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NASA: 2021, el sexto año más caliente

Científicos estudian la cuánto subirá el agua por el derretimiento del hielo de la Antártida como consecuencia del calentamiento global

“Una tendencia a largo plazo, una marcha sin freno”

El 2021 fue el sexto año más caliente de la Tierra desde que se llevan registros, según varias mediciones dadas a conocer recientemente. Los científicos dicen que esto es parte de una tendencia de calentamiento a largo plazo que muestra señales de aceleración.

Dos organismos estadounidenses —la NASA y la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA)— y un grupo privado dieron a conocer ayer sus cálculos de la temperatura global para el año pasado y todos dijeron que no distaron mucho de los años ultracalientes 2016 y 2020.

Según seis cálculos distintos, 2021 estuvo entre el quinto y el séptimo año más caliente desde fines del siglo XIX. La NASA dijo que 2021 terminó empatado con 2018 como el sexto más caliente, en tanto la NOAA situó el año pasado por sí solo en el sexto lugar, adelante de 2018.

Los científicos dicen que La Niña —un enfriamiento natural de partes del Pacífico central que altera los patrones climáticos globales y alza agua fría de las profundidades a la superficie— bajó las temperaturas globales al tiempo que su opuesto, El Niño, las elevó en 2016.

Dijeron que en 2021 se registró La Niña más cálida de la historia y que ese año no representó un freno del cambio climático causado por el ser humano sino más del mismo calor.

“No es algo que domina los titulares como el más caliente de la historia, pero en un par de años más veremos nuevos” récords, dijo el climatólogo Zeke Hausfather, del grupo de monitoreo Berkeley Earth que también registró al 2021 como el sexto más caliente. “Es una tendencia a largo plazo y es una marcha indetenible hacia arriba”.

Gavin Schmidt, climatólogo jefe del equipo de temperaturas de la NASA, dijo que “la tendencia a largo plazo es muy, muy clara. Y se debe a nosotros. Y no cesará hasta que dejemos de aumentar la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera”.

Los últimos ocho años han sido los más cálidos de la historia, según los datos de NASA y NOAA. Las temperaturas globales, en un promedio de 10 años para eliminar las variaciones naturales, son casi 1,1 grados Celsius (2 Fahrenheit) más altas que hace 140 años.

Las otras mediciones de 2021 provinieron de la Agencia Meteorológica Japonesa y medidas satelitales del Servicio Copérnico de Cambio Climático de Europa y la Universidad de Alabama en Huntsville.

El salto en las temperaturas hace ocho a 10 años fue tan notable que los científicos están investigando si el alza se está acelerando.

Tanto Schmidt como Hausfather dicen que las primeras señales apuntan en ese sentido, pero que es difícil determinarlo con seguridad.

“Creo que se ve la aceleración, pero no está totalmente claro si es estadísticamente significativo”, dijo Schmidt. “Mirando los últimos 10 años, ¿cuántos están muy por encima de la tendencia general de los 10 años anteriores? Casi todos”.

¿Cómo ayudar?

Consumir menos carne y productos lácteos en los países más ricos del mundo ayudaría a reducir en más del 60% las emisiones contaminantes durante la producción agropecuaria, además de mejorar la salud de la población, indica una investigación publicada esta semana en la revista científica “Nature Foods”.

“Si reducimos el consumo de carne también se 'liberan' tierras para producir otros cultivos, lo que aliviaría mucho los ecosistemas y mejoraría la seguridad alimentaria en todo el mundo”, explica Martin Bruckner, profesor adjunto de la Universidad de Economía de Viena (WU) y uno de los autores del estudio.

En declaraciones a EFE, Bruckner detalla que estas “tierras liberadas” podrían capturar unas 100,000 millones de toneladas de CO2, lo que ayudaría a limitar el calentamiento del planeta a 1.5 grados, objetivo principal de la reciente conferencia del clima COP26 en Glasgow (Reino Unido).

El estudio titulado “El cambio en la dieta en las naciones de altos ingresos puede conducir a un doble beneficio climático”, analiza el impacto ambiental de llamada dieta de salud planetaria en 54 países de altos ingresos.

La dieta de salud planetaria está basada especialmente en vegetales y en un menor consumo de productos de origen animal, azúcares y grasa saturada.

Aunque la producción de verduras y hortalizas también influye en el avance del calentamiento global, los investigadores proponen varias estrategias para hacerla menos dañina para el medio ambiente.

“La forma más obvia y sencilla de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es reducir las principales fuentes, es decir, la cría de animales (particularmente de ganado vacuno), la producción de arroz y el cambio de uso de la tierra (de bosques o pastizales a tierras de cultivo)”, sostiene Bruckner.

Además, si los países más ricos redujeran su consumo de carne, las tierras de cultivo podrían regresar a su estado natural, capturando 100,000 millones de toneladas de CO2, que equivale a unos 14 años de emisiones totales de la agricultura.

Sin embargo, para Bruckner, la efectividad de estas medidas, así como los resultados de la investigación, están limitadas por las actuales políticas agrícolas de la Unión Europea (UE).

“El requisito previo para esto es que las áreas liberadas no se utilicen para otros fines, como la producción de bienes de exportación u otras materias primas agrícolas, lo cual es bastante improbable”, se lamenta.

La UE es el mayor exportador de carne de cerdo y productos porcinos del mundo. Solo Alemania, España y Francia concentran la mitad de esta producción, destaca el estudio.

Si estos países no reducen la producción y reconocen con honestidad la gravedad de la situación, “el mundo será incapaz de limitar el calentamiento del planeta a 1.5 grados”, advierte Bruckner.

“O los países occidentales reducen su consumo de carne de forma controlada o el cambio climático reducirá tarde o temprano la producción mundial de alimentos y obligará a todo el mundo a reducir su consumo”, asegura.

Este cambio en las dietas, inevitablemente asociado a un cambio político, requiere plantear políticas de reforma agraria y medidas climáticas de manera conjunta, explica el estudio publicado por "Nature Foods".

MEDIDAS MÁS EFICACES

El desarrollo económico de algunos países va de la mano de la explotación y deforestación de espacios naturales para extraer o producir productos, agrega.

Por este motivo las políticas planteadas también deben contemplar nuevas fuentes de ingresos para los grandes países exportadores.

Este es el caso de Brasil y Argentina, que según Bruckner "necesitarán encontrar otros ingresos para sus productores agrícolas, que en las últimas décadas han crecido rápidamente y destruido gran parte de ecosistemas como el Amazonas o el Cerrado".

"Evitar la catástrofe climática requerirá cambios en nuestro estilo de vida y en nuestras economías más allá de comprar productos locales y colocar paneles solares en el techo de los edificios", concluye Bruckner.

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Escrito por Agencia EFE

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