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EE.UU. desafía al virus para retomar el Día de Acción de Gracias

Un globo gigante con la imagen de Pikachu

Millones viajan por ser el Día de Acción de Gracias

DALLAS (AP y EFE).— Determinados a recuperar las tradiciones del Día de Acción de Gracias, que el año pasado se suspendieron por la pandemia, millones de estadounidenses preparaban ayer sus maletas para viajar por carretera o avión y reunirse de nuevo con familiares y amigos.

Se prevé que el número de personas que viajarán por avión esta semana se acerque a, o incluso supere, los niveles previos a la pandemia. La asociación de automovilistas AAA pronosticó que 48.3 millones de personas recorrerán al menos 80 kilómetros desde sus casas durante el periodo festivo, un aumento de casi 4 millones frente al año pasado a pesar de una fuerte alza en el precio de la gasolina.

Muchos se sienten confiados de viajar por el hecho de que casi 200 millones de estadounidenses están totalmente vacunados, pero persisten las preocupaciones de un virus que resurge en momentos en que Estados Unidos promedia casi 100,000 nuevas infecciones al día.

Los hospitales en Michigan, Minnesota, Colorado y Arizona reportan un aumento alarmante de pacientes.

El promedio diario de casos nuevos reportados durante siete días aumentó casi 30% en las últimas dos semanas hasta anteayer, según cifras de la Universidad Johns Hopkins.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) advierten que la gente no vacunada no debería viajar, aunque no está claro si esa recomendación tiene algún resultado.

Aumentan los viajeros

Más de 2.2 millones de personas pasaron por puntos de revisión en los aeropuertos el viernes pasado, el día más transitado desde que la pandemia devastó los viajes a principios de 2020.

De viernes al lunes, el número de personas que voló en Estados Unidos fue más del doble que los mismos días del año pasado y sólo 8% por debajo que los mismos días de 2019. En el aeropuerto internacional Newark Liberty en Nueva Jersey, Peter Titus, un ingeniero en el laboratorio de física de plasma de la Universidad Princeton, estaba por abordar un vuelo a Canadá para visitar a familiares, acompañado de su esposa y un hijo adulto.

Llevaba una carpeta con impresiones de sus certificados de vacunación y pruebas negativas de Covid-19, que son necesarias para volar a Canadá.

Su hijo, Christian Titus, quien trabaja como actor de voz, dijo que pasó gran parte de la pandemia en interiores, pero que está dispuesto a correr el riesgo de volar en un avión saturado porque extraña estar con su familia. Para aumentar su protección se puso una vacuna de refuerzo.

“Le va mejor a mi salud mental si estoy rodeado de mi familia en estas épocas”, afirmó. “Sí, es peligroso, pero amo a estas personas, así que uno hace lo que se puede para mantenerse protegido a su alrededor”.

La tradición de esta fiesta, celebrada el último jueves de noviembre para agradecer a Dios la cosecha, nació en las casas de los colonos llegados a la región de Nueva Inglaterra, que abarca varios estados del noreste de Estados Unidos. Pero con los años, el mito se fue vinculando con el considerado como primer grupo de colonos británicos llegados a Norte América, los conocidos como Peregrinos, que tomó tierra en el actual Massachusetts en 1620, tras atravesar el océano a bordo del legendario “Mayflower”.

Sin embargo, la expansión de este mito que unía la celebración con los primeros colonos a otras zonas del país no comenzó hasta la década de los años 40 del siglo XIX, y la tradición no terminó de cuajar hasta finales de esa centuria y principios del XX, como cuenta a EFE el profesor de la Universidad de Wheaton, Illinois, Tracy MacKenzie, autor del libro “The Fi rst Thanksgiving” (La primera acción de gracias).

Un año después del desembarco, los Peregrinos celebraron en julio de 1621 la culminación de su primera cosecha con una fiesta comunitaria al aire libre, en la que participaron casi un centenar de indios americanos y sobre la que existe una única referencia escrita, redactada por uno de los colonos, Edward Winslow.

Pero esa celebración, considerada tradicionalmente como el primer “Thanksgiving”, no fue ni un evento familiar, ni un día de Acción de Gracias, ni se comió pavo ni, evidentemente, estuvo acompañada de un gran partido de la liga de fútbol americano.

De hecho, según cuenta MacKenzie, durante doscientos años ese suceso permaneció prácticamente en el olvido hasta que en 1841 se editaron las crónicas de los peregrinos del “Mayflower”, en las que se rescataba la referencia a aquel encuentro entre colonizadores y nativos.

“Pero en la década de 1840, Thanksgiving no se celebraba en el sur ni en muchas partes del oeste del país”, dice el profesor de la Universidad de Wheaton, que subraya que dos décadas antes de la guerra civil (1861-1865), en un país cada vez más dividido, los estadounidenses del sur “no tenían mucho entusiasmo por celebrar una tradición que asociaban con el norte”.

Para MacKenzy “el momento en que realmente los estadounidenses comienzan a asociar a los peregrinos con el Día de Acción de Gracias es entre 1900 y la primera mitad del siglo XX”.

Según el experto, dos de las principales razones fueron que para entonces la guerra contra los nativos estaba prácticamente terminada y ya se podía recuperar la presencia de los indios en el mito y recordarlos de una manera “sentimental”.

Por otra parte, la llegada a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX de grandes oleadas de migrantes europeos también contribuyó al desarrollo y expansión de la tradición.

“Para los estadounidenses nativos había una ansiedad y preocupación considerables sobre si esta nueva ola de migración estaba teniendo un efecto adverso en los Estados Unidos”, de modo que empezó a desarrollarse una amplia literatura en torno a los peregrinos del “Mayflower” que los describía como “inmigrantes modelo, como gente profundamente religiosa que trabajaba muy duro y que enfatizaba la familia”.

Una visión que acabaría universalizándose e imprimiéndose en los libros de texto de las escuelas, donde los peregrinos se describen como “los primeros migrantes en Estados Unidos y una especie de ejemplo, de modelo al que se suponía que los nuevos migrantes debían aspirar”.

La forja de la leyenda y su progresiva transformación en un símbolo de unidad nacional fue también acompañada por una paulatina pérdida de su sentido religioso original, lo que permitió que fuera “accesible para todo el mundo”.

Desde la escritora y editora Sarah Josepha Hale, que presionó al presidente Abraham Lincoln para que declarara “Thanksgiving” como día nacional en 1863, y hasta libros como “Christmas Carol”, escrito por Charles Dickens en 1843, contribuyeron a forjar tanto la tradición y las creencias en torno al día de Acción de Gracias, como a estandarizar el copioso menú de las celebraciones en las que no pueden faltar platos como el relleno de pan, la salsa de arándanos, la tarta de calabaza y, sobre todo, el pavo.

Pero MacKenzie destaca a la escritora norteamericana Jane Goodwin Austin, cuya novela “La república de los Peregrinos” (1888) se convirtió en un éxito de ventas en su época y contribuyó a extender el mito de los primeros colonos y la celebración del primer día de Acción de Gracias.

“Yo diría que, más que nadie, la ficción que escribió esta mujer 270 años después, es lo que realmente creó la mayoría de los estereotipos populares de la celebración de 1621”, concluye el profesor.

 

De un vistazo

Primera fiesta

Un año después del desembarco, los Peregrinos celebraron en julio de 1621 la culminación de su primera cosecha con una fiesta comunitaria al aire libre, en la que participaron casi un centenar de indios americanos y sobre la que existe una única referencia escrita, redactada por el colono Edward Winslow.

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