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Vicente Rojo, libre y eterno

Foto: Megamedia

Su trabajo como editor, opuesto al de artista visual

El pasado 22 de febrero, la Universidad Iberoamericana llevó al cabo la ceremonia de investidura del Doctorado Honoris Causa a Vicente Rojo, una de las figuras más respetadas de la cultura mexicana de la segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI.

Si bien con anterioridad la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) había entregado este máximo reconocimiento a uno de los integrantes esenciales de La Ruptura (que el artista prefiere llamar “de apertura”), la disertación que presentó en esta ocasión resulta esencial para entender el ideario de quien mantiene una obra tan polifacética, prolífica, diversa y rigurosa en más de un área del arte y la cultura.

Ante la pregunta recurrente sobre cómo consigue equilibrar su labor como pintor, diseñador y editor, Vicente Rojo respondió en su discurso con una cita del poeta kurdo Yasar Kemal que a su parecer resulta una perfecta definición de lo que es la riqueza del arte: “La misma canción suena de noche de una forma y de día de otra. No la cuenta igual un niño que una mujer, ni un joven que un viejo. La misma canción es una por la mañana y otra al mediodía, es una por la tarde y por la noche es todavía otra más”. Aseguró, también, que sin contradicciones sencillamente no existe la obra de arte y al extender un poco más esta noción pudiera incluirse a la vida misma.

El canto libre que Rojo señala como un susurro ha sido escuchado por múltiples generaciones de diseñadores gráficos y editoriales, que lo ubican como esencial para entender el México moderno y fundador de una escuela que comenzó a edificar hace medio siglo.

Quizás ésta sea la razón por la que el taller de arte musical de México, bajo la dirección de Héctor Robles Girón, escogió el “Cielito lindo” de Quirino Mendoza para cerrar su intervención durante la ceremonia.

No fueron los coros que entonó en algún momento con Cuevas, Monsiváis y Arau mientras Julián Bert tocaba un piano de cola, un pasaje de su vida poco recordado pero que para nuestra fortuna Héctor García documentó en un estudio fotográfico en 1965, cuando todos ellos formaron el grupo de rock Los Tepetatles.

Habría sido un contraste a la solemnidad del evento escuchar la canción homónima del grupo musical pionero del rock mexicano: “Muérete silencio, lárgate murmullo / despierta voz baja, hasta luego arrullo / solo una consigna queremos tener / pocos nos importa el ser o no ser”.

Rojo ubica su labor diseñador/editor en el extremo opuesto del que realiza como pintor/escultor.

Según explica, en la primera faceta se requiere que tenga los pies sobre la tierra, mientras que en la segunda se da cuenta de que se ve envuelto en dudas, sumido en laberintos o preguntas a las que no encuentra respuestas, solo indicios hacia una salida. Estos enigmas o misterios, según el homenajeado, encierran una melodía dentro de sí mismo: “Y si vuelan y llegan a un posible espectador y cantan dentro de él, habré logrado que las obras que yo le ofrezco como primas que multiplican mis imágenes o quizás como espejos oscuros se conviertan en poesía, en música, en una canción interpretada por un coro que me gustaría que fuera un coro de niños”.

Sin buscarlo, este trabajador cultural ha recibido diversos reconocimientos que no califica como inmerecidos, ya que a su llegada al país y después de haber vivido bajo una dictadura sintió que volvió a nacer y con ello se sintió libre, un concepto fundamental en las tres evocaciones de los modelos a seguir desde su punto de vista: a Rafael López Castro lo ubicó como un iluminador de la realidad mexicana, que nació en el laurel de un rancho de Jalisco que no tenía ni luz eléctrica.

De Juan Soriano señaló su temprana admiración por las apariciones y desapariciones que suceden en cada una de sus pinturas en adjetiva como “la magia que en una palabra se llama libertad”.

A manera de colofón, recordó a Juan García Ponce, quien lo acompañó en todas sus exposiciones con textos que se convirtieron en libros y, más adelante, con el ejemplo que calificó como un heroísmo intelectual que le aseveró que no tendría que preocuparse, porque ambos serían eternos.— Addy Cauich Pasos para “El Macay en la cultura”

Su canto libre ha sido escuchado por varias generaciones de diseñadores gráficos y editoriales para entender a México

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