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El Congo cambia de estrategia

Una enfermera vacuna a un niño contra el virus del ébola en Beni

Empieza lucha contra el ébola como emergencia

NAIROBI (EFE).— La República Democrática del Congo (RDC) entró ayer en una nueva fase en la lucha contra el brote de ébola que desde agosto pasado asuela el noreste del país, después de ser declarado el miércoles como una emergencia internacional por la Organización Mundial de la Salud (OMS) tras morir 1,698 personas.

“Es hora de que el mundo tome nota y de redoblar nuestros esfuerzos. Necesitamos trabajar juntos en solidaridad con la República Democrática del Congo para poner fin a este brote”, urgió el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, tras el anuncio.

La OMS tomó la decisión casi un año después de que se declarara oficialmente el brote —el más letal de la historia de la RDC y el segundo del mundo tras la epidemia en África Occidental de 2014—, el 1 de agosto de 2018 en las provincias de Kivu del Norte e Ituri.

“Se ha hecho un trabajo extraordinario durante casi un año en las circunstancias más difíciles”, recalcó Tedros sobre la considerada primera epidemia de ébola en una zona en conflicto (donde operan decenas de grupos armados), cuya contención se ha visto menguada por la desconfianza de la población local y los ataques a sanitarios.

Desde enero, se han reportado 200 ataques contra trabajadores de la salud, y al menos siete de ellos fueron asesinados por atacantes no identificados.

La decisión de declarar una emergencia internacional se genera tan solo dos días después de que el Ministerio de Sanidad congoleño confirmase un primer caso de ébola en la ciudad de Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte, con más de un millón de habitantes y localizada a escasos kilómetros de la vecina Ruanda.

“La gente sigue muriendo en las comunidades, los trabajadores sanitarios continúan contagiándose y la transmisión no se detiene. La epidemia no está bajo control”, alertó, por su parte, la presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF), Joanne Liu.

“Necesitamos hacer balance de lo que funciona y de lo que no”, señaló Joanne Liu en un comunicado, al recomendar que se amplíe la vacunación “en un contexto donde el seguimiento de contactos no es plenamente efectivo y no se llega a todas las personas afectadas”.

Desde el 8 de agosto, más de 164,750 personas han sido vacunadas, sobre todo, en las ciudades de Butembo, Beni —epicentro del brote— y Katwa, principales focos de esta epidemia que ya contagió a más de 2,520 personas.

En esta misma línea, el presidente de la Fundación AIDS Healthcare (AHF), Michael Weinstein, hizo un llamamiento para la puesta en marcha de “una campaña inmediata de vacunadas a gran escala”, y lamentó que la OMS necesitara tanto tiempo para valorar este brote como una emergencia global.

Aunque la OMS asegura que la decisión de elevar el brote a la categoría de emergencia internacional no viene motivada por la necesidad de recaudar más fondos, sino de prevenir la propagación de la enfermedad más allá de la República Democrática del Congo, el máximo representante de la OMS subrayó que es el momento de aunar esfuerzos.

“Ahora estamos finalizando el cuarto Plan de Respuesta Estratégica para este brote, que detallará los recursos necesarios para la siguiente fase de la respuesta. Todavía no tenemos una suma exacta, pero llegará a los cientos de millones de dólares”, auguró Tedros.

“A menos que la comunidad internacional se ponga en marcha y financie la respuesta ahora, pagaremos las consecuencias de este brote durante mucho tiempo”, advirtió el jefe de la OMS.

Por su parte, el Ministerio de Sanidad congoleño exigió ayer “una mayor transparencia y responsabilidad” a los actores humanitarios sobre el empleo de los fondos recibidos, así como una mayor cooperación a sus propios ciudadanos.

“Casi un año después de (el comienzo de) esta epidemia, ciertos grupos de personas continúan adoptando un comportamiento irresponsable que provoca la propagación geográfica del virus”, lamentó el Ministerio en un comunicado, en alusión a los casos de infectados que deliberadamente viajaron a otras zonas.

Antes de la llegada desde Butembo a Goma, el pasado 14 de julio, de un pastor evangelista enfermo de ébola que murió días después, en junio una familia congoleña atravesó la frontera con Uganda, donde murieron por el virus un niño de 5 años junto a su abuela, de 50.

El pasado 15 de julio fallecía en un centro de tratamiento en Beni una mujer que días antes había viajado de la RDC a Uganda, donde de forma regular compraba pescado en el mercado de Mpondwe, bajo el riesgo de haber contagiado a otros.

Se trata de la cuarta vez en su historia que la OMS declara una epidemia como emergencia sanitaria internacional, lo que “a priori” implica un mayor nivel de vigilancia y de movilización global para detener su propagación.

Lo hizo en 2009 por la gripe H1N1; en mayo de 2014 cuando la poliomielitis —prácticamente erradicada— resurgió de nuevo, en agosto de ese mismo año como consecuencia del brote de ébola que devastó varios países de África Occidental, con más de 11,300 muertos; y en 2016 por la amenaza del virus del Zika en Brasil.

Pese a todo, el Comité de Emergencias de la OMS invitó a los países limítrofes con la RDC a mantener sus fronteras abiertas y evitar cualquier restricción comercial o de transporte, con el fin de no dañar económicamente a aquellos que más sufren este brote.

“Hablamos de madres, padres e hijos, con demasiada frecuencia son familias enteras las afectadas”, detalló Tedros, quien insistió en que la declaración de emergencia de carácter internacional “no debe utilizarse para estigmatizar o penalizar a aquellos que más necesitan nuestra ayuda”.

El virus del ébola se transmite a través del contacto directo con la sangre y los fluidos corporales contaminados, genera fiebre hemorrágica y puede llegar a alcanzar una tasa de mortalidad del 90 % si no es tratado a tiempo.

 

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