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David busca asilo en EE.UU., para recuperar a su hijo que le fue arrebatado

Holly Sewell cuida a Byron Xol, un niño migrante separado de sus padres. Foto de AP

BUDA.— Había globos con agua en la fiesta de cumpleaños de Byron Xol, muchísimos. Los apretaba con las dos manos hasta que estallaban y le caía agua en el rostro y en el pecho. “Super good!”, exclamó en inglés una y otra vez.

Era una expresión nueva de un niño que no hablaba una palabra de inglés hacía 15 meses, cuando traficantes de personas lo metieron en una caja de madera para llevarlo de Guatemala a Estados Unidos, donde fue pillado en la frontera por agentes estadounidenses y separado de su padre.

Byron Xol, inmigrante de Guatemala, acogido por una familia estadounidense en Buda, Texas. Foto de AP

Su padre fue deportado. Byron permaneció en Estados Unidos, encerrado con miles de menores separados de sus padres en la frontera con México por el gobierno de Donald Trump. Más de un año después de que se suspendió esa práctica, una pequeña cantidad de menores como Byron enfrentan una situación incierta, lejos de sus familias.

El pequeño festejó sus nueve años en el centro de Texas, con una familia que lo recibió y le brinda cariño. Planearon la fiesta durante semanas: Una reunión en el jardín de una casa suburbana, con salchichas a la parrilla, tortas con los colores del arco iris y globos de agua.

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Sus padres estaban a miles de kilómetros, en una zona boscosa llena de pandilleros de la que Byron y su padre trataron de escapar. No veían a su hijo desde hacía más de un año.

David Xol en la pequeña estancia de su casa en Guatemala, donde regresó tras ser deportado. Foto de AP

Pero no pierden la esperanza. Un juez federal puede decidir pronto si permite que el padre regrese a Estados Unidos. Si descarta esa solicitud, Byron podría ser enviado de vuelta a Guatemala.

“Creo que iré contigo o que tu vendrás aquí”, le dijo el muchacho a su padre, David, cuando hablaron el día de su cumpleaños. “No sé qué va a pasar conmigo”.

David Xol habla con su hijo Byron, a través de una vídeollamada. Foto de AP

David Xol, de 27 años, es un obrero. Junto con su esposa Florinda, de 23 años, criaron a Byron y a sus hermanos en una casita de dos habitaciones de bloques de hormigón y madera. Los padres dormían en una cama, los hermanos en otra.

Iban a la iglesia casi todos los días. David dice que predicaba la palabra del Señor, igual que su padre. Su prédica llamó la atención de pandilleros, que trataron de reclutarlo. Cuando él se negó, explicando que su fe prohíbe la violencia, amenazaron a David y a su hijo mayor, según dice.

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El 4 de mayo del 2018, David y Byron partieron de San Miguel decididos a pedir asilo en Estados Unidos

Cruzaron México en un camión, encerrados en una caja de madera. En medio de la noche, el coyote les dijo a ellos y a otra veintena de migrantes que cruzasen el río Bravo. Del otro lado los esperaba la Patrulla de Fronteras.

Fueron llevados a un centro de procesamiento, un antiguo depósito donde cientos de adultos y niños son encerrados en grandes jaulas de alambre.

El inicio de su drama

Dos días después, un agente le hizo firmar un documento en que, sin saberlo, renunciaba a su petición de asilo y permitía que la policía se llevase al niño.

David Xol llora al contar la historia de cómo fue deportado y tuvo que dejar a su hijo mayor en Estados Unidos. Foto de AP

Byron fue enviado a una vieja escuela primaria en las afueras de Houston que había sido transformado en un albergue para 160 menores. Operada por los Servicios Bautistas para Menores y Familias, la instalación tenía camas, zonas comunes, clases, teléfonos para llamar a familiares y abogados, y ofrecía tres comidas diarias.

Byron podía llamar todas las semanas a su casa. En las primeras semanas lloraba e imploraba a sus padres que se lo llevasen a San Miguel. A veces, furioso, se negaba a hablar con su padre.

Más de un mes después de que fue llevado a ese albergue, el 26 de junio del 2018, un juez ordenó al gobierno que suspendiese la práctica de separar familias y que reuniese a padres e hijos que habían sido separados. El juez Dana Sabraw dispuso que los niños menores de cinco años fuesen entregados a sus padres en 14 días y para los demás dio un plazo de 30 días.

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Padres e hijos empezaron a reunirse en centros de detención y luego fueron liberados. Pero para cuando Sabraw emitió su orden, más de 400 padres habían sido deportados sin sus hijos.

Una posibilidad

Los padres tenían que elegir entre pedir que los niños fuesen enviados de vuelta a los sitios de los que escaparon o dejar a sus hijos en Estados Unidos, a la espera de que algún familiar se haga cargo de ellos.

Los Xol no tienen parientes ni amigos en Estados Unidos que puedan recibir a Byron. Al no haber potenciales patrocinadores, Byron podía permanecer detenido indefinidamente.

Florinda Xol , junto al pequeño Alan, de 3 años, en la única habitación de la familia en su casa en Guatemala. Foto de AP

La vida de David en Guatemala no era sencilla. Consiguió trabajo cortando árboles en una fábrica de aceite de palma a una hora de auto. Cuando no tenía trabajo, trataba de permanecer en su casa. No quería cruzarse con pandilleros.

Florinda Xol y el pequeño Alan, en la pequeña casa que habitan en Guatemala. Foto de AP

Estaba perdiendo las esperanzas cuando conoció a Ricardo de Anda, un abogado especializado en derechos humanos que trabaja con la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (UCLA).

De Anda se había enterado del caso de los Xol por la prensa y fue a Guatemala para proponer algo: Que David pida ser admitido en Estados Unidos mientras Byron permanecía allí.

Byron Xol, en la fiesta de cumpleaños que le celebraron por su cumpleaños 9. En Buda, Texas. Foto de AP

David estuvo de acuerdo. Byron debía quedarse. El guatemalteco es uno de 21 padres a los que la ACLU les está gestionando asilo.

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