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Yucatán participa en “El Arco del Triunfo, envuelto”

Después de seis décadas, el sueño largamente acariciado de llevar al cabo un proyecto claramente prefigurado desde sus orígenes se hizo finalmente realidad.

Como informó oportunamente el Diario, el 18 de septiembre pasado se inauguró “El Arco del Triunfo, envuelto (L’Arc de Triomphe, Wrapped)”, trabajo artístico contemporáneo que planearan en vida Christo y Jeanne-Claude, pareja creadora que recorrió el orbe envolviendo monumentos significativos, como el Reichstag de Berlín o el Pont Neuf de París, y creando instalaciones en espacios extraordinarios, como el Central Park de la ciudad de Nueva York.

En este contexto, extraordinario por muchas razones —tanto por volverse realidad después de planearse casi 60 años y luego aplazarse un año adicional por la pandemia—, tras el fallecimiento de sus dos autores, el más reciente el de Christo en mayo de 2020, la noticia especial que hoy nos invita a escribir es la presencia de tres profesionales de Yucatán directamente involucradas en el proceso de producción de esta pieza.

Ellas son Leïla Godet Voight, fundadora del Centro Cultural “La Cúpula” de nuestra ciudad, amiga cercana desde su infancia del matrimonio de Christo y Jeanne-Claude; Diana Castillo Castro, directora del mismo centro desde su fundación en 2015 y colaboradora de Leïla en la organización del Festival de Arte Contemporáneo A-Part desde 2014, y María del Carmen Franco Baqueiro, quien conoció a Leïla y Diana justo ahora, en el desarrollo de la instalación, ya que realiza desde junio del presente año una pasantía en la agencia Marianne International como asistente de producción para el reclutamiento de agentes de mediación para el proyecto de “El Arco del Triunfo, envuelto”.

Durante la entrevista, realizada vía Zoom, Leïla, Diana y María relataron cómo fue su experiencia en este proyecto. En particular Leïla ha compartido numerosos proyectos y sueños con la pareja artística. Para ella, explica, ver la pieza realizada representa la continuidad, la materialización de un proyecto que Christo (cuyo nombre completo era Christo Vladimirov Javacheff) y Jeanne-Claude planearon detalle a detalle hace décadas.

Y señala con precisión que es muy importante entender que no se trata de un proyecto póstumo sino una obra que hace un año Christo “dejó completamente lista y definida” y que, pese al fallecimiento del artista, se ha llevado al cabo exactamente como él lo proyectó.

“Es asombroso”, dice Leïla; “si uno ve los dibujos del proyecto de Christo de hace tantas décadas, aquellos pliegues que trazó con el lápiz hoy están exactamente así en la obra real, tal cual como él los trazó, materializados en la tela plateada con reverso azul que cubre el Arco”.

Esta tela sintética y brillante consiste en 25,000 metros cuadrados de polipropileno con los que se comenzó a cubrir el Arco a mediados de septiembre, atados con 3,000 metros de cuerda roja. Estos materiales, recuerda Leïla, al igual que los de todos los proyectos de Christo y Jeanne-Claude, ya están comprometidos previamente para su venta una vez desmontados, de manera que no hay desperdicio ni contaminación, en un proyecto artístico que además no recibe apoyo económico de fondos públicos ni privados; es decir, no acepta patrocinios y se financia con los propios recursos generados por el proyecto desde antes de su instalación.

Hoy el responsable de la continuidad de estos planes es el sobrino de la pareja, Vladimir Yavachev.

A veces, recuerda Leïla, Jeanne-Claude le decía a Christo: “Es muy caro este proyecto, vamos a ponerle un poco menos de tela, un poco menos de cuerdas…”, pero él se mantenía firme en lo que había imaginado y dibujado. Y así se llevaba al cabo.

Leïla, nacida en París, recuerda haber conocido a Christo y Jeanne-Claude cuando era una niña de 5 años y su madre compartía, como colega y artista a su vez, el ambiente cultural con ambos creadores. Ya en 1978 la joven Voight se reunió con ellos en Nueva York, donde radicaban desde 1964.

“Al instante me reconocieron y entré a formar parte de la ‘familia Christo y JC’ y a colaborar con ellos en diversos proyectos”. Así, les acompañó en Miami, en las “Surrounded Island” en 1983, en el “Paris Pont-Neuf Wrapped” en 1985, las “Ibaraki Umbrellas” de 1991, el muy famoso “Berlin Reichstag” de 1995, los “N.Y. Gates” en 2005, las “Iseo Floating Piers” de 2016, la “London Mastaba” de 2018 y ahora en “L’Arc de Triomphe Wrapped”. Su participación, explica, fue más intensa en los primeros tres y como apoyo en los demás, hasta la fecha. Apoyo que consiste en una compañía permanente para los artistas, creadores y responsables.

“No se puede definir de una manera simple mi colaboración, no soy ingeniera, fotógrafa o vendedora, pero siempre estoy cerca para ‘suavizar’ la marcha del proyecto, para acompañar a los artistas, hablando varios idiomas, viajando a su lado…”.

“¿Qué opina de esa capacidad de Christo y Jeanne-Claude de pensar un proyecto tan a largo plazo que perdure en su planeación a lo largo de las décadas al grado de trascenderlos, como ha sucedido ahora con el Arco?”, preguntamos.

“Para ellos sus proyectos eran sus hijos”, responde sin dudar, “los acompañaban siempre, estaban en su pensamiento aun demorando toda la vida en concluirse”.

Además, indica que hay otros proyectos pendientes, entre ellos “Over the River” sobre el río Arkansas y la Mastaba para Abu Dhabi. Christo y Jeanne-Claude continúan así con nosotros. Y de alguna manera la presencia del Centro Cultural “La Cúpula” en Mérida es resultado de la influencia de esta pareja: “Jeanne-Claude era mi mentora, sin ella no habría ‘La Cúpula’… Ella me dio la visión de compartir el arte para hacerlo llegar a la mayor cantidad de personas posible”.

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Afortunada

A su vez Diana Castillo se considera muy afortunada de participar en un trabajo de tal magnitud y trascendencia, y tan esperado después de los eventos fortuitos que impidieron su materialización. Al término de la organización del Festival A-Part 2021 “era natural que pasara unos días en París para ser testigo del empaquetamiento del Arco del Triunfo”.

“Ya estando en el lugar, y dado que había conocido a Vladimir Javachev años atrás gracias a Leïla, no pude quedarme de manos cruzadas y me propuse de voluntaria para apoyar en lo que fuera necesario. Vladimir enseguida me tomó la palabra y me integró al proyecto, ya sea como apoyo logístico y de oficina, como de mediación, ambos con muchísimo interés para mí. Esto durante los 16 días de duración del evento”.

“¿Ha cambiado su percepción de la obra de Christo y Jeanne-Claude antes y después de colaborar con él?”.

Diana contesta que si bien gracias a Leïla había podido “vivir a distancia” otros proyectos de la pareja y desde entonces admirar la libertad con la que producen sus creaciones “‘El Arco del Triunfo, empaquetado’ para mí ha sido una experiencia mágica, y con riesgo de sonar cursi, tuve lágrimas cuando vi la tela comenzar a desenrollarse sobre las paredes del monumento”.

“Es decir, mi pensamiento con respecto a los trabajos de Christo y Jeanne-Claude no cambió, sino que se reforzó. Para lograr la libertad de creación que ellos alcanzaron se necesitan muchísimas agallas y mantenerse fiel a sus principios en una larga carrera artística”.

“¿Cómo explicarías al público el sentido de un trabajo de esta naturaleza en el cual un objeto se transforma de manera efímera ante los ojos del transeúnte?”.

Christo y Jeanne-Claude decían “toda interpretación es legítima”, recuerda Diana. “La única razón que ellos tenían para hacer sus obras de arte era realizar sus sueños y traer alegría y belleza a los demás, y ellos querían que sus obras de arte temporales fueran abiertas a la interpretación de cada persona. De alguna manera, al empaquetar el monumento temporalmente se le da una nueva vida. La tela hace que el monumento esté vivo al cambiar con la luz, con el cielo, con las nubes, al moverse con el viento. Y que la gente diga que le gusta o que no le gusta, la obra hace hablar, hace que la gente se interese de nuevo o por primera vez por un monumento, y suscita el renacimiento de un interés por el lugar donde la obra está implantada”.

A ello añade que le ha llamado la atención la cantidad de personas que acuden de cerca, de lejos “y de muy lejos” para ver la obra o incluso para colaborar con los equipos de trabajo. Entre ellos, personas que han seguido el trabajo de Christo y Jeanne-Claude por décadas.

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“En suma”, afirma, “haber formado parte de este proyecto me permite confirmar la importancia del arte en la vida. Haber sido ‘adoptada’ por la ‘familia Christo y Jeanne-Claude’ es un honor para mí. Desearía haber conocido en persona a los artistas. Sin embargo, lo maravilloso del artista es que siempre vive a través de su obra y el estar aquí me permite acercarme un poco más a las personas que ellos fueron”.

Un grato descubrimiento para las tres fue el encuentro con María del Carmen Franco Baqueiro, joven yucateca que durante sus estudios de preparatoria realizó dos intercambios, uno en París en el Lycée Victor Duruy, en el ciclo escolar 2015-2016, y otro en Montegiorgio, Italia, en el Liceo Artístico de Fermo, en 2016-2017. El conocimiento de los idiomas de ambos países además del inglés fue fundamental para su trabajo actual.

María llegó a París como estudiante de la Licenciatura en Artes Plásticas en La Sorbona en 2017-2018, al que se postuló a través de la plataforma Campus France de la Alianza Francesa de Mérida. Actualmente cursa una Maestría en Dirección de Instituciones o Proyectos Culturales (Direction d’Etablissements ou Projets Culturels) y desde finales de junio realiza una pasantía en la agencia Marianne International como asistente de producción para el reclutamiento de agentes de mediación para el proyecto “L’Arc de Triomphe, Wrapped”. Su trabajo consiste en asistir a la agencia en el reclutamiento de los agentes, participar en entrevistas de trabajo, seleccionar los perfiles que correspondían al puesto, entre otras funciones.

“Para venir a trabajar al Arco del Triunfo recibimos solicitudes del mundo entero, de muchas personas que querían venir a trabajar provenientes de muy diversos países: India, Australia, Argentina, Colombia y México. Esas personas tomaban vacaciones de sus trabajos para venir a colaborar como mediadores”.

María reflexiona en la enorme preparación técnica y de expertos que se necesita para cada uno de estos proyectos magnos. “Se requiere una gran preparación y gestoría con autoridades y responsables de distintos niveles de gobierno, así como reclutar expertos y trabajadores de diversas especialidades: arquitectos, ingenieros, coordinadores... en el Arco fueron 1,200 personas. Observarlos trabajar es asombroso: no se trata, por ejemplo, de solo soltar la tela sobre el monumento sino bajarla con gran precisión”.

Sobre la marcha, añade, hay que resolver muchos imprevistos “siempre con buen ánimo y una sonrisa en el rostro”.

“Todo el enorme esfuerzo, las horas extras y el cansancio se compensan con el resultado. Al final están felices los agentes, el público y también nosotros, por supuesto. Esto me comprueba cómo el arte puede cambiar la vida de mucha gente”.

Con su brillo plateado, como “un objeto mágico y pálido de reluciente ligereza”, tal como lo describió Roger Cohen para “The New York Times”, el “Arco del Triunfo, envuelto” llegó a su fin ayer domingo, tal como imaginaran sus creadores hace 60 años en el corazón de París.— María Teresa Mézquita Méndez

“La tela hace que el monumento esté vivo al cambiar con la luz, con el cielo, con las nubes, al moverse con el viento. Y que la gente diga que le gusta o que no le gusta, la obra hace que la gente se interese por un monumento”

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