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El Papa elogia a las familias que reciben refugiados

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CIUDAD DEL VATICANO (EFE).— El papa Francisco afirmó ayer que la guerra hace emerger el cinismo y la brutalidad humana, pero también saca la parte buena de las personas, cuando deciden acoger a otras y ayudar a las que huyen de sus países en conflicto.

“La guerra los ha puesto frente al cinismo y la brutalidad humana, pero han encontrado a personas de gran humanidad”, afirmó el Papa en la inauguración del décimo Encuentro de las Familias, que se celebra en Roma hasta este domingo.

El Pontífice se refirió así a la historia referida momentos antes por una familia que recibió en su casa a otras dos mujeres ucranianas que huían de la guerra.

Hospitalidad

“La hospitalidad es realmente una característica de las familias, y especialmente de las numerosas. Se piensa que en una casa donde ya hay mucha gente es más difícil acoger a los demás; sin embargo, en realidad no es así, porque las familias con muchos hijos están capacitadas para hacer sitio a los demás”, apuntó el Pontífice.

En el acto, se conectó con algunas familias reunidas en una parroquia de Kiev, con el párroco Padre Pedo Zafra, de origen español, con la intención de mostrar su cercanía a estas personas.

El Papa ya pidió en numerosas ocasiones en los últimos meses la paz en Ucrania y en otros conflictos en curso en el planeta y dijo que la prolongación de estos enfrentamientos no puede llevar a la sociedad a la indiferencia y al olvido.

Incluso se dijo dispuesto a viajar a Ucrania después de la invitación del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aunque más tarde confesó en una entrevista con el diario argentino “La Nación” que no viajaría porque, se preguntó, “¿de qué serviría si el día siguiente seguiría la guerra?”.

En el encuentro de ayer, Francisco subrayó que “las familias son lugares de acogida” y que si faltaran “la sociedad se volvería fría e invivible”.

Además, durante el discurso ofrecido en el acto celebrado en el Aula Pablo VI, se refirió a la importancia del matrimonio como compromiso ante Dios y del regalo que es formar una familia, que dijo que “es un viaje maravilloso y no una misión imposible”.