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Abrazaron su vocación

Intentémoslo también nosotros, invita Francisco

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CIUDAD DEL VATICANO (EFE).— El papa Francisco proclamó ayer santa a la religiosa María Francisca de Jesús (1844-1904), considerada la primera de Uruguay, junto a otros nueve beatos, entre ellos el francés Charles de Foucauld, el ermitaño que evangelizó en el desierto del Sáhara, y el carmelita holandés Titus Brandsma, periodista ejecutado por los nazis en el campo de concentración de Dachau.

En la primera canonización en tres años, que marca el regreso al Vaticano de las grandes celebraciones, suspendidas a causa de la pandemia, Francisco presidió en una plaza de San Pedro abarrotada, ante unos 60,000 fieles, esta emotiva ceremonia con el telón de fondo de la basílica, adornada con los tapices de los diez santos proclamados.

Al final de su homilía, dedicada al amor como fuerza transformadora en la vida cotidiana siguiendo los pasos de Jesús, el Sumo Pontífice dedicó unas breves palabras a la labor evangelizadora de los nuevos santos.

“Nuestros compañeros de viaje, hoy canonizados, vivieron la santidad de este modo: se desgastaron por el Evangelio abrazando con entusiasmo su vocación —de sacerdote, de consagrada, de laico—, descubrieron una alegría sin igual y se convirtieron en un reflejo luminoso del Señor en la historia. Intentémoslo también nosotros”, dijo.

Francisco finalmente, y a pesar de los fuertes dolores de rodilla que le impiden caminar y permanecer mucho tiempo en pie, pudo oficiar la ceremonia2, aunque pronunció su homilía sentado y así permaneció durante toda la liturgia.

El rito comenzó con la lectura de la bula de canonización por el papa Francisco, en respuesta a la petición del prefecto de la congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Marcello Semeraro.

Tras la lectura de breves biografías de los nuevos santos y el canto de las letanías de los santos, el Santo Padre leyó la formula en latín para proclamar la santidad y pedir que sean inscritos en los libros de los santos de la Iglesia.

La primera santa uruguaya, María Francisca de Jesús, cuyo verdadero nombre era Ana María Rubatto, fue la fundadora en 1885 de la Congregación de las Hermanas Capuchinas, dedicada al cuidado de los enfermos y, sobre todo, de los niños y jóvenes abandonados.