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Terrorismo de Estado

Masacre a manos de Ortega contra los nicaragüenses

Difícil explicar tanto en tan poco espacio, y con tantos acontecimientos de terror que se van sucediendo en el transcurso de las horas y los días. Primero, para situar al público lector, quiero decir que soy nicaragüense, pero por razones de seguridad no podré firmar este escrito como corresponde, puesto que no soy ni periodista, ni obispo, ni miembro de la Alianza Cívica (quienes ya de por sí están “coloreados” frente al gobierno y puede pasarles lo peor). Sin embargo, a diferencia de ellos, yo soy una simple ciudadana que tiene mucho que perder además de la vida si el gobierno de mi país “rastrea” esta denuncia internacional pública, ya que, sin ser una figura pública en mi país, pocas personas podrían protestar por mi desaparición (lo contrario que ocurriría con los arriba mencionados).

Creo que solo esto habla de los niveles de riesgo que tenemos todos los ciudadanos nicaragüenses después del 19 de abril de este año. En el momento que escribo, llevamos estas cifras fatales verificadas por la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos de Nicaragua (ANPDH): 351 asesinados, más de 2,100 heridos, 261 desaparecidos, y sumando… (Cfr. La Prensa Digital: edición 11 de julio 2018).

Para un país tan grande como México, estas cifras parecen exiguas, pero para un país de 6.5 millones de habitantes, significa que un 0.0054 por ciento de la población ha sido masacrada por el gobierno a través de sus fuerzas policiales y parapoliciales. Siguiendo con el uso de la regla de tres, 2,100 heridos para Nicaragua significan un 0.032 % de la población. Si hablamos de cifras comprensibles para los mexicanos, con una población de 132,397,153 habitantes, el 0.0054 % significaría el equivalente a 7,150 ciudadanos mexicanos asesinados por su gobierno, y 42,367 heridos (el 0.032%) durante 83 días de protestas pacíficas. ¡Valgan las comparaciones!

¿Cómo llegamos hasta aquí?… Nicaragua hace poco más de dos meses era conocida por su historia: la emblemática Revolución Popular Sandinista que derrocó al tirano Somoza en 1979.

Desde que Ortega regresó al poder en 2006, ha mantenido una relación de intereses comunes con la empresa privada y todo se barajaba bajo el manto de un potencial “desarrollo” (que beneficiaba especialmente a los ricos). Lo que no sabían (quizás por nuestra propia culpa) los países del continente, es que los nicas ya estábamos viviendo una dictadura más inteligente y mejor orquestada que la de Somoza. Ortega pactó con la empresa privada (hoy en la oposición) y consolidó su poder económico haciéndose él mismo un gran empresario, y su poder político desmantelando todos los poderes del Estado para su uso familiar (el mismo partido del F.S.L.N. es ya siervo de la familia Ortega-Murillo).

El 18 de abril los jóvenes universitarios comenzaron las protestas contra las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). Fue reprimida, como era costumbre del régimen reprimir todas las protestas que hemos hecho desde los distintos fraudes electorales en estos 11 años. El 19 de abril el régimen asesinó a los 3 primeros mártires. El 20 abril fueron asesinados 17 jóvenes.

Del 19 para hoy, repito, 351 nicaragüenses han muerto porque Ortega y Murillo se aferran al poder.

Nicaragua “despertó” de un letargo: en estos últimos 3 años, después del último fraude electoral de 2016, nos acomodamos a “aguantar” los abusos de poder del gobierno, la impunidad y la corrupción gubernamental. Pese a que el Movimiento Campesino en Defensa de la Tierra viene luchando desde hace 5 años contra el Canal Interoceánico, la mayoría de la población nos indignábamos todos los días pero no pujábamos hacia una salida. Los jóvenes nos despertaron con los atronadores gritos de su sangre derramada en las afueras de sus recintos universitarios…

Días aciagos.

Desde entonces hacia hoy, estos 83 días han sido así:

—“Disparan para matar” (nombre que Amnistía Internacional dio a su informe del 29 de mayo acerca de la continua violación a los DDHH en Nicaragua. La mayoría de los asesinados han sido con disparos de bala en la cabeza, cuello y tórax. No es una policía “antidisturbios” la que sale al encuentro de nuestras marchas pacíficas. Son muchas veces francotiradores apuntando certeramente para “neutralizar” al “golpista vandálico” que grita: “Daniel, Somoza, son la misma cosa”.

— Hemos realizado 5 grandes marchas multitudinarias, la mayor de ellas, el día de las madres nicaragüense “la madre de las marchas”, en honor a las madres de abril. Entre 350 mil a 400 mil han estimado algunos la multitud de ese día. Yo estuve parada dos horas viendo pasar gente apretadamente en una avenida principal de la ciudad: carretera a Masaya, hasta que pasó el grupo de la institución a la que pertenezco y me uní a la marcha. Quisimos honrar la memoria de los hijos de esas madres (hasta ese momento, según el informe de la CIDH, habían 108 asesinados).

La marcha terminó con otro baño de sangre: 13 personas más cayeron bajo las balas de la policía.

Pudieron ser más si la UCA (Universidad Centroamericana de los jesuitas) no hubiese abierto sus portones para acoger a 5,000 personas buscando resguardo de las balas. La quinta marcha, menos densa, también terminó con “disparos para matar”: las “marcha de las Flores”, en honor a los infantes asesinados. Un muerto y 11 heridos ese día que conmemorábamos a esos niños que aún lloramos. Me pregunto si la cifra de muertos aumentará…— Flor de Avila, nicaragüense por Gracia de Dios!

De un vistazo

Niños y adolescentes

Al menos 22 niños y adolescentes menores de 17 años ya fueron asesinados por el régimen de Nicaragua.

“Me duele respirar”

Con el primero, “nos dolió respirar”: Alvaro Conrado, de 15 años, una bala en el cuello le impedía respirar y esas fueron sus últimas palabras, “me duele respirar”. Iba de dejar botellas de agua a los muchachos de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) que el 20 de abril protestaban desde su recinto universitario.

Morir de asfixia

Le siguieron otros, pero cuando mataron a un niño de 5 meses y su hermanita de dos años junto con su familia, Nicaragua pensó que se moría de asfixia… El 16 de junio estos dos niños perecieron junto con sus padres y sus dos abuelos en una casa que se había negado prestarse para uso de francotiradores que reprimían a la población.

Dylan Groenewegen gana su segunda etapa consecutiva

Otra víctima mortal