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“Todos somos templos de Dios”

A la izquierda

Confesarse ayuda a prevenir los daños espirituales

Cientos de feligreses acudieron ayer a la Catedral de Mérida para participar en la tradicional liturgia penitencial y confesiones, como parte de las actividades de la Semana Santa en el centenario edificio.

Las confesiones fueron recibidas por varios sacerdotes encabezados por los arzobispos monseñores Gustavo Rodríguez Vega y Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, titular y emérito de la Arquidiócesis de Yucatán, respectivamente; así como el obispo auxiliar Pedro Mena Díaz.

Monseñor Gustavo Rodríguez indicó en el inicio de la liturgia que “a unos pocos días del gran evento de nuestra salvación, la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo, queremos prepararnos oportunamente para renovar en nosotros la gracia del bautismo que hemos recibido, para que de esta manera, la vida nueva de Cristo que se actualizará en nosotros por medio del perdón de los pecados, dará frutos abundantes, para nosotros mismos y nuestras comunidades”.

Prevenir daños

“Ayer (por el lunes), a través de los noticieros fuimos testigo del gran incendio terrible en la catedral de Notre Dame en París, de casi nueve siglos de existencia; un patrimonio cultural de la humanidad pero también un centro de espiritualidad al que no solamente los parisinos sino gente del mundo entero llegaba para orar y un rincón especial en esa catedral dedicado a la Santísima Virgen de Guadalupe donde mexicanos, latinoamericanos y muchos otros llegaban a saludar a nuestra madre del cielo, en su advocación de Guadalupe. ¿Qué se hará ahora? Se habla de la reconstrucción”, continuó el arzobispo.

“Ya el padre Justo (Ceballos Uc, rector de la Catedral de Mérida) me dijo que está preocupado por nuestra Catedral para tener medidas de seguridad que todo lugar como éste debe tener siempre a la mano” indicó.

“¿Qué se hará con el templo de allá de París?, ¿cómo es posible reconstruirlo? La reconstrucción llevará años, implicará millones y millones de euros, implicará el trabajo de cientos y miles de personas, pero es mejor estar siempre atento para evitar esos desastres”.

Con este tema, monseñor hizo una analogía. “Lo mismo pasa con nuestro templo, nuestro ser, nuestra persona. Tú eres templo de Dios, yo soy templo de Dios, todos somos templos de Dios y debemos tener medidas precautorias para evitar graves accidentes espirituales”, explicó.

“Pero si suceden —continuó— tenemos la manera de reconstruir y no hacen falta millones de euros, no hacen falta años, basta un momento, unos minutos: la confesión. Y no hacen falta cientos de personas, hace falta básicamente cinco personas. Las tres personas de la Santísima Trinidad: el Padre que te llama y te espera con los brazos abiertos, el Hijo de Dios que te redime con su pasión, muerte y resurrección; y el Espíritu Santo, que te inspira al arrepentimiento, que te mueve, que te conduce, que te da esa sabiduría y ese don de las lágrimas y del arrepentimiento”.

“La cuarta persona que hace falta eres tú mismo, soy yo, porque Dios no hará nada en contra de tu voluntad, de mi voluntad, él respeta nuestra libertad. Dios padre puede quedarse con los brazos abiertos y la redención de Cristo puede quedarse desperdiciada y la acción del Espíritu Santo puede ser inútil sino hay disponibilidad de parte nuestra. La quinta persona es el sacerdote, que en nombre de la Iglesia, escucha los pecados y los absuelve sacramentalmente.

“Es lo que hoy estamos celebrando, la reconstrucción de nuestros templos, el templo espiritual que somos cada uno de nosotros, donde Dios quiere habitar. Démosle gracias al Señor porque si estamos aquí es porque el Espíritu nos ha movido para venir a encontrar los brazos abiertos del Padre y a disfrutar de los frutos de la redención de la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, finalizó monseñor.

El arzobispo concelebró con los presbíteros Justo Ceballos Uc, Juan Pablo Moo Garrido y el diácono José Alberto Buenfil Gómez.— Claudia Sierra Medina

Tiempo de conversión

El arzobispo Gustavo Rodríguez Vega recordó que la Cuaresma es tiempo de conversión, pero “debe haber una conversión continua en la vida cristiana”.

Más frecuente

“Nuestra confesión es para celebrar la Pascua. Cuántos habrá que cumplen el precepto de la Iglesia de confesarnos por lo menos una vez al año, pero ojalá tengamos una confesión más frecuente que nos ayude a corregir a tiempo las desviaciones que se dan en toda vida cristiana”, expuso.

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