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Un recuerdo difícil

La fotografía original en blanco y negro del decano fotógrafo del Diario Isidro Ávila Villacís de la misa de 1994 con los féretros de los sacerdotes José María Casares Ponce

Ofician misa por el eterno descanso de cinco padres

Como un momento de muchas interrogantes, pero también de mucha fe describió el obispo auxiliar, monseñor Pedro Mena Díaz, el fallecimiento de cinco sacerdotes hace 25 años en un accidente automovilístico.

Ayer se conmemoraron cinco lustros del accidente que cobró la vida de los padres José María Casares Ponce, Antonio Castro Magaña, Adalberto Ruiz Quintero, Graciliano Rodríguez Gómez y Xavier Flota García. Por tal motivo se ofreció una misa para pedir a Dios por su eterno descanso, que fue

presidida por el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, quien al inició de la misa hizo una petición especial por los sacerdotes que perdieron la vida en el accidente de hace 25 años.

Fue el obispo Pedro Mena quien tuvo a su cargo la homilía, pues como sacerdote de la diócesis vivió de cerca esos momentos.

Indicó que la Iglesia de Yucatán vivió un momento de gran consternación, duro y difícil, y recordó las palabras que en una plática le expresó el entonces arzobispo Manuel Castro Ruiz, quien le dijo “siempre es duro recibir la noticia del fallecimiento de un sacerdote ejerciendo su ministerio, pero cinco…”.

Con esas palabras, considera que el entonces arzobispo daba entender lo difícil y complejo del momento, pero también manifestaba la esperanza en Dios.

Recordó que los cinco sacerdotes fallecidos estaban activos, ejerciendo su ministerio, por lo que fueron momentos muy difíciles.

—Surgieron muchas preguntas, dudas e interrogantes como pueblo de Yucatán, pero también fue un momento de fe, de poner las cosas en manos de Dios.

Indicó que en las misas crismales los sacerdotes se sientan en las primeras bancas de la iglesia y renuevan las promesas hechas en su ordenación sacerdotal, por ello hace 25 años, cuando los restos de los cinco sacerdotes ya se encontraban en los féretros, surgió la interrogante de cómo se les colocaría, si debían mirar al pueblo o al altar. Se decidió que miraran hacia el pueblo, tal como lo hacían al ejercer su ministerio, como servidores de Cristo.

Fotógrafo “intrépido”

El obispo auxiliar hizo mención de la imagen que tomó un “intrépido” fotógrafo del Diario (Isidro Ávila Villacís), quien se subió a la cúpula de la Catedral para capturar una imagen que se publicó al día siguiente, en la que se veía desde las alturas el altar de la S.I. Catedral y los cinco féretros de los sacerdotes fallecidos.

Explicó que la cúpula de las iglesias se abren hacia el cielo, y la citada recuerda eso, “algo así como cuando Jesucristo fue bautizado y se abrió el cielo y el Padre dijo ‘ese es mi hijo amado’, yo creo que Dios padre decía esos son mis hijos amados…”

Destacó que el fallecimiento de los presbíteros yucatecos fue también un momento de fe al contemplar la vida de esos sacerdotes, quienes cada uno con su estilo y forma de interpretar la pastoral estaban cumpliendo con su ministerio de distintos modos, pero tenían ese deseo de andar juntos, de compartir juntos el Evangelio.

De igual manera, manifestó que fue un momento de inspiración para otros jóvenes que amando a Dios, la Iglesia y el servicio a la Iglesia pudieron escuchar el llamado a su propio camino.

Aseguró que siempre que fallece un sacerdote se pide por las vocaciones sacerdotales y así se hizo en aquella ocasión, y ayer en la misa también pidieron más vocaciones para la Iglesia.— Iris Ceballos Alvarado

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