in

Un mito erótico de la poesía

Carilda Oliver Labra es considerada “poeta nacional” de Cuba

Brígido Roldán ofrece una charla de Carilda Oliver

“Me desordeno, amor, me desordeno / cuando voy en tu boca, demorada”

La poeta cubana Carilda Oliver Labra, “novia” de la isla antillana desde sus años de muchacha, cuando comenzó a labrarse su “mito erótico”, surgió desde sus perfiles más humanos en hermosa charla que el maestro Brígido A. Redondo ofreció ayer por la mañana en el centro cultural del Isstey, frente al parque de San Juan.

Gran amigo de la artista, que ha vivido toda su existencia —ahora posee 95 años de edad— en la calzada de Tirry 81 en la ciudad de Matanzas, el siempre ameno Brígido logró resumir, en apenas una hora de plática, lo más destacado de la existencia de esta mujer que provocara suicidios y fue chispa de escándalo incluso cuando, hace 30 años, a los 60 años, contrajo matrimonio con un rapazuelo de 19 que todavía la acompaña.

“Y casi sin por que, casi por nada/ te toco con la punta de mi seno”.

Todo oídos, el puñado de asistentes a la charla, nos enteramos de peculiares, novelescas peripecias de la existencia de la bellísima Carilda, quien comenzó a escribir sin reglas ni normas hasta que un crítico le sugirió leyese a los clásicos antes de tomar el cálamo.

Así supimos la historia de aquel hombre que se arrodillaba todos los días frente a su puerta solicitando el matrimonio y —ante la negativa— acabó suicidándose en las aguas del mar, quizá porque no soportó que le dijesen “Te borraré con una esponja de vinagre,/ con un poco de asco”.

Nos enteramos de otro amor que también finalizó trágicamente. Aquel Hugo, pintor y poeta, que la atrajo hacia un pacto de muerte que un notario público detuvo a tiempo, pero no pudo evitar que la magia de los verdes ojos de Carelia abrumara al infeliz pretendiente, quien se llevó consigo la imagen de pupilas marineras. “Jade en que huyo / mito en desgracia, / hoja de acacia / luz de cocuyo”.

Venimos a saber que el poeta Cintio Vitier, cuando era un polluelo, dormía con una fotografía de Carilda, imagen de la mujer integral, fusión ardorosa de alma y carne, invitación a surcar el excesivo río de la vida bajo el sol de Cuba.

“No vuelvas, no, porque la noche es una / hechicera cordial que te ha perdido; / verás que ya no soy milagro ardido / que yo era una mentira de la luna”.

Y fue por boca de Brígido que caímos en la cuenta como un poema dedicado a Fidel Castro en los años de la clandestinidad fue el inicio de una sólida fe en el revolucionario que no se enfrío incluso cuando dos de sus hermanos se lanzaron en balsas con rumbo a la Florida en 1982.

Declarada “poeta nacional” y joya viviente de Matanzas, Carilda, quien todavía, pese a sus años, considera el amor como la fuerza motriz de su creatividad —ese “vicio feliz de hacerme daño”—, espera el descanso rodeada de su pueblo y colmada de admiración.— Jorge H. Álvarez Rendón

 

La portada del día

Hitt regresa al Tsunami