autor tenga, además de dominio de la técnica, una visión artística.

“Saber dibujar es un requisito importante, pero no solo saberlo, sino hacerlo bien y que la propuesta sea fresca”, dice Leto Martín, Miss Leto, creadora del proyecto La Casita Mágica.

Con ella coincide Óscar Carrillo Montalvo, del estudio Black Lotus, quien subraya que el dibujo “es la parte fundamental del tatuaje: saber dibujar la figura humana, punto y perspectiva, claroscuros.., y saber de pintura también, porque se necesita conocer de aplicación de colores y psicología del color”.

Leto explica que años atrás, cuando era reducido el número de tatuadores en Mérida, bastaba con ser capaz de copiar una imagen y conocer la técnica para hacer carrera en este campo.

Pero en la última década, añade, a medida que esa forma de ornamentar el cuerpo ganó aceptación en la ciudad más personas encontraron en ella una opción profesional. Y, entonces, “empezó a haber tanto tatuador que si querías destacar debías tener una propuesta como artista”.

En primer lugar

A pesar de esto, para Leto Martín la cualidad “número uno” de quien se dedica al tatuaje es en realidad “tener conocimientos suficientes de asepsia, primeros auxilios, bioseguridad y contaminación cruzada”, y usar material de calidad. “Antes era muy difícil conseguir material para tatuar, ahora hay un emporio; está tan regulado por la Cofepris como cualquier cosa que encuentras en la farmacia y el súper”.

El segundo factor de importancia para el tatuador es conocer la técnica —“cómo funciona la máquina, qué tanto tienes que meter la aguja en la piel, enseñar a tus manos cómo adaptarse a la vibración, al peso; encontrar la mejor postura para ti”—; después, “la calidad del dibujo y la frescura de tu propuesta” y, finalmente, el trato al cliente y el respeto al valor del trabajo propio.

Para Óscar, sí es posible calificar de bueno o malo a un tatuador, pero solo cuando se habla de su técnica. “Podemos calificar puntos negativos en la praxis; en la parte conceptual o artística no creo que podamos hacerlo”, considera.


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Por ejemplo, agrega, “puedes lacerar la piel, cortarla, dañarla de más y eso tiene mucho que ver con el resultado final”. En éste influyen igualmente el dominio del instrumental y el control del pulso, que “no es algo con lo que naces, sino que tienes que trabajarlo: dibujar a diario, tatuar a diario”.

Diseños complejos, como los rostros realistas y los claroscuros, exigen solvencia técnica en el tatuador, aunque “también hay tatuajes muy sencillos que son el terror de los tatuadores, por ejemplo hacer una línea recta continua, por más simple que se vea es sumamente compleja”, afirma.

“Un tatuador nunca deja de ser aprendiz, conforme pasan los años va descubriendo cómo tatuar ciertas formas, geometrías perfectas... Eso solo lo da la experiencia”.

Propuesta

Óscar, egresado de las licenciaturas en Arquitectura y Artes Visuales de la Uady, admite que el tatuaje es un arte vendible y, por lo tanto, no está mal que haya quien se dedique a copiar las figuras que le piden los clientes. Pero, matiza, la mayoría de los tatuadores desea ser reconocido por su propuesta.

“Hay quienes se dedican solo a cierta rama, como los rostros o el japonés. Como cliente, si quieres un microrrealismo no vas a ir con la persona que hace japonés”, apunta. “Una responsabilidad de la persona que se tatúa es conocer quién trabaja mejor un estilo”.

Leto, graduada de Diseño de Modas en la Universidad Modelo, tiene 9 años tatuando “pero toda una vida dibujando, pintando, haciendo murales y cuadros”. Según reconoce, en la raíz de su estilo está el anime de la década de 1990. “Sobre todo ‘Sailor Moon’ fue muy impresionante para mí, muy fresco, muy nuevo. A los 3 años, viendo estas caricaturas me entró el impulso de dibujarlas”.

En la etapa de transformación personal en que se encuentra ahora, la inspiran más el arte visionario y la psicodelia con trasfondo espiritual, “los alebrijes, nuestra cultura mexicana y mezclarla con otras, como la hindú”.

Dar con los colores que caracterizan sus diseños fue un proceso de prueba y error, “de aventarme a experimentar; a veces he fallado, a veces me ha salido, eso ayuda a que logres un estilo”.


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Como una joya

Leto ha comprendido que, “si está bien hecho, el tatuaje vale más que cualquier joya de Cartier o cualquier Rolex, porque es como una joya que no te puedes quitar, nadie te lo puede robar porque está en ti, es para siempre”, de ahí que en la actualidad le interese explorar hasta dónde puede llegar con la ornamentación del cuerpo.

“Quiero hacer espaldas completas, brazos completos, si se puede un traje completo. Son piezas que requieren muchas sesiones, paciencia y energía mía y del cliente”.

Aunque de niña asistió a talleres de pintura, Miss Leto, de 32 años, señala que sus inicios en las artes plásticas fueron más bien empíricos. “La primera vez que hice un mural tenía unos 13 años. Cuando descubrí el tatuaje entendí que tenía que sumergirme por completo si quería aprender bien, entonces dejé todo lo demás”.

Óscar, de 30 años, fue en primaria y secundaria alumno del Centro Estatal de Bellas Artes (CEBA) y desde pequeño tuvo la idea de convertirse en tatuador, según confiesa. En preparatoria dibujó algunas ideas de tatuaje para él mismo y cuando incursionó en la práctica tuvo como mentor a Freddy Chablé, de Black Lotus.

Leto aprendió a la usanza de la vieja escuela. “Ibas al estudio, limpiabas, les ponías la mesa, te ponían a dibujar, pero no tatuabas hasta que ellos decidieran que estabas listo, practicando en ti mismo, en piel sintética o en muchísimas superficies antes de hacerlo en alguien más”, evoca.

Sin embargo, no critica a quienes se capacitan con cursos virtuales. “No tiene que ver cómo aprendes, sino qué haces con lo que aprendes. No importa si aprendiste a tatuar en un curso digital, en una escuela de tatuaje o en un estudio; importa lo que propones y la calidad de lo que haces”, opina.

Aunque en Mérida ha crecido la popularidad de los tatuajes, Leto considera que el grado de aceptación va rezagado en comparación con otros lugares. “Se acepta que estés tatuado, que hay tatuajes bonitos, que se invierta dinero en un tatuaje... ‘pero no muy grande para que no se moleste mi abuelita o no me vayan a decir nada en la chamba’. No se ha dado el otro salto, que es reconocer que el tatuador es un artista y tú puedes ser una obra de arte andante”.

“Nuestra sociedad se está abriendo más al tatuaje, ya no es tan mal visto”, indica Óscar. “Los tatuajes evolucionaron con las corrientes artísticas, ya no son tan grandes, se hicieron más finos en estilo y en eso intervienen las nuevas tecnologías, que nos dan mejores resultados”.


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Admirador de Ignis Ink y Moroko Gon, asegura que los tatuadores saben apreciar el arte de sus colegas y cuando desean realizarse un diseño “con ellos vamos, ya sea por amistad, admiración a su trabajo o para aprender un poco más”.

“Poco a poco se ha roto la imagen del tatuador supertatuado. Conozco tatuadores que no tienen ninguno o no son visibles. El tatuaje viene en muchos estilos y formas, y un tatuador no necesita estar tatuado para ser bueno”, manifiesta.

“La relación cliente-tatuador es muy especial porque no dejas que alguien te haga daño en la piel. Si simpatizas con el arte de un tatuador, vas a seguir yendo con él”.

De un vistazo

Miss Leto

En La Casita Mágica recibe a artistas de diferentes partes de México y el extranjero. “Es una experiencia distinta a la de un estudio de tatuaje porque es más íntima, es un hogar, un sitio lleno de arte”, explica.

Experiencia

“Lo que quiero lograr con este proyecto es cambiar por completo la experiencia de tatuarse. Hasta ahora ha funcionado muy bien, justamente porque es diferente”.

Óscar Carrillo

En Black Lotus, en Gran Plaza, es uno de los cuatro artistas tatuadores. “El Sol sale para todos, hay clientes para todos, así como propuestas artísticas”.

Características

“¿Qué necesitas para ser un buen tatuador? Técnica, que te lo da el estudio y la práctica; dibujar a diario, y letrarte en lo académico, porque la tecnología avanza”, afirma.

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