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Destacan cinco hallazgos rusos en el Día de la Ciencia

Hombre de Denísova
Cuevas donde hallaron los restos del hombre de Denísova

MOSCÚ, Rusia.  (Notimex / Sputnik).- La ciencia no tiene límites: distintos países colaboran estrechamente para entender el mundo y mejorar la vida de las personas. En ocasión del Día de la Ciencia Rusa, establecido el 8 de febrero de 1724, la agencia Sputnik recuerda significativos aportes de especialistas rusos.

Entre esos descubrimientos rusos que dejaron huella indeleble en la ciencia mundial, menciona los átomos superpesados, una nueva especie humana, el lago Vostok en la Antártida, los últimos mamuts en la Tierra y las ondas gravitacionales.

Átomos superpesados

En 2006, los especialistas del Instituto de Investigación Nuclear en Dubná descubrieron en la llamada isla de la estabilidad —estado físico peculiar— con la ayuda de un ciclotrón el elemento 114, más tarde llamado flerovio.

Luego, uno por uno, se descubrieron los elementos 115, 117 y 118 —moscovio, teneso y oganesón—. Así se completó la tabla periódica de Mendeléyev desarrollada hace 150 años y calificada por Naciones Unidas como “uno de los logros más significativos de la ciencia”.

Nueva especie humana

En 2010, una sensación revolvió el mundo: se descubrió una nueva especie de ser humano antiguo que vivía en el tiempo de los neandertales y los sapiens. Los apodaron hombres de Denísova por el nombre de la cueva en Altái, Siberia, donde hallaron sus restos.

Se logró identificar la especie al descifrar el ADN extraído del diente de un hombre adulto y el dedo meñique de una niña pequeña, que murieron hace entre 30 mil y 50 mil años.

Los científicos del Instituto de Arqueología y Etnografía del departamento de Siberia, de la Academia de Ciencias de Rusia, han estado realizando excavaciones allí durante varias décadas, y solo el progreso en los métodos de biología molecular finalmente permitió descubrir el misterio de los hombres de Denísova.

Lago Vostok en la Antártida

Los rusos son autores del último gran descubrimiento geográfico del planeta: el lago Vostok en la Antártida. El gigante depósito se encuentra bajo una capa de hielo de cuatro kilómetros de espesor en el centro del continente. En teoría, su existencia se predijo en la década de 1950 por el oceanógrafo Nikolái Zúbov y el geofísico Andréi Kapitsa.

Se tardó casi tres décadas en perforar el glaciar. Los participantes de la expedición rusa descubrieron el lago el 5 de febrero de 2012. El lago Vostok lleva aislado del mundo exterior al menos 14 millones de años.

Los científicos tienen previsto averiguar si contiene organismos vivos preservados. Si en el lago hay vida, su estudio servirá de fuente de información más importante sobre el pasado de la Tierra y ayudará a la búsqueda de organismos en el espacio.

Los últimos mamuts en la Tierra

El genoma de los últimos mamuts en la Tierra de la isla Wrangel se decodificó en 2015. El científico ruso Serguéi Vartanián y sus colegas nacionales y extranjeros continúan analizándolo para conocer todas las peculiaridades de la vida de los mamuts y resolver el misterio de su desaparición.

En 1989, Serguéi Vartanián, que estudiaba la antigua geografía del Ártico, llegó a la isla de Wrangel, perdida en ese océano. Recolectó los huesos de los mamuts y, con la ayuda del análisis de radiocarbono, determinó que solo tenían unos pocos miles de años.

Más tarde se dio a conocer que los mamuts lanudos se extinguieron hacía tres mil 730 años. Los mamuts isleños eran un poco más pequeños que sus parientes continentales, su altura era de hasta 2.5 metros, por lo que también se les llama enanos.

Ondas gravitacionales

Los físicos de la Universidad Estatal de Moscú Lomonósov y el Instituto de Física Aplicada de Nizhni Nóvgorod de la Academia de Ciencias de Rusia hicieron una contribución considerable al descubrimiento de las ondas gravitacionales.

En agosto de 2017, el observatorio LIGO (Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory) detectó ondas gravitacionales causadas por la colisión de dos estrellas de neutrones en la galaxia NGC 4993 de la constelación Hidra. La herramienta detectó la perturbación del espacio-tiempo, aunque su fuente estaba ubicada a 130 millones de años luz de la Tierra.

La revista Science calificó el descubrimiento como el principal del año.

Los rusos se unieron a su búsqueda en el detector LIGO en 1993. LIGO registró por primera vez las ondas gravitacionales —de la colisión de dos agujeros negros— en septiembre de 2015.

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