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Trombosis por vacunas, un miedo infundado

Salud y Vida

Yeusví Maley Flores Cazola (*)

Como si nuestro sistema nervioso no estuviera lo suficientemente alterado por un estado prolongado de aislamiento ante una normalidad que dejó de ser nueva para convertirse en cotidiana, surge un dementor en materia de salud que usurpa la novedad.

La trombosis atribuida a la aplicación de la vacuna Astra Zeneca ha sido el foco de atención global, generando un pánico masivo influyendo negativamente en las pautas de vacunación establecidas.

La gente prefiere no vacunarse a enfrentarse a la escasa posibilidad de generar un evento trombótico, y esto resulta comprensible si entendemos que este miedo falsamente infundido no cuenta con bases científicas sólidas.

La posibilidad real de presentar una trombosis por la vacuna contra el SARS-CoV-2 es de 0.0001%, si bien no inexistente sí prácticamente nula, una persona de cada millón de dosis aplicadas.

Es importante hacer notar que en 2018 el porcentaje de mujeres que utilizaban métodos anticonceptivos era del 69.8% y su uso está comprobado como un factor de riesgo que incrementa en un 0.05% a 0.12% la posibilidad de padecer trombosis; es decir, de entre cada 500 a 1,200 de estas mujeres, al menos una tendrá de manera certera algún evento de trombosis.

Si deseamos seguir dando ejemplos podemos mencionar el hábito del tabaquismo. En cifras del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, el 15.95% de la población fuma, lo que podemos traducir como 10.9 millones de personas que tienen este hábito, de las cuales 1,763 por cada millón serán víctimas de trombosis.

Todo lo anterior tiene el objetivo de clarificar esta información falsamente difundida. En el caso de no recibir la inmunización y correr con el infortunio de infectarnos de Covid que se manifieste como una forma clínicamente grave, la posibilidad de presentar una complicación por la trombosis es del 16%; de ahí la importancia de insistir en la inmunización.

El estado mundial de emergencia suscita que la realidad palpable sea la coexistencia de varios tipos de vacunas, y no es raro que la preferencia se incline por una en particular; sin embargo, sin importar cual sea, sin duda alguna la suma de la protección provista por la vacunación y las medidas de higiene, son percibidas por muchos de los trabajadores de la salud como la luz que nos permita mitigar un agente que lleva cohabitando más de un año entre nosotros.

Mi consejo particular es acudir a la vacunación, enfrentarnos a esa marisma difusa que se percibe como miedo, con la certeza de que la protección que obtendremos es sin duda alguna incomparable y de manera paralela, evitar transmitir información que lejos de aportar, aleja a otras personas de una protección que podría significar la diferencia entre la vida y la muerte.

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