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Sebastián Piñera arremete contra los manifestantes

Manifestantes antigubernamentales son golpeados por el chorro de un cañón de agua de la Policía durante los enfrentamientos en Santiago.

“Enemigo implacable”

SANTIAGO (Notimex y AP).— El presidente de Chile, Sebastián Piñera, indicó que en el país se viven “tiempos muy difíciles”, por lo que se requieren “más que nunca los servicios de nuestras fuerzas de orden y seguridad”, informó el medio local “El Dínamo”.

Durante la graduación de la nueva generación de Policías de Investigación (PDI), y en tiempos en que el país lleva más de 40 días de protestas por la desigualdad social, el mandatario chileno consideró que el país se enfrenta a un “enemigo poderoso e implacable”.

Uno de los más de 200 heridos oculares, con pérdida parcial o total de la visión por el uso de municiones utilizadas por las autoridades, participa en una marcha en la capital chilena.
Manifestantes antigubernamentales son golpeados por el chorro de un cañón de agua de la Policía durante los enfrentamientos en Santiago.

Al referirse a las manifestaciones que se han vivido en el último mes, explicó que este enemigo no respeta a los héroes y puso de ejemplo los daños que registró recientemente la estatua del personaje histórico Arturo Prat, héroe naval chileno.

El mandatario remarcó el deber de los ciudadanos a defenderse “con las armas que entrega la constitución y las leyes en contra de quien actúa con una planificación profesional y una maldad sin límites”.

Con este discurso Piñera recalcó su posicionamiento del 20 de octubre, cuando declaró que Chile vivía en una guerra “contra un enemigo peligroso”, el cual desató un mayor número de manifestaciones en la capital, iniciadas por el aumento al boleto del metro.

Esas palabras las expresó momentos antes de que declarara al país en Estado de Emergencia, el cual permitió el toque de queda y la salida de militares a las calles.

Ayer por la mañana la encuestadora chilena Criteria Research publicó que la desaprobación de Piñera llega al 84 por ciento, por lo que se encuentra en el peor número de su gobierno.

Mientras que las manifestaciones son consideradas como una oportunidad positiva de cambio, según el 70 por ciento de los ciudadanos encuestados.

“Cuesta un ojo”

Por otra parte, víctimas de las autoridades se manifestaron ayer frente al palacio presidencial de La Moneda.

“En Chile pedir dignidad cuesta un ojo de la cara”, rezaba una de las pancartas de los manifestantes.

Al menos 232 personas han perdido la visión durante el estallido social de las últimas cinco semanas.

“Carabineros disparan bombas lacrimógenas desde unos 100 metros al grupo donde estaba toda la gente parada durante una manifestación el 4 de noviembre”, explicó Marcelo Herrera, una de las víctimas. “Le llega a una persona en la cabeza, le cayó en la cabeza y yo fui a encarar a Carabineros”, continuó relatando. Entonces todos salieron corriendo y se quedó solo. Y cuando decidió irse antes de que le pasara algo “me disparan un perdigón en el ojo. No había nadie al lado mío, nadie, fue un disparo directo”.

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El ingeniero medioambiental de 32 años no pudo ver la cara de su agresor “porque estaba lleno de lacrimógenas”. Por suerte, en su caso no hubo un estallido ocular.

“Es terrible lo que está pasando”, dijo, “quitaron los perdigones, pero siguen disparando las bombas lacrimógenas a la cara a la gente”. Los mismos carros lanza agua “están mojando a gente y hay gente que tiene quemaduras de segundo grado, ampollas en todo su cuerpo”, afirmó enojado mientras acusaba a Piñera de tener “sangre en sus manos” y exigir que renuncie y vaya a juicio como responsable de la violencia policial.

Carlos Puebla, de 46 años, tuvo peor suerte que Herrera. Perdió una cuenca ocular por un disparo en la cara durante una manifestación.

“Perdí el ojo, me vaciaron el ojo”, explicó. “No soy el mismo”. Puebla espera una prótesis de reparación ocular de un programa de salud pública creado especialmente tras esta crisis sanitaria, pero no cree que pueda seguir trabajando como obrero de la construcción.

“Veo que uno (de los policías) levanta la escopeta a la altura de su hombro y apunta justo a mi cara y ahí lo único que sentí fue que mi cara se hinchó y sangré y caí a tierra”, señaló. “Es una brutalidad, se saltan todos los protocolos”, dijo sobre el accionar de la policía.

La manifestación se generó poco después de que se conociera una nueva víctima, Fabiola Campillai, quien quedó sin visión en ambos ojos tras recibir una bomba lacrimógena en la cara disparada por la policía cuando estaba esperando el autobús para ir a su trabajo nocturno. Y apenas dos días después de que se confirmara también la pérdida de visión total del joven universitario Gustavo Gatica, de 21 años, cuyo caso ha tenido en vilo a todo el país.

Chile vive un inusitado estallido social que lleva 42 días y que comenzó con protestas en rechazo a la suba del precio del tren subterráneo y se extendió a la exigencia de que se elimine la desigualdad social causada por el modelo económico neoliberal.

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