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Visita del papa Juan Pablo II, un reto de logística en Yucatán 

La presencia del papa Juan Pablo II en Yucatán dio aliento espiritual a los miles de devotos que se encontraron con él, a nombre de los pueblos originarios de América, en Izamal y participaron en la misa que el pontífice presidió en el Campo Eucarístico de Xoclán.

Pero organizar su visita requirió una logística terrenal y trabajo coordinado entre equipos de la Arquidiócesis y de los gobiernos estatal y federal.

Uno de los desafíos a superar fue la amenaza de cólera, enfermedad intestinal que a principios de la década de 1990 había aumentado rápidamente su incidencia.

“Las autoridades sanitarias del país, en especial el secretario de Salud, Jesús Kumate, nos pidieron un programa especial de prevención del cólera, no solamente para evitar que los visitantes que iban a venir en cientos de miles fueran contagiados y se generalizara el problema en México, sino también para que los yucatecos no sufrieran esa situación”, recuerda Dulce María Sauri Riancho de Sierra, gobernadora del Estado en la época.

“Hicimos un intensísimo programa de cloración del agua potable en todos los sistemas. Me tocó ir a comisarías de todo el Estado donde me decían: ‘El chocolate va a saber a cloro…’. Fue un problema muy serio que tuvimos que atacar”, señala.

Otro gran reto de logística, añade la doctora en Historia y diputada federal electa, fue seleccionar el lugar donde se celebraría la misa, para la cual se requería un terreno de unas 80 hectáreas. Con la asesoría del entonces secretario de Obras Públicas estatal, José Calderón Lara, se analizaron las opciones.

“Teníamos muchas reservas territoriales en esos años”, señala la doctora Sauri Riancho. “Dije: vamos a hacer todo lo necesario para dotar de infraestructura a esas 80 hectáreas; la aplanada, fuentes de agua potable cada ciertos metros, energía eléctrica… Un compromiso que hicimos fue que, concluyendo el evento, se iba a hacer un fraccionamiento popular”.

“Nos pusimos a trabajar con fondos de (el programa) 100 Ciudades de la Sedesol; Luis Donaldo Colosio (su titular en ese tiempo) nos ayudó a dotarlo de infraestructura. ¿Cómo se iba a llamar ese fraccionamiento? Pues ya lo traía: Juan Pablo II”.

En el ámbito institucional la visita del Papa sobresalió porque fue la primera ocasión que el Sucesor de San Pedro era recibido en México como jefe de Estado, lo que fue posible por la entrada en vigor en 1992 de las reformas a la Constitución que reconocían a las asociaciones religiosas.

“En un Estado laico pueden coexistir católicos, cristianos, islamistas y ateos”, explica. “El Estado les garantiza a todos por igual que puedan profesar libremente sus creencias. Esas reglas que se construyeron con sangre a mediados del siglo XIX siguen vigentes y nos garantizan a todos esta libertad”.

En ese nuevo marco jurídico, por el cual también se restablecieron las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, la exgobernadora viajó en noviembre de 1992 a Roma para sostener una audiencia privada con el Papa, en la que estuvo acompañada de la señora Margarita Díaz Rubio y en la que, “personal y directamente, le entregué la invitación del gobierno de México para hacer su visita a Yucatán”.

“Era una sutil pero importante transformación. Las anteriores invitaciones provenían del episcopado, las arquidiócesis y diócesis mexicanas, es decir, de la esfera de la Iglesia católica. Para esta visita fue posible que el Estado Mexicano, por mi conducto, hiciese esa invitación directamente”.

“El Papa agradeció y me dijo: ‘Yo tengo pendiente Yucatán’”, en alusión al viaje previsto para octubre de 1992 y que fue cancelado por la convalecencia del pontífice a raíz de una cirugía.

El 11 de agosto de 1993, al llegar al aeropuerto “Manuel Crescencio Rejón”, Juan Pablo II fue recibido por el presidente Carlos Salinas de Gortari. Al día siguiente, antes de que el pontífice tomara el avión hacia Denver, Dulce María Sauri pronunció el mensaje de despedida. “Desde luego, para mí, como católica y servidora pública, fue un gran honor”, afirma.

El viaje del Papa a Yucatán significó para ella “dos cosas muy relevantes”: una, la posibilidad de acoger como gobernadora al jefe de un Estado con el cual México no había tenido relaciones diplomáticas por más de un siglo y, “la otra, como católica: tener la visita del jefe de la Iglesia Universal; nada más que como gobernadora era representante del Estado laico y traté de conducirme como tal”.

“Quiero señalar algo también muy relevante: el encuentro de los dos jefes de Estado se dio en el Palacio de Gobierno, en mis oficinas, que fueron adecuadas para ese evento”, señala.

La adecuación incluyó el decorado del espacio, en el que se pretendía colocar cuadros del Dr. Atl. La funcionaria recuerda que ella insistió en que fuera adornado con “Hanal Pixán” de Fernando Castro Pacheco, como finalmente sucedió.

“La misa preciosa en lo que hoy es el fraccionamiento Juan Pablo II la estuve monitoreando desde mi oficina porque estaba muy preocupada de que la logística de esa gigantesca concentración funcionara sin incidentes”.

A la ceremonia en el Campo Eucarístico de Xoclán sí asistieron algunos de sus familiares, entre ellos su madre política, María Elena Villarreal de Sierra, quien “era una mujer con una fe que contagiaba” y había estado delicada de salud, hasta el punto de que se temía un desenlace fatal. “Cuando llegó el anuncio de la visita del Papa le hablé y le dije: ‘Va a venir a Yucatán Juan Pablo II. Usted tiene que saludar al Papa; pero tiene que levantarse…’. ‘Yo me encargo de eso’, me dijo”.

Tres meses después la señora Villarreal viajó de Guadalajara, su ciudad de residencia, a Mérida, donde subió la escalinata que llevaba hasta el altar instalado en Xoclán para recibir la Comunión de manos del Santo Padre.

A pesar de los temores que se tenían sobre su salud, vivió seis años más. “En la familia decimos que fue por la energía que recibió del Papa, nada más así lo explicamos”, admite Dulce María Sauri.

A Juan Pablo II la exgobernadora se lo encontró una vez más años después en Roma, luego de una reunión de legisladores y representantes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO). “Siempre fue muy cariñoso. No aspiro a que se haya acordado de mí..; pero yo de él, profundamente”.— Valentina Boeta Madera

Ingenio de obras públicas para el Campo Eucarístico de Xoclán 

VIDEO: Así se vivió la visita de Juan Pablo II hace 25 años