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Un encuentro con las piedras

Deconstrucción, en la esencia de la obra de Bañuelos

Con curiosidad, cuando vemos una piedra quebrarse nuestros ojos se asoman hacia el interior, hacia eso que normalmente nunca podemos ver. ¿Qué hay ahí? ¿Qué nos dicen esas vetas, esas líneas? ¿Por qué hacia adentro el color es distinto? Plenos de preguntas y sin respuestas podemos dejar el pedrusco a nuestro paso; sin embargo el pensamiento ya hizo de las suyas y tradujo en ideas y ejercicios de la imaginación aquel hallazgo, aquella poiesis fortuita de la naturaleza.

El escultor Alberto Bañuelos Fournier (1949, Burgos) ha sublimado ese encuentro con el interior del fragmento rocoso y ahora en su extensa exposición en el Museo Fernando García Ponce-Macay, y con el título “La liturgia de las piedras”, conduce al espectador por un recorrido en un repertorio de alrededor de 80 piezas que ha producido en los últimos tres lustros y cuya esencia significativa proviene de la lectura del autor de la filosofía de la posmodernidad, particularmente de la deconstrucción desde la perspectiva de Jacques Derrida.

Este término —deconstrucción— cuando se aplicó en su origen al ámbito literario se traducía en la afirmación de la importancia de la envoltura retórica de la obra literaria, la imposibilidad de su concepción como “totalidad”, ya que la condición de la obra es la de siempre formar parte de otra “totalidad” que la contiene, tan inasible. Según el Diccionario Akal de filosofía, Derrida argumenta que el significado plenamente presente para la conciencia es imposible: “La idea de significado es la idea de una idealización repetible. Pero la ‘repetibilidad’ no es una característica que pueda estar presente. De este modo, los significados en cuanto tales no pueden darse por completo ante la mente”.

Este encuentro con el significado siempre incompleto pero haciéndose y rehaciéndose, construyéndose y deconstruyéndose está en la búsqueda de sentido que hace Bañuelos con sus piezas, a las que, tras el hallazgo, las corta serrándolas en secciones, en rodajas, en segmentos, todos nítidamente, pulcramente separados y reorganizados entre sí, donde no cabe la pérdida ni de una esquirla. El objeto-piedra es, por decirlo así, rehecho (pero no reconstruido, porque se le ve distinto) en otra versión de sí mismo, en la cual sin embargo conserva su esencia de origen. Los materiales elegidos por Bañuelos, en su mayoría cantos rodados, no están explícitos en la exposición en el Museo Fernando García Ponce, donde esta vez la museografía no incluyó cédulas ni títulos de las piezas. El recorrido en las salas de exposición es un encuentro con la naturaleza de cada piedra en sí misma, sin más información que ese encuentro de los ojos legos con la piedra al que nos referimos en las primeras líneas del presente comentario.

En uno de sus catálogos, Francisco J.R. Chaparro así lo explica:

“Piedra de Calatorao, sílice, mármol de Carrara, mármol yugoslavo, granito de Zimbabwe, canto rodado, basalto. Mármol negro bardiglio, granito gris. Pensamos en la materia como aquello que se suministra en función de otra cosa o de una acción. Caracterizar a la materia aquí como lo fundamental o lo accesorio de esa cosa nos haría adentrarnos en un pozo sin fondo, sin expectativas de salida. Basta dejar hablar al sentido común para acordar que la materia es la cosa sobre la que se construye la obra, cuando en ella sobrevienen ciertas transformaciones”.

Bañuelos ya estuvo anteriormente en Mérida, tanto en la muestra Hermandades Escultóricas España-México en el año 2006, como en 2007 en las salas 6 y 7, donde expuso 21 esculturas realizadas con granito y mármoles de Italia, Yugoslavia y África, tituladas “El signo de las cosas”.

Ahora, además de la colección pétrea, el artista expone en diálogo con la misma una serie de papeles de algodón fabricados por él mismo, que presenta enmarcados, a los cuales les ha hecho pliegues y perforaciones y cuya estética Carlos García Osuna emparenta con autores como Morandi, Fontana o Millares, “aunque lo luctuoso o sanguinolento del canario aquí se trastoca por lo albo, una especie de trasunto lírico del alma”.

El recorrido es, en suma, y como el título dice, una liturgia de las piedras, en el sentido original del término, como acopio de la ritualidad de este elenco lítico ahora a nuestro paso, pleno de poesía y misterio. Más información, fotografías, prensa y catálogos de sus obras en la página web del maestro Alberto Bañuelos: http://www.banuelos-fournier.com/.— María Teresa Mézquita Méndez para “El Macay en la cultura”

 

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